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por Jean-Michel Vernochet


23 Mayo 2010


del Lugar Web VoltaireNet


Jean-Michel Vernochet
Ex- cronista de la publicación francesa Figaro Magazine y maestro de la Escuela Superior de Periodismo (ESJ-Paris). Su obra de más reciente publicación se titula Europe, chronique d’une mort annoncée (Europa, crónica de una muerte anunciada) ediciones de l’Infini, dos mil nueve.


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El directivo del FMI, Dominique Strauss-Kahn,


y la canciller alemana, Angela Merkel.


Al no poder reimplantar el Deutschemark,


Alemania ha debido admitir que Europa recurriese a un préstamo del Fondo Monetario Internacional.


El ataque financiero del que Grecia ha sido objeto debido a su deuda soberana y a su potencial insolvencia ha resultado ser, realmente, una ofensiva contra el Euro y no tener más que una lejana vinculación con las taras y faltas estructurales de la propia economía helénica.


Se trata a propósito de «vicios» de los que asimismo adolecen además de esto la mayor parte de los países artículo-industriales, que han adquirido la mala costumbre de vivir sobre sus posibilidades reales y de depender del crédito, dando de esta manera sitio a una inflación galopante de la deuda, a una «burbuja» condenada - como cualquier otra - a acabar rompiéndose.


Todo semeja apuntar, no obstante, que tras la bestialidad del ataque y alén de una simple ansia por asaltar las economías europeas se concretan además de esto otros objetivos, fundamentalmente de orden geopolítico, objetivos que han sido trazados de forma en especial deliberada puesto que los apetitos de anónimos predadores financieros no justifican, por acentuados que sean, la intensidad y la duración de una ofensiva que, en un corto plazo, amenaza con hacer volar en pedazos la Eurozona, la Unión de los veintisiete, e inclusive considerablemente más...


La reiteración de las crisis que han caracterizado las 2 últimas décadas y una veloz interpretación del desplazamiento de los peones sobre el Gran Juego del «Tablero euroasiático» dejan querer que Europa se ha transformado en escenario de una auténtica guerrageoeconómica (que es al fin y a la postre una guerra en toda la extensión de la palabra), de una batalla que a propósito ya tiene potencialmente perdida.


En efecto, la adopción - frente a los insistentes reclamos de la Casa Blanca - de un plan europeo destinado a poner a flote la deuda pública de los Estados miembros de la UE, no solo no forma ninguna panacea, es decir que no es una solución durable para la crisis presupuestaria de carácter estructural que está afectando a «todos» los Estados occidentales, sino va en el sentido deseado por el guía estadounidense de una veloz integración de la UE, condición obligatoria para la constitución de un auténtico bloque occidental.


Este plan europeo responde a una crisis de confianza, de solvencia (extensamente artificial al comienzo, mas que se ha hecho infecciosa y que tiene un efecto de bola de nieve), mediante una recapitalización de los Estados, tal y como si se tratase de una simple crisis de liquidez.


Se trata de un plan europeo de setecientos cincuenta cero millones de euros, superior por tanto al plan Paulson - de setecientos cero millones de dólares estadounidenses - destinado, tras la debacle de los establecimientos financieros estadounidenses de septiembre del año dos mil ocho, a ponerlos a flote recurriendo a los fondos públicos.



Una solución cuyos efectos vemos ahora al revisar que la recapitalización del ámbito financiero privado ha tenido como anormal consecuencia un tremendo desarrollo de la deuda de los Estados a los dos lados del Atlántico.

Tras haber liberado la recesión, esto es después de haber inutilizado el motor económico, la crisis financiera natural de USA ha agotado por ende los recursos fiscales de los Estados, haciendo de este modo más bastante difícil todavía el servicio de una deuda poco a poco más notable.



Mas la UE termina de poner más deuda en la deuda con estos setecientos cincuenta cero millones de euros que gravarán todavía más sus presupuestos nacionales (puesto que la tasa media de endeudamiento de la Eurozona es en nuestros días de un setenta y ocho por ciento ), y lo hace aparentemente para «restaurar la confianza de los mercados»…


En labras de conseguir ese resultado, la UE termina de ponerse - de forma voluntaria - a merced del FMI, que va a concederle préstamos por unos doscientos cincuenta cero millones de euros.


Y se trata del mismo Fondo Monetario Internacional cuyo papel parecía consistir, hasta el momento, en respaldar a las tambaleantes economías del Tercer Planeta a golpe de planes de llamados ajustes estructurales. Es en consecuencia una entidad supranacional con vocación «mundialista» la que va a encargarse, de cierta forma, de inspeccionar aproximadamente de forma directa las estructuras de gobernanza económica de las que la UE probablemente se dotará si la Eurozona no explota ya antes de manera espontánea.


