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por Andreas Faber-Kaiser


1992


de AFK Website


El estudioso de España Manuel Audije -algo más que oficial de la Armada- sosten la tesis de que el fenómeno de la conquista de América es incomprensible bajo la consideración de las limitadas posibilidades del invasor de España, frente al potencial de los imperios asentados del otro lado del gran mar.



Resultaba ininteligible -arguye- que imperios como el azteca, de gentes habituadas a privaciones y luchas por la subsistencia a lo largo de cientos y cientos de años, cedieran frente al empuje de un puñado de hombres, si bien estos contaran con aquellos monstruos de 4 patas que corrían como el viento. Mas es que alguien, desde lo alto, estaba apostando de nuevo por la expansión de quienes portaban el signo de la cruz.


La historia de los sucesos humanos, de la evolución de la especie humana, está escrita efectivamente sobre papel terrestre, mas la pluma que escribe la mantienen en demasiadas ocasiones manos que no son de hombre.


¿Quién diablos tiene interés en que evolucionemos de semejante o bien como forma? ¿Y por qué razón diablos los historiadores académicos cierran sus ojos dada esta realidad? Voy a transcribir ahora literalmente ciertos pasajes extraídos de crónicas escritas referidas a la conquista y colonización del continente americano.


Las crónicas elegidas para este artículo (hay bastantes) más, no están escritas por 4 ignorantes ni ignotos, sino más bien por 4 reconocidos cronistas de la historia de España, cuales son Bernal Díaz del Castillo, Pedro de Valdivia, Fray Junípero Serra y Pedro de Cieza de León.



Los hombres que vinieron del cielo



Mas antes que , el propio Colón haría alusión al hecho de que los indios americanos parecían familiarizados con la idea de que podían bajar figuras antropomorfas de los cielos hasta la superficie terrestre. De esta forma, leemos en su Diario de a bordo del primer viaje, trascrito por Fray Bartolomé de las Casas, por determinado y de qué manera no "In Nomine Domini Nostri Jesus Christi":


La derrota inevitable



Prácticamente treinta años después, Cortés venció a los indios, entre otras muchas razones, por 3 para él agraciadas coincidencias (¿o bien no tanto?) que marcaron el ánimo del indígena con la propia convicción de su derrota inevitable: el distintivo de Cortés era la cruz, que para el indio era distintivo de Quetzalcóatl, el dios-víbora portador de plumas que indicaban su capacitad de moverse por el aire instructor descendido y regresado a las alturas estelares; los hombres de Cortés eran aparte de tez blanca y barbudos, como los dioses que referían las leyendas indias, y por lo tanto Hernán Cortés desembarcó en el año mil quinientos diecinueve, que era el año I Acatl, el año consagrado a Quetzalcóatl.



Por su lado, el cronista de Cortés, Bernal Díaz del Castillo, refiere en su obra Historia auténtica de la conquista de la Nueva España, en su capítulo CI (De qué manera el enorme Moctezuma con muchos caciques y primordiales de la región dieron
la obediencia a su majestad, y de otras cosas que sobre ello pasaron):


De esta guisa es simple conquistar y vencer. Especialmente cuando además de esto, coincidiendo con la llegada de estos que venían de donde sale el Sol, se plantan en el aire objetos voladores que confirman que son los anunciados por la tradición de
los viejos para tomar el relevo del mando de aquella zona del planeta.



OVNIS a lo largo de la conquista



De esta forma lo leemos en el capítulo CCXII (De las señales y planetas que hubo en el cielo de la Nueva España antes que en ella entráramos, y pronósticos de declaración que los indios mexicanos hicieron, diciendo sobre ellos y de una señal que hubo en el cielo, y otras cosas que son de traer a la memoria) de exactamente la misma obra de Bernal Díaz del Castillo:


El cronista de España está empleando la misma expresión que para dicho fenómeno emplearon el historiador italiano Leone Cobelli para el objeto que sobrevoló en el mes de agosto de mil cuatrocientos ochenta y siete la villa de Forli, y el creador chino de la obra Notas sobre el cielo para los objetos que los días dieciseis y diecisiete de julio del año Dingchou sobrevolaron las zonas orientales del imperio de los hijos del cielo,


Más adelante, continúa:


¿Me quieren explicar los doctores de la ciencia, que tanto agradan de atribuir los avistamientos de ovni a fenómenos atmosféricos infrecuentes y globos-sonda (en el mejor caso) a qué género de fenómeno atmosférico infrecuente obedece la
presencia de una manera de espada larga a parcialmente baja altura (localizada entre 2 puntos geográficos específicos de México) y en situación fija a lo largo de más de veinte días?


Porque globos-sonda y morralla de satélites en el siglo XVI, no
cuela. Y meteoritos en situación fija, menos. Mas no cierren los ojos, por el hecho de que ahí está el testimonio. Por favor, una contestación congruente de la comunidad científica académica. Si la tienen, tienen asimismo la obligación de comunicarla.



