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por Michael Hudson
veintiuno Diciembre 2011


del Lugar Web Editorial-Streicher


Versión original en Ingles


El Libro V de La Política de Aristóteles describe la eterna transición de las oligarquías que se convierten en aristocracias hereditarias, que acaban por ser depuestas por déspotas o bien desarrollan rivalidades internas cuando ciertas familias deciden “apoderarse de las multitudes", lo que conduce a la democracia, en la que una nueva oligarquía brota otra vez, seguido de aristocracia, democracia, etc., por medio de toda la Historia.


La deuda ha sido la primordial conducción activa de estos cambios, siempre y en todo momento con nuevas particularidades y posibilidades.


Ella polariza la riqueza para crear una clase acreedora, cuyo gobierno oligárquico concluye cuando nuevos líderes ("déspotas" para Aristóteles) ganan el apoyo popular anulando las deudas y redistribuyendo la propiedad o bien tomando su usufructo para el Estado.


Desde el Renacimiento, no obstante, los banqueros han alterado su apoyo político a favor de las democracias. Esto no reflejaba convicciones políticas igualitarias o bien liberales como semejantes, sino un deseo de una mejor seguridad para sus préstamos. Como James Steuart explicó en mil setecientos sesenta y siete, los préstamos a las monarquías continuaron como temas privados más que deudas verdaderamente públicas.


Para que las deudas de un soberano llegasen a hacerse extensivas a la nación entera, los representantes escogidos debieron dictaminar impuestos para abonar los cobros de intereses.


Dando a los impositores esta voz en el gobierno, las democracias holandesas y británicas proveyeron a los acreedores con reclamaciones considerablemente más seguras por los préstamos que hicieron a reyes y príncipes cuyas deudas murieron con ellos. Mas las recientes quejas por deudas de Islandia a Grecia y España sugieren que los acreedores están quitando su apoyo a las democracias.


Ellos están demandando parquedad fiscal e inclusive liquidaciones privatizadoras.


Esto está transformando a las finanzas internacionales en un nuevo modo de guerra. Su objetivo es exactamente el mismo que el de las conquistas militares de antaño: apropiarse tanto de la tierra y los recursos minerales como de la infraestructura comunal, y extraer tributos.


En contestación, las democracias están demandando consultas populares sobre si hay que abonar a los acreedores vendiendo la esfera pública y incrementando los impuestos para imponer el desempleo, sueldos decrecientes y depresión económica.


La opción alternativa es depreciar las deudas, o bien aun cancelarlas, y reafirmar el control regulador sobre el ámbito financiero.



Los gobernantes del Próximo Oriente


...decretaban tabula rasa para los deudores para preservar el equilibrio económico

El cobro de intereses por adelantos de recursos o bien dinero no fue originalmente propuesto para polarizar las economías.


Administrado en primer lugar a inicios del tercer milenio a.C. como un arreglo establecido entre los templos y palacios de Sumer y los mercaderes y empresarios que por norma general trabajaban en la burocracia monárquica, el interés del veinte por ciento (duplicando la cantidad inicial en 5 años) se suponía que se acercaba a una parte justa de las ganancias por el comercio a gran distancia o bien el alquilo de tierras y otros recursos sociales como talleres, navíos y tascas.


Cuando la práctica fue privatizada por los cobradores monárquicos de derechos y rentas, la "monarquía divina" resguardó a los deudores agrarios.


Las Leyes de Hammurabi (c. mil setecientos cincuenta a.C.) anulaban sus deudas en tiempos de inundación o bien sequía. Todas y cada una los gobernantes de su dinastía babilónica empezaban su primer año completo en el trono anulando las deudas agrarias para adecentar los atrasos en los pagos dictaminando que las deudas volviesen a cero.


Los esclavos, la tierra o bien los derechos de cosecha y otras prendas eran devueltos a los deudores para "restaurar el orden" a una idealizada condición "original" de equilibrio. Esta práctica subsistió en el llamado Año del Jubileo de la ley mosaica descrito en Levítico capítulo veinticinco.


La lógica era bastante clara:


Las leyes de Hammurabi resguardaban a los aurigas y a otros combatientes de ser reducidos a la esclavitud por deudas, y también impedían a los acreedores tomar las cosechas de los inquilinos en las tierras Reales y otras tierras públicas y en la tierra comunal que debía proveer mano de obra y servicio militar al palacio.


