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by Kingsley L. Dennis
tres Enero 2018
del Lugar Web KingsleyDennis


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Toda buena historia sobre una busca empieza con un cuento.


Así que acá tenemos un relato sobre un mago que invitó a cenar a sus vecinos.



La vida moderna se semeja mucho a este cuento:


La modernidad, en especial tal y como surgió en las etnias industrializadas de occidente, creó un sistema que nos encantó. Y este encantamiento lo fomentan nuestros primordiales medios.


Ya sea racionalmente, instintivamente, o bien de forma profunda en nuestros corazones, la mayor parte sabemos que algo no es adecuado en la forma de dirigir las sociedades humanas.


La vida humana aún no está equilibrada y demasiada gente vive todavía con temor.


Nuestros primordiales medios nos manipulan a niveles sin precedentes, y nos nutren continuamente con un flujo controlado de información. Este proceso es la psique vieja de la humanidad que aún marcha a través de el control, la censura y el consumismo.


De esta forma nuestras sociedades contemporáneas se centran cada vez en la emoción hasta determinado punto que deja, como jamás ya antes, divertir y manipular a la gente.


De lo que es posible que seamos menos conscientes es de que el humano se ve impulsado por una energía evolutiva que se manifiesta mediante procesos mentales, sensibles y físico-sexuales.


Esta energía se puede emplear para desarrollarnos y también impulsarnos cara delante o bien se puede obstruir, bloquear y manipular para enlentecer nuestro desarrollo.


Todas las energías mentales, sensibles y físico-sexuales son componentes precisos del humano social.


Si echamos una ojeada casual a nuestros primordiales medios y entretenimiento, y a las atracciones/distracciones sociales, de manera fácil vamos a ver que dichos componentes son los ámbitos diana de la "cultura del espectáculo" que es la sociedad moderna.


Las viejas tradiciones religioso-espirituales han hablado desde siempre y en toda circunstancia sobre semejantes "predadores de energía" de los que diríase que se nutren de los estados sensibles y mentales humanos inestables.


Debemos preguntarnos porqué nuestras etnias modernas fomentan los entretenimientos que manipulan y juegan con imágenes exageradamente distorsionadas de sofocación mental y sensible, como con representaciones exageradas de sexualidad.


Además, somos bombardeados diariamente con imágenes de muerte.


De hecho, una investigación reciente sobre los medios occidentales comunicaba que la palabra más repetida en exactamente los mismos es "muerte". Más todavía, revelaba que a lo largo de sus primeros 12 años de vida un pequeño habría presenciado en torno a veinte asesinatos en las noticias de TV y los juegos para videoconsolas.


Estás formas de estimulación apuntan de forma directa a estados mentales, sensibles y físicos de una persona, lo que por su parte complica el funcionamiento de las energías armoniosas de desarrollo.


La vida moderna cada vez es más adepta a una enorme estimulación, la que por su naturaleza asimismo crea ansiedad. A bastante gente se la fuerza o bien se la cautiva a llevar vidas de forma permanente agobiadas y atareadas. No hay sitio para los espacios, los intervalos de reflexión interior.


Pero de la misma manera que la música no lo es sin intervalos, la vida no lo es sin esos espacios internos.


Dedicamos nuestros días a procurar captar la vida, a intentar comprenderla, de forma frecuente por caminos inapropiados. Es como intentar atrapar el océano con un cubo.


El océano continúa ante nosotros imponente y a pesar de ello en las sociedades modernas muchos de nosotros corremos de un lado a otro ansiosamente con un cubo vacío en las manos.


Se nos ha dicho que solo sirven los cubos llenos:


Otra historia:


Nuestra forma de ser puede ofrecernos diariamente belleza y sentido y, todavía de esta manera, vivimos en un planeta de sentido decreciente.


Nuestros sistemas modernos aspiran con perfección, al progreso y la eficacia, mas cada vez existen menos dicha.


Y la situación es peor en las etnias modernas occidentales en las que tanta gente semeja estar insatisfecha aun cuando ha adquirido la mayor parte de las cosas para sostenerse feliz.


Quizá una sociedad que provee comodidad superficial genera situaciones que no desarrollan a las personas ni las hacen mirarse por la parte interior o bien cuestionar nociones sobre su sentido y su existencia.