Y si no la tienen, deberían tener la suficiente humildad y rigor científico para abstenerse de negar aquello que no han investigado. Por consiguiente, deseo rememorar que esta espada aérea fue lo que avisó encima de Jerusalén
y fija a lo largo de un periodo de un año entero el historiador Flavio Josefo, además de otros casos históricos en que se vieron formas de cruces (=espadas) en el cielo.



Apariciones enigmáticas



Mas prosigamos con el testimonio del cronista de España Bernal Díaz del Castillo. En le capítulo XCIV (De qué forma fue la batalla que dieron los capitanes mexicanos a Juan de Escalante, y de qué forma le mataron a él y el caballo y a otros 6 soldados, y muchos amigos indios totonacas que asimismo allá murieron), narra de qué forma la aparición de una misteriosa figura decide la victoria en favor de los españoles (a quienes los indios llaman teules´):


El caso de la Virgen no es apartado, sino otra figuras enigmáticas y caídas del cielo asistieron a persuadir al indio de que no tenía nada que hacer contra el invasor.Y, ¡asómbrate lector!, vuelve a hacer su aparición acá en apoyo de la cruzada cristiana aquel blanco caballero que sobre corcel blanco pasaba por San Jorge en la lejana Europa, en los enfrentamientos con los moriscos.



De esta manera el extremeño Pedro de Valdivia narra lo siguiente en carta dirigida a Carlos I de España y V de Alemania, y refiriéndose a un ataque de los nativos contra su fuerte establecido en lo que el día de hoy es tierra chilena, en el año 1541:


Con muy, muy ligeras alteraciones en la manera de exposición, se halla este relato en la relación de hechos y noticias que Pedro de Valdivia manda a sus apoderados en la Corte. Con gran lucidez afirma ahí el cronista, refiriéndose a la nueva tierra:


Pero, bueno, sabios de la ciencia, todo esto no son más que estupideces, ganas de tomarle el pelo a Carlos I por la parte de quienes se dejaban la piel en América. ¿De qué manera iban a ver los indios bajar ante sus narices al mismo caballo blanco que a decenas y decenas de miles y miles de quilómetros de distancia descendía del mismo modo entre moriscos y cristianos? ¡Mas hombre, por favor, no seas iluso! ¿De qué manera van a bajar caballos blancos del cielo? ¿No ves que esto es imposible? Puesto que la historia de España afirma que sí, que bajan. Y de esta forma les fue a moriscos y a indios.



Por el hecho de que alguien a quien no conocemos tuvo la imperiosa necesidad de que la cruz dominara sobre una parte del planeta.



La cristianización programada



Y en tanto que charlamos de la cruz, qué mejor que un monje en América para continuar explicando cosas que no pueden ser, mas que fueron. Fray Junípero Serra creó en la sierra de santa Lucía, a unos 100 quilómetros de la ciudad de Monterrey, una de sus
misiones cristianas. Para dicha fundación, los misioneros contaron con una curiosa ayuda: la de una anciana indígena, bautizada después y que recibió el nombre de Agueda, que se presentó a los sorprendidos misioneros pidiéndoles que
le administrasen el sacramento del bautismo.


Preguntada sobre las razones que la impulsaban a esta resolución, la futura Agueda empezó a contar esta fabulosa historia:


El establecimiento por la parte de los habitantes del poblado de una posible conexión entre los recién llegados misioneros y los 2 hombres que conforme referencias de sus ancestros habían llegado volando, y cuya memoria fue revitalizada merced al relato de la anciana Agueda, formó un factor definitivo a fin de que todos y cada uno de los miembros de aquella comunidad indígena
pidieran percibir el bautismo.



Más adelante, Fray Junípero sería de nuevo testigo de otro episodio que nos lleva a meditar que hubo una preparación anterior del terreno para cuando llegase el instante oportuno. Resulta que el día seis de agosto de mil setecientos setenta y dos, un reducido conjunto
mixto integrado por Fray Pedro Cambón, Fray Angel Somera y diez soldados, bajo las órdenes de Fray Junípero Serra, llegaba al río de los Temblores, tras pasear cuarenta leguas al norte desde la urbe de San Diego, en la California septentrional.


Una vez escogido el lugar conveniente para erigir la cruz que encabezase aquel sitio, y en el preciso momento en que se disponían a clavarla en el suelo, un notable número de indígenas manifestó su presencia profiriendo chillidos y amenazas. La situación se ponía fea para el reducido número de cristianos, cuando uno de los misioneros tuvo una idea que les salvaría la vida.


En esta ocasión, su fe movió montañas (o bien lo que es exactamente lo mismo, redujo a corderos a los feroces nativos). Al monje se le ocurrió sacar del escaso equipaje que llevaban un cuadro de la Virgen de los Dolores, y exponerlo a la vista del contrincante. El resultado fue completamente sorprendente: los chillidos y los ademanes amenazadores cesaron de forma brusca. En silencio, aquel conjunto de nativos fue acercándose al asediado conjunto de hombres de armas y cruz.