En Egipto, el faraón Bakenranef (c. 720-setecientos quince a.C., "Bocchoris" en heleno) proclamó una amnistía de las deudas y derogó la esclavitud por deudas cuando debió enfrentar una amenaza militar de Etiopía.


Según Diodoro de Sicilia (I, setenta y nueve, escrito cara cuarenta-treinta a.C.), dictaminó que si un deudor impugnaba la reclamación, la deuda era cancelada si el acreedor no podía apoyar su reclamación con un contrato escrito (semeja que los acreedores siempre y en todo momento han sido propensos a exagerar los saldos adeudados).


El faraón razonó que,


El hecho de que los primordiales acreedores del Próximo Oriente fuesen el palacio, los templos y sus cobradores, hizo políticamente simple cancelar las deudas.


Siempre es simple cancelar las deudas que se le deben a uno mismo. Aun los emperadores romanos quemaban los registros tributarios para prevenir una crisis. Mas fue considerablemente más bastante difícil cancelar lo adeudado a acreedores privados cuando la práctica de añadir interés a la deuda se extendió después cara el oeste a los reinos mediterráneos más o menos cara setecientos cincuenta a.C.


En vez de permitir a las familias compensar los ingresos y los gastos, la deuda se transformó en el primordial instrumento de expropiación de tierras, polarizando a las comunidades entre oligarquías de acreedores y clientes del servicio endeudados.


En Judá, el profeta Isaías (5:8-nueve) condenaba a los acreedores que imposibilitaban la redención de los recursos, que,


El poder del acreedor y el desarrollo estable extrañamente han ido juntos.


La mayoría de las deudas personales en este periodo tradicional eran el producto de pequeñas cantidades de dinero prestadas a individuos que vivían al filo de la subsistencia y que no alcanzaban a vivir con sus ingresos. La confiscación de tierras y recursos - y de la libertad personal - forzaba a los deudores a la esclavitud, que llegaba a ser irreversible.


Antes del siglo VII a.C. brotaron los "déspotas" (líderes populares) para deponer las aristocracias en Corinto y otras urbes griegas ricas, ganando apoyo a través de la cancelación de las deudas. En una forma menos tiránica, Solón creó la democracia ateniense en quinientos noventa y cuatro a.C. prohibiendo la esclavitud por deudas.


Pero las oligarquías brotaron nuevamente y rugieron en la ciudad de Roma cuando los reyes de Esparta Agis, Cleomenes y su sucesor Nabis intentaron cancelar las deudas a fines del siglo III a.C.


Ellos fueron asesinados y sus partidarios fueron desterrados.


Esta ha sido una incesante política de la Historia desde la Antigüedad, en que los intereses de los acreedores se oponían tanto a la democracia popular como al poder Real capaz de limitar la conquista financiera de la sociedad - una conquista que tenía por objetivo anexar a las reclamaciones de deudas el pago de intereses en tanto el sobrante económico lo hiciese posible.


Cuando los hermanos Graco y sus partidarios trataron de reformar las leyes del crédito en ciento treinta y tres a.C., la clase senatorial dominante actuó con violencia, asesinándolos y también inaugurando un siglo de Guerra Social, resuelta por la ascensión de Augusto como emperador en veintinueve a.C.


La oligarquía de los acreedores en Roma


...gana la Guerra Social, esclaviza la población y provoca una Edad Oscura

Los temas fueron más sanguinolentos en el extranjero.


Aristóteles no mentó la construcción del Imperio como una parte de su esquema político, mas la conquista extranjera siempre y en todo momento ha sido un esencial factor en la imposición de deudas, y las deudas de guerra han sido la primordial causa de la deuda pública en los tiempos modernos.


La imposición de deudas más ruda de la Antigüedad fue la hecha por Roma, cuyos acreedores se extendieron para infestar el Asia Menor, su provincia más próspera.


El gobierno de la ley prácticamente desapareció cuando los "caballeros" acreedores dueños de tascas llegaron. Mitrídates VI, rey del Ponto, lideró 3 rebeliones populares, y las poblaciones locales en Éfeso y otras urbes se alzaron y mataron más o menos a unos ochenta romanos en ochenta y ocho a.C.. El ejército romano tomó represalias, y Sila impuso un tributo de guerra de veinte talentos en ochenta y cuatro a.C.


Los cargos por intereses multiplicaron esta suma por 6 cara setenta a.C.