Es esencial que otras etnias no prosigan este modelo occidental de consumismo superficial.


Que para tanta gente el sentido de la vida sea de forma frecuente una cuestión intrascendente es lamentable. A bastante gente le puede parecer una insensatez buscar lo "innombrable", y efectivamente hay poco espacio para esto en las sociedades modernas que se valoran a sí por el progreso.


Y, todavía de este modo, una vida en pos de sentido es una aventura. Lo "innombrable" no precisa nombrarse, solo reconocerse interiormente. El planeta exterior no es la única realidad existente para nosotros.


La actitud de la persona moderna cara el "planeta exterior" ha sido en buena medida de hostilidad:


Esta actitud hostil ignora la realidad de que toda vida es codependiente y que nuestras vidas son una proyección de nuestras realidades internas.


Es decir, nuestros temores, ansiedades y también inseguridades, de la misma manera que nuestras esperanzas, visiones y sueños, se proyectan en el planeta. Cualquier cosa que proyectemos externamente acaba por transformarse en nuestro sentido de la realidad.


A pesar de nuestras diferencias culturales, todos compartimos una realidadcolectiva.


Aunque cambia en dependencia de dónde se haya nacido y exactamente en qué cultura vivamos, los métodos que emplean los sistemas modernos son esencialmente iguales:


La escritora Doris Lessing se refería a esto como,


Y entre estas cárceles sicológicas se cuenta el que bastante gente, como las instituciones del planeta moderno, haya rechazado la sabiduría de sabios, místicos, pensadores, y hasta las voces de los artistas creativos.


En sitio de eso prefiere las trampas superficiales, los entretenimientos y las distracciones tecnológicas del mercado consumista.


Ahora bien, acá deseo ser claro:


Pese al progreso tecnológico del planeta exterior, siempre y en toda circunstancia debe haber un planeta interior desarrollado que observar, reflejar y cuestionar.


Sin esto, se da brida suelta a una vida exterior sin valores. Sin una vida interior que busque significados, ¿qué da sentido a nuestras vidas?


Entonces, ¿qué es la vida interior?


No hay un conjunto de instrucciones de de qué forma vivir una vida humana, y habitamos en un planeta en el que poco a poco más gente no tiene ni la más remota idea de por qué razón vive o bien por qué razón muere. En la vida debemos esmerarnos en examinar la condición humana.


La modernidad ha tratado de reinterpretar la condición humana - para considerarla como un impulso externo para el progreso - y eso ha resultado en una separación de nuestra necesidad de buscar un ser interno esencial.


Este proyecto moderno ha procurado separar al humano de su demanda de hallar sentido a la existencia.


El proyecto humano, si deseamos llamarlo de esta forma, jamás se puede "llenar":


He acá una cita que me agradaría compartir.


Lo que buscamos realmente - y lo que la vida interior puede mostrarnos - es el poder sobre nosotros mismos, no el poder sobre los otros.


El planeta precisa una curación enternecedora, no la busca de poder a través de la corrupción y la manipulación.


El planeta requiere gente sana, integrada y equilibrada; por el hecho de que siempre y en todo momento nos hallamos con que en el planeta exterior falta aquello de lo que carecemos. En el planeta asimismo existen muchas fuerzas exteriores que tratan de hacernos vivir no conforme nuestro sentido sino más bien conforme con las narrativas sociales dominantes.


Se nos afirma que debemos vivir conforme a ciertas narrativas que generalmente favorecen a aquellos sistemas que no están interesados en el ánima humana. Y en el momento en que nos negamos semejantes nutrientes esenciales sentimos incomodidad dentro de nosotros.


La gente toma cantidades crecientes de anti-depresivos o bien estimulantes, como relajantes:


Aquí tenemos un cuento sobre el costo del desánimo.


Y el costo del desánimo era tan excepcionalmente elevado que aun hoy día sigue siendo propiedad del Diablo.


El coste del desanimo lo paga demasiada gente, y es un costo alto (¡de qué forma bien sabe el demonio!) Es usual que en el trabajo afirmemos a la gente que estamos felices cuando la mayoría del tiempo no es de esta forma.