Uno a uno, los indígenas se inclinaron, en muestra evidente de respeto y sumisión, al paso que fueron depositando al lado del cuadro todos los que objetos de valor adornaban sus cuerpos, además de sus armas, arcos y flechas que instantes ya antes asían amenazadoramente. ¿Qué significaba para aquellos indios la visión de esta Virgen? No lo sabemos. Mas todo semeja apuntar que reaccionaron a un estímulo anteriormente inducido a la vista de una imagen afín.



El hombre resplandeciente



Efectivamente se prodigaron en tierras americanas las ayudas extrahumanas a quienes portaban el signo de la cruz. De este modo, asimismo Pedro de Cieza de León escribe en el siglo XVI, en el capítulo CXVII de La crónica del Perú, que el clérigo Marcos Otazo, vecino de Valladolid, le relató la próxima vivencia:


Se semeja sospechosamente a los 2 que dieciseis siglos ya antes habían entrado descendidos del cielo en el sepulcro previsto para Jesús.


Más ayuda celestial



Por último, en el capítulo CXIX de exactamente la misma Crónica del Perú, Pedro Cieza de León escribe:


La incesante de los protectores celestes



Por último creo interesante para el objeto de este artículo, agregar todavía ciertos casos de manifestaciones de seres sobrehumanos en otras latitudes del planeta, referidos por cronistas que no tenían conexión con los indios americanos. De esta forma
por servirnos de un ejemplo, una vieja narración de la isla de Pohnpei en la Micronesia, cuenta lo siguiente, con ocasión de haberse enfrentado en combate los habitantes de la zona de Palikir con los de Matolenim, en esta minúscula isla del Pacífico:



Asimismo en Europa



Y si pasmosa es la semejanza de esta figura sobrehumana que ayuda a uno de los 2 bandos en el otro extremo del Pacífico, con las apariciones sobrehumanas que vimos apostaban por uno de los bandos en las luchas de cristianos contra indios en América, no menos pasmosa es la constatación de que lejos del Pacífico y de América, en plena Europa, exactamente el mismo fenómeno asimismo se prodigaba.


Veamos algún ejemplo, aunque insisto en que hay muchos más. Vayamos al Mediterráneo, en donde vamos a ver exactamente el mismo fenómeno representado por la popular figura de san Jorge, que pertenece al conjunto de los Santos caballeros y soldados que desde el cielo asistieron a los fieles cristianos en sus luchas, especialmente cuando combatían a los llamados infieles.


Entre ellos hay que contar con san Miguel y san Magín, que tanto resguardaron los intereses de Carlomagno. Los guerreros catalanes, ya antes de emprender alguna lucha, se confiaban a san Jorge del mismo modo que los guerreros de Palikir se confiaron a Sanoro, y consiguieron gran protección como aquellos, particularmente a veces en que luchaban contra los musulmanes.



De esta forma, cuando los árabes hubieron conquistado la urbe de Barna y esta hubo quedado asolada, el conde Borrell II se reordena en la próxima población de Manresa. Con muy irrelevantes fuerzas decide regresar sobre Barna, para procurar su
reconquista prácticamente imposible. Pero, al llegar, no tardaron en fijarse en un apuesto guerrero que galopeaba entre las nubes y que esgrimía un rayo por arma, con el que sembró la muerte y el terror entre los moriscos que caían a millares o bien escapaban a todo correr. Desaparecido el enigmático caballero, al que absolutamente nadie conocía, los hombres de Borrell II y Catalunya entera lo tomaron por patrón, y la cruz que lucía en su indumentaria pasó a ser parte del escudo de Barna y de otras muchas urbes y pueblos.


En mis libros Las nubes del engaño y El muñeco humano aporto más intervenciones de este caballero que defiende a cristianos contra moriscos ayudando a Jaime I el Conquistador en la conquista de Mallorca, y a los alcoyanos en la defensa de su urbe, además de otros casos afines, en que determinada aparición celeste o bien sobrehumana actúa en defensa de cierto bando de la lucha, en diferentes lugares y temporadas.



Y en la temporada romana



Concluiré acá este breve repertorio con un caso extraído de la historia de la ciudad de Roma, por cuanto asimismo acá, como en la narración de la isla de Pohnpei, la divinidad suplicada asiste a la llamada en socorro del demandante. El personaje invocado acá es Cástor.



Ciertamente, en el año cuatrocientos noventa y ocho ya antes de JC, el asilado Tarquino se dirigió sobre Roma, con la pretensión de machacarla con aliados de 36 urbes de la Liga latina conducidos por Octavio Manilio. La batalla se libró al lado del lago
Regilo, cerca de la presente Frascati. Cuando tras ciertas horas parecía decantarse cierta ventaja a favor de los etruscos, que lograron empujar a los romanos, Aulio Postumio, en su desesperación, prometió un templo a Cástor si
este intercedía en la lucha.


Repentinamente, en una violenta carga contra el contrincante, se pusieron a la cabeza de la caballería 2 extraños y apuestos jinetes de una estatura superior a la humana, que inmediatamente se pusieron a dirigir la por tanto victoriosa carga.



Fueron únicamente ciertos ejemplos. Los bastantes, creo, para esta conclusión:


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