Entre los historiadores primordiales de la ciudad de Roma, Livio, Plutarco y Diodoro pusieron la culpa de la caída de la República en la intransigencia de los acreedores al provocar la larga Guerra Social de un siglo marcada por el homicidio político de ciento treinta y tres a veintinueve a.C.


Los líderes populistas intentaron ganar seguidores abogando por la cancelación de las deudas (p.ej., la conspiración de Catilina en sesenta y tres-sesenta y dos a.C.). Ellos fueron asesinados.


Antes del siglo II d. de C. más o menos una cuarta parte de la población fue reducido a la esclavitud. Cara el siglo V la economía de la ciudad de Roma colapsó, desposeída de dinero.


La vida de subsistencia retornó a los distritos rurales.



Los acreedores hallan una razón legalista para respaldar la democracia parlamentaria


Cuando la banca se recobró una vez que las Cruzadas saqueasen Bizancio y también infundiesen plata y oro para refrescar el comercio de Europa Occidental, la oposición cristiana al cobro de interés fue vencida por la combinación de reputados prestamistas (los Caballeros Templarios y Hospitalarios proveyeron de crédito a lo largo de las Cruzadas) y sus primordiales clientes del servicio, los reyes, al comienzo para abonar a la Iglesia y poco a poco para emprender la guerra.


Pero las deudas Reales empeoraron cuando los reyes murieron.


Los Bardi y los Peruzzi quebraron en mil trescientos cuarenta y cinco cuando Eduardo III rechazó su deuda de guerra. Las familias bancarias perdieron todavía más por préstamos a los sátrapas de Borbón y Habsburgo en los tronos de España, Austria y Francia.


Los temas cambiaron con la democracia holandesa, intentando ganar y asegurar su libertad de la España de los Habsburgo. El hecho de que su parlamento debía contratar permanentes deudas públicas de una parte del Estado dejó a los Países Bajos acrecentar los préstamos para emplear a mesnaderos, en una temporada en que el dinero y el crédito eran los ligamentos de la guerra.


El acceso al crédito "era en consecuencia el arma más poderosa de ellos en la lucha por su libertad", escribió Richard Ehrenberg en su Capital y Finanzas en la Temporada del Renacimiento (mil novecientos veintiocho):


El éxito financiero del gobierno parlamentario fue de esta forma establecer deudas que no eran sencillamente obligaciones personales de los príncipes, sino eran verdaderamente públicas y obligatorias, sin tomar en consideración quién ocupaba el trono.


Esto es por qué razón las 2 primeras naciones democráticas, los Países Bajos y G. Bretaña tras su revolución de mil seiscientos ochenta y ocho, desarrollaron los mercados de capital más activos y procedieron a transformarse en potencias militares primordiales.


Lo que es irónico es que fue la necesidad de financiar la guerra la que fomentó la democracia, formando una trinidad simbiótica entre,


...vinculación que ha durado hasta hoy.


En ese tiempo,


Las más despóticas España, Austria y Francia hallaron mayores contrariedades en la financiación de sus aventuras militares.


Hacia el final del siglo XVIII Austria fue dejada "sin crédito, y por ende sin mucha deuda", el país peor armado y el menos solvente de Europa, completamente dependiente de las subvenciones y garantías de préstamo británicas en la temporada de las guerras napoleónicas.


Las finanzas se acomodan a la democracia


...pero entonces presionan para lograr la oligarquía

Mientras que las reformas democráticas del siglo XIX redujeron el poder de las aristocracias terratenientes para supervisar los parlamentos, los banqueros se movieron flexiblemente para lograr una relación simbiótica con prácticamente cada forma de gobierno.


En Francia, los seguidores de Saint-Simon fomentaron la idea de los bancos actuando como fondos de inversión, ampliando el crédito a las acciones gananciosas. El Estado alemán hizo una coalición con la industria bancaria y la industria pesada. Marx escribió con optimismo sobre de qué manera el socialismo haría finanzas productivas más bien que parásitas.


En E.U. la regulación de los servicios públicos iba de la mano con ganancias garantizadas.


En China, Sun-Yat-Sen escribió en 1922:


La Primera Guerra Mundial vio a U.S.A. substituir a G. Bretaña como la primordial nación acreedora, y cara el final de la Segunda Guerra Mundial había acaparado más o menos el ochenta por ciento del oro monetario del planeta.