Compramos cada vez más y más objetos para sentirnos interiormente felices o bien adquirir dicha en otros. La gente en las etnias modernas continua amontonando objetos y posesiones mientras que se siente vacía por la parte interior. Semejante consumismo vacía nuestros bolsillos y fracasa en atestar nuestras ánimas.


Y no solo nuestras vidas físicas se atestan de posesiones, nuestros espacios sicológicos asimismo.


Estamos henchidos de posesiones que se han amontonado como aditamentos psicológicos: opiniones, ideologías, nacionalismos, creencias, gustos, desazones y todo el resto. Con frecuencia nuestras psiques están sobresaturadas al pertenecer a esto y aquello y a todas las demás cosas a las que nos sujetamos o bien que nos aferran.


Y es acá donde radican ciertos trastornos, y de donde proseguirán llegando, pues hoy en día nuestras posesiones se están fragmentando.


Cuando nuestras vidas sociales, culturales, económicas y laborales experimentan cambios y transformaciones - como sucede hoy en día - el enganche a las viejas "posesiones" solo servirá para ocasionar mayor confusión y desorientación.


Se afirmaría que vivimos en un planeta que exhibe signos externos de insensatez y tendencias psicopáticas.


Debemos asegurarnos de que el planeta jamás tenga más críticos que soñadores, o bien más pesarosos que hacedores positivos, y de no perder de vista nuestros marcos de sentido.


Las sociedades pre-modernas, por servirnos de un ejemplo, vivían en sus marcos de sentido. No todas y cada una de las preguntas tenían contestación, mas los misterios y lo enigmático cuando menos tenían un hogar donde podían existir.


Hoy día, de forma frecuente, vivimos en una atmosfera de preguntas sin ningún sentido y de contestaciones contradictorias. La busca de sentido es remplazada por la busca del progreso.


El progreso puede calmar ciertos de nuestros dolores y sufrimientos, mas jamás compensará la carencia de totalidad que sentimos por la parte interior, por el hecho de que eso requiere comestible metafísico y trascendental.


Cualquier noción de lo espiritual, o bien lo metafísico, de manera frecuente no se estima esencial para nuestra vida rutinaria, y se nos enseña a desecharla.


Se ha considerado que la función de la modernidad era liberarnos de las ilusiones de trascendencia. Y, todavía de este modo, el deseo, o bien la necesidad, de algún Absoluto continúa de forma profunda dentro de nosotros y jamás puede ser absolutamente erradicada.


Quizá sea esta contradicción lo que subyace en el corazón de nuestro desamparo moderno.


La vida moderna asimismo trata de eliminar, o bien cuando menos ocultar, todo sentido de misterio, mas son exactamente estos misterios los que enriquecen nuestras vidas de sorprendo y reverencia. Procurar derogarlos es un acto de gran ignorancia y insolencia.


Las cuestiones irrebatibles deben admitirse y no rechazarse.


Al misterio y a lo enigmático se les debe permitir un espacio para progresar y apresarnos. Este sentido de misterio es lo que nos sostiene curiosos, y la curiosidad es una de nuestras fuerzas impulsoras y motivadoras.


Las sociedades modernas bien pueden encomiar su compleja cultura intelectual, mas eso tiene un coste:


Aquello que pertenece a la experiencia del ánima humana se considera no solo incomunicable, sino peligroso de comunicar.


Al final, los misterios de la vida se sostienen fuera de la vista pues no se pueden conocer y por consiguiente supervisar por completo. Estamos encantados, y se nos distrae de lo esencial.


He acá otro cuento:


La totalidad de una sociedad puede distraerse.


Hay una analogía pertinente en de qué forma, en el doscientos sesenta y cinco a.C., la armada persa quitó Antioquía al Imperio Romano.


Quizá asimismo , en palabras del crítico social Neil Postman, estemos "divirtiéndonos hasta la muerte".


ENTENDER NUESTRO LUGAR EN EL MUNDO

La única libertad auténtica se halla volviéndonos cara nuestro interior.


El humano es por naturaleza una criatura imaginativa y creativa.


Mi visión es que el papel de la imaginación - la interpenetración del planeta interior - es vital.