Sus diplomáticos formaron el FMI y el Banco Mundial así como áreas orientadas cara los acreedores, que financiaron la dependencia comercial, eminentemente en U.S.A.. Los préstamos para financiar el comercio y los déficits de pagos estaban sujetos a "condicionalidades" que cambiaron la planificación económica de oligarquías y dictaduras militares clientes del servicio.


La contestación democrática a los resultantes proyectos de parquedad que estrujan el servicio de la deuda fue inútil de ir mucho alén de altercados contra el FMI, hasta el momento en que Argentina rechazó su deuda externa.


Una parquedad afín orientada cara el acreedor es impuesta ahora sobre Europa por el Banco Central Europeo y la burocracia de la UE. Ostensiblemente los gobiernos social-democráticos han sido orientados para salvar a los bancos más que para reanimar el desarrollo económico y la utilización.


Las pérdidas por malos préstamos y especulaciones son incluidas en el estado de cuentas nacional mientras que se reduce progresivamente el gasto público e inclusive vendiéndose la infraestructura.


La contestación de los impositores atrapados en la deuda resultante ha sido montar quejas populares que empezaron en Islandia y Letonia en Enero de dos mil nueve, y demostraciones más extensamente masivas en Grecia y España este otoño (boreal), para protestar por la contestación negativa de sus gobiernos a plantear consultas populares sobre estas aciagas "operaciones de rescate" de inversores extranjeros.



El cambio planificándose no por representantes públicos escogidos sino más bien por banqueros

Cada economía es planeada. Esta de forma tradicional ha sido la función del gobierno.


El abandono de este papel bajo el leimotiv del "libre mercado" lo deja en las manos de los bancos. Mas el privilegio de la planificación, de la creación de crédito y su asignación, resulta ser todavía más centralizado que el de los funcionarios públicos escogidos. Y para hacer las cosas peor, el marco de tiempo financiero es un golpe por sorpresa de corto plazo, finalizando con el desposeo de los recursos.


Buscando sus ganancias, los bancos tienden a destruir la economía.


El sobrante acaba por ser consumido por el interés y otros 'gastos financieros', no dejando ingresos para nueva inversión de capital o bien gastos sociales básicos.


Esto es por qué razón el abandono del control de la política a una clase acreedora extrañamente ha ido así como el desarrollo económico y el nivel de vida creciente. La tendencia de las deudas a medrar más veloz que la capacidad de la población para abonar ha sido una incesante básica por medio de toda la Historia registrada.


Las deudas aumentan exponencialmente, absorbiendo el superávit y reduciendo a la mayoría de la población al equivalente de peón de la deuda.


Para restaurar el equilibrio económico, el lamento de la Antigüedad en pro de la cancelación de las deudas procuraba lo que el Próximo Oriente de la Edad del Bronce logró por decreto Real:


En tiempos más modernos, las democracias han impulsado un Estado fuerte para cobrar impuestos a los ingresos y riqueza de los rentistas, y cuando se lo solicita, para rebajar el valor de las deudas. Esto se hace más de forma fácil cuando el Estado mismo crea el dinero y el crédito.


Se hace menos de manera fácil cuando los bancos traducen sus ganancias en poder político.


Cuando a los bancos se les deja ser auto-regulados y se les da el poder de veto sobre las regulaciones gubernativos, la economía se distorsiona para permitir a los acreedores acceder a apuestas especulativas y al fraude absoluto, que han marcado la década pasada.


La caída del Imperio romano prueba lo que pasa cuando las demandas de los acreedores no son comprobadas.


Bajo estas condiciones, la opción alternativa a la planificación del gobierno y a la regulación del campo financiero se transforma en un camino a la condición de peón de las deudas.



Finanzas contra gobierno - oligarquía contra democracia

La democracia implica subordinar la activa financiera para servir al equilibrio económico y al desarrollo, y la imposición de impuestos a los ingresos de los rentistas o bien preservar los monopolios básicos de la esfera pública.


Los ingresos de la propiedad privatizada o bien no gravada con impuestos la "libera" de ser empeñada a los bancos, y le deja ser capitalizada con préstamos más grandes. Financiada por el "apalancamiento" de la deuda, la inflación del coste de los recursos aumenta la riqueza de los rentistas mientras que endeuda la economía normalmente.


La economía se contrae, cayendo en una contabilidad negativa.


El ámbito financiero ha ganado la suficiente repercusión para emplear semejantes urgencias como una ocasión para persuadir a los gobiernos de que la economía padecerá un colapso si no "salvan a los bancos".