Es lo que fusiona lo que está arriba con lo que está abajo. Asimismo es un canal para la intuición, y es a través de como nos aproximamos a lo esencial.


La mirada cara adentro siempre y en toda circunstancia procura revelarnos el papel del humano, y lo que nos hace humanos.


Se trata de procurar comprender nuestro sitio en el planeta y nuestras alterables visiones del mismo. Y ahora, nos hallamos en un punto vital de la historia humana.


La vida en este planeta experimenta un enorme cambio.


Hay una revolución que llega, mientras que la gente, singularmente los jóvenes, desarrollan sus formas de comunicarse y cooperar, y una nueva consciencia. Estamos presenciando ejemplos de empatía y compasión entre jóvenes de todo el planeta, como innovación, inventiva y motivación inspirada.


Ya he manifestado de antemano que cambiamos cara una temporada en la que surgirán como rasgos dominantes nuevos conjuntos de valores. [1]


[1] Ver: The Phoenix Generation - A New Era of Connection, Compassion and Consciousness


Y ciertos de estos valores ya se están expresando entre las generaciones más jóvenes.


Me refiero a ellos como los valores "C":


Tales cambios van a llegar a nuestras vidas, mas no de la noche a la mañana.


No es como pulsar un interruptor de la luz. Yo creo que va a ser un proceso en el que deberá haber, por adelantado, mucha busca espiritual y un cuestionamiento de nuestros sentidos y valores.


Sin embargo no todo es cuestión de violencia y bestialidad, a pesar de lo que las noticias de los primordiales medios informativos puedan estar enseñándonos.


Hay un cambio naciente por todo el planeta, y ese cambio procederá del interior, a través de una nueva entendimiento del espíritu humano, y de nuestro sitio no solo en nuestras etnias locales sino más bien asimismo en un hogar planetario compartido.


Son instantes críticos de transición y de relevancia trascendental para nosotros.



Es principal reconocer que experimentamos un cambio desde las etnias locales cara un periodo de transformación en ciudadanos planetarios.


Los nacionalismos deberán pasar a ser secundarios, o bien hacerse a un lado completamente, conforme nos vayamos acercando poco a poco más como especie global.


Y esta transición significativa está disolviendo,


Todo lo que nos circunda está comenzando a agitarse, y eso pasa, literalmente, en la tierra.


No podemos proseguirse en las viejas narrativas. Precisamos de nuevas visiones del planeta, tanto como individuos como en nuestras comunidades y sociedades. Lo que ahora precisamos es una visión auténtica y honesta de largo alcance.


Y en nuestras primordiales etnias asimismo carecemos de esperanza y confianza, en especial en nuestros sistemas asociado-políticos.


Lo que ahora es esencial es esperanza y confianza en la humanidad, y en la riqueza y la capacidad de adaptación del espíritu humano. Estamos en la antesala de un planeta diferente que nace, y en su centro van a estar el corazón y el ánima humana.


No puede haber un futuro auténtico perdurable si solo se fundamenta en la vida exterior, debe obedecer a los valores que proceden del interior del humano.


Para estar dispuestos para el planeta futuro, que hoy en día está surgiendo ante nosotros, debemos amoldar nuestro pensamiento y nuestra consciencia a todas y cada una de las posibilidades.


Pero la primera cosa que precisamos es un cambio mental genuino:


Como en esta historia, tenemos la manera humana. El siguiente paso que nos toca es aceptar la responsabilidad del nivel adecuado de consciencia.


Tenemos que admitir la responsabilidad de nuestras elecciones y acciones; y asimismo de de qué manera elegimos contestar a los sucesos.


Todo empieza y acaba con nosotros mismos, y cualquier otra cosa es una disculpa, no importa lo plausible que nos parezca.


Como seres creativos, imaginativos, ideamos y también renovamos. Al tiempo somos maestros en inventar nuestras historias falsas y también imaginaciones con las que nos engañamos.


Al respecto, debemos elegir esmeradamente dónde deseamos poner nuestra atención, tiempo y sacrificios.


Después de todo, cuando visitamos un precioso jardín ¿elegimos sentarnos al lado de las rosas y gozar de su dulce olor, o bien sentarnos entre las malas yerbas que nos pinchan?


Es esencial que nos obsequiemos instantes de alegría, por el hecho de que la alegría es una energía infecciosa, y asimismo se comparte sencillamente.


Nos corresponde elegir esos instantes, sucesos y circunstancias para grabarlos en nuestros recuerdos y nuestro corazón. Asimismo se trata de seleccionar qué cosas olvidar.


Estaríamos mejor renunciando o bien obsequiando la mayor parte de las cosas que nos hallamos o bien amontonamos. Solo deberíamos guardar unas pocas, de forma que aseguremos la calidad y también integridad de aquellas cosas que sostenemos junto a nosotros.


Aquí hay otro cuento:


Construimos y desarrollamos nuestro planeta interior con todas y cada una de las pequeñas cosas y instantes que escogemos grabar en nuestro corazón, espíritu y ánima.


Podemos seleccionar aquellas cosas con las que queremos alinear nuestro camino cara delante.


ELEGIR NUESTRO CAMINO

No debería atemorizarnos charlar de las cosas del espíritu:


Como afirma Bob Dylan, quienes no está ocupados en nacer lo están en fallecer. Somos representantes del espíritu, y en consecuencia deberíamos intentar tenerlo presente, sin el ansia de presumir de ello.


No hay necesidad de actuar de forma extraña o bien especial, de vestirse con ropas extrañas o bien de proseguir costumbres antagónicas a la cultura en la que vivimos.


Podemos meditar y sentir de forma diferente, y tener experiencias que están alén del conocimiento normal admitido.


Pero venir a parar a una conducta externa extraña solo muestra que somos inútiles de internalizar y estabilizar esas experiencias y energías. En todos y cada uno de los sentidos, no hay nada errado en parecer normal al planeta exterior. Para comprometerse con el espíritu, es posible que primero debamos aprender de qué forma estar quietos sin aburrirnos.


Ya hay suficientes distracciones activas en el planeta tal y como es: ¿para qué exactamente agregarle más?


Requerir "cosas prácticas" es una petición normal. La gente desea hallar actividades, actuaciones, ejercicios y rituales que les asistan durante su camino de desarrollo. Y el planeta ofrece muchas de esas cosas, con diferentes grados de autenticidad, sinceridad y eficiencia.


Pero en ocasiones que se nos dé una acción de la que ocuparnos minimiza el proceso de busca inicial. Yo, personalmente, soy inútil de dar antídotos concretos para la busca de sentido, además de decir que una persona primero debe probar de qué forma se siente este deseo, esta necesidad.


Somos catalizadores de nuestra busca de sentido y cada camino se recorre de forma diferente.


Para comenzar, debemos aprender de qué forma articular esta necesidad. Esto comenzará entonces el curso de la propia vida que alterará por siempre lo que venga después.


Estamos obligados a confiar en nuestros instintos, nuestra intuición, y a adoptar la contestación apropiada. No estamos acá en esta vida para existir como fantasmas entre los espectros de este planeta. Siempre y en toda circunstancia disponemos de una elección interna, y esto no nos debería forzar a someternos al abismo de la insensatez masiva.


Como nos cuenta la historia,


Debemos ser valientes para comprometernos con el camino interior que hayamos elegido, en tanto no dañemos a absolutamente nadie.


El camino interno auténtico es sutil. En ocasiones puede parecer tal y como si nada sucediera, tal y como si no fuéramos a ningún lugar. Tal vez el camino en sí sea una busca de ningún-sitio y ningún-lugar.


Y, todavía de este modo, podemos tener la garantía de que el camino interior está activo siempre y en todo momento en todo instante.


Y su busca puede aportarnos sentido en el momento en que nos comprometemos con el planeta moderno. En la mitad de las distracciones y los entretenimientos en oferta es posible continuar centrados en nuestro regocijo interior con sentido.


Y esta alegría interior trae con ella sus instantes sagrados.


Recordar que la vida yace alén de la razón y que es algo sagrado nos va a hacer bien. Y deberíamos permitir esta presencia sagrada en nuestras vidas, con alegría, respeto, e inclusive un toque de humor.


Después de todo, solo un tanto de alegría, respeto y humor pueden llegar lejos, lejísimos, y debemos viajar remotamente...


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