En la práctica esto significa la consolidación de su control sobre la política, que emplean de formas que más tarde polarizan las economías. El modelo básico es lo que ocurrió en la vieja Roma, mudando desde la democracia a la oligarquía.


De hecho, el dar la prioridad a los banqueros y dejar que la planificación económica sea dictada por la UE, el Banco Central Europeo y el FMI, amenaza con desposeer el Estado-nación del poder de acuñar o bien imprimir dinero y establecer impuestos.


El enfrentamiento resultante está oponiendo los intereses financieros contra la autodeterminación nacional. La idea de un banco central independiente que es "el sello de garantía de la democracia" es un eufemismo para abandonar a tomar la más esencial resolución política - la capacidad de crear el dinero y el crédito -dejándosela al campo financiero.


Más bien que dejar la opción política a cargo de consultas populares, el rescate de bancos organizado por la UE y el Banco Central Europeo representa ahora la categoría más grande de la creciente deuda nacional.


Las deudas de los bancos privados asumidas en los estados de cuentas gubernativos en Irlanda y Grecia, han sido transformadas en obligaciones de los impositores.


Lo mismo es auténtico para los trece billones de dólares estadounidenses de EE.UU. añadidos desde Septiembre de dos mil ocho (incluyendo los cinco con tres billones de dólares americanos de los malos créditos hipotecarios de Fannie Mae y Freddie Mac asumidos en el estado de cuentas del gobierno, y los dos billones de dólares americanos de cambios de dinero efectivo por basura [cash for trash] de la Reserva Federal).


Esto es dictado por encargados financieros llamados eufemísticamente como tecnócratas.


Comisionados por los cabilderos de los acreedores, su papel es solo contar cuánto desempleo y depresión son precisos para extraer un superávit para abonar a los acreedores por deudas que están ahora en los libros. Lo que hace a este cálculo contraproducente es el hecho de que la contracción económica - el desinflamiento de la deuda - transforma la carga de la deuda en todavía más inestimable.


Ni los bancos ni las autoridades públicas (o bien los académicos predominantes, realmente) calcularon la capacidad realista de la economía para abonar, o sea, abonar sin contraer la economía.


Mediante sus medios y conjuntos de especialistas, han persuadido a la población de que el modo perfecto de lucrarse más velozmente es tomar dinero prestado para adquirir bienes raíces, acciones y bonos cuyo coste está al alza - siendo este inflado por el crédito - y anular los impuestos progresivos a la riqueza, del pasado siglo.


Para poner los temas de forma clara, el resultado ha sido tirar a la basura la economía.


Su objetivo es desactivar los controles y equilibrios públicos, mudando el poder de la planificación a las manos de la alta finanza bajo el presunto de que esta es más eficaz que la regulación pública. La planificación del gobierno y los impuestos son acusados de ser "el camino a la servidumbre", tal y como si los "mercados libres" controlados por los banqueros con libertad de acción para actuar temerariamente no estuviesen planeados por intereses singulares con procedimientos que son oligárquicos, no democráticos.


A los gobiernos se les afirma que deben abonar las deudas adquiridas por las operaciones de rescate, no para proteger países en una guerra militar como otrora, sino más bien para favorecer a la capa más rica de la población, trasfiriendo sus pérdidas a los impositores.


El descalabro en tomar los deseos de los votantes en consideración deja la deuda pública resultante en un terreno políticamente inestable, aun legalmente tambaleante.


Las deudas impuestas por decreto, por gobiernos o bien agencias financieras extranjeras frente a una fuerte oposición popular, pueden ser tan sutiles como aquellas de los Habsburgo y otros sátrapas en temporadas pasadas. Careciendo de la validación popular, pueden fallecer con el régimen que las contrajo.


Los nuevos gobiernos pueden actuar de manera democrática para subordinar el ámbito bancario y financiero para servir a la economía, y no del revés.


Por lo menos, pueden intentar abonar introduciendo nuevamente impuestos progresivos a la riqueza y a los ingresos, mudando la carga impositiva esta vez sobre la riqueza y propiedad de los rentistas. La nueva regulación de la banca y el suministro de una alternativa pública para el crédito y los servicios bancarios, renovaría el programa democrático social que parecía bien dirigido hace un siglo.


Islandia y Argentina son los ejemplos más recientes, mas uno puede mirar cara atrás a la moratoria en las deudas por armas entre los Aliados y a las reparaciones alemanas de guerra en mil novecientos treinta y uno.


Un principio matemático básico como político está en acción:


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