Se trata de estructuras de carácter integrativo que viene demandando chillidos Paul Volcker, el directivo del Consejo para el Redespegue Económico (de U.S.A.) en la Casa Blanca, quien desde Londres critica fuertemente a los líderes europeos demandando un nuevo fortalecimiento del Euro, algo que estadounidenses y británicos precisan formidablemente para sostener a flote sus economías.


Hay indicar de paso que fue probablemente muy a pesar suyo que la canciller alemana se resignó a subscribir este enorme plan de apoyo a los países de la Eurozona que están encarando contrariedades, al paso que su análogo francés - conforme un persistente rumor - la conminaba con regresar al franco si no se plegaba.


Si bien es verdad que «a la hormiga no le agrada prestar lo que tiene», un regreso al Deutsch Mark equivaldría a firmar la sentencia de muerte de la economía alemana puesto que, al tener una moneda demasiado fuerte, Alemania no podría proseguir exportando su producción industrial, que forma la base de su economía.


Bastó ese chantaje para obligar a Berlín a que admitiera, contra su voluntad, someterse a las condiciones que imponía la administración Obama.


Dictados estadounidenses que conducen a una gran trampa: ¡los capitales logrados como préstamo en el mercado o bien prestados por el Fondo Monetario Internacional para el salvamento de los «PIIGS» [1] en riesgo de caer en la cesación de pagos deben respaldarse en estructuras que garanticen en suma la solvencia del Euro!


Moneda cuya firmeza solo va a poder verse asegurada por las instituciones federales que Jacques Attali viene fomentando infatigablemente por medio de nuestros medios de difusión cuando demanda,


A fin de cuentas, se trata nada más y nada menos de poner a los Estados bajo un tutelaje económico con el pretexto de salvar la Eurozona, según parece condenada a una ineludible bancarrota… en tanto que el abandono de la moneda única forma un tabú que absolutamente nadie semeja presto a intentar alterar.


Algunos proyectos van más lejos incluso y ya tienen previsto que los presupuestos de los Estados de la Eurozona estén plenamente sometidos al control y a las resoluciones de un triunvirato formado por la Comisión de Bruselas, el Banco Central Europeo y el Eurogrupo.



¿Qué sucedería entonces con la voluntad popular y con el Parlamento de Estrasburgo?


Pero absolutamente nadie se preocupa por denunciar el sofisma o bien el paralogismo que forma esa fórmula de integración económica y de regreso a la confianza en los mercados. Primeramente, ¿por qué razón habría que dejar que sean los mercados los que impongan su ley?



¿No sería además de esto el instante conveniente para cuestionar el capitalismo accionarial, anónimo y cambiante, que ha probado ser capaz de arruinar a las naciones en función de sus antojos o bien de sus cálculos?


La gobernanza económica europea no es, en ese sentido, la solución conveniente, como tampoco lo es la inundación de liquidez como contestación a la presente crisis. El excesivo endeudamiento provocado por el «plan» es sin dudas una solución falsa impuesta desde el exterior con la meta de encadenarnos más incluso, a nosotros los europeos, a los mercados de capitales y a su inenarrable dictadura.


La idea de la gobernanza económica nace del mismo principio en tanto que se trata, para decirlo con meridianamente, de algo insensato en tanto que esa idea no tiene presente las diferencias que existen entre las diferentes sociedades implicadas en todas y cada una de las etapas de la construcción europea: tipos o bien modelos de desarrollo, regímenes fiscales y sociales, etcétera


Se trata de una «idea» que no es tal, y no lo es por el hecho de que tiene un carácter exageradamente ideológico… se trata realmente de un proyecto tras el que se ocultan un elevado número de segundas pretensiones que no guardan relación con la prosperidad a nivel económico ni con el bienestar de los pueblos de la UE.


Algunos se han dado cuenta, muy atinadamente, de que la crisis no era más que el medio y el pretexto para precipitar la imposición de un férreo sistema federal a los veintisiete [Estados miembros de la Unión Europea], a despecho de las voluntades populares a las que se impuso el Tratado de Lisboa de la forma más solapada.


Una crisis que es y que prosigue siendo - no perdamos de vista este esencial factor - artificial, fabricada, en una palabra, es lo opuesto de una «fatalidad» inherente a lo que aparentemente sería una vida autónoma y desencarnada de los mercados dirigidos por una «mano invisible».


Un proceso que tiene la reputación de ser «infernal» mas que, para ser anónimo, no deja de estar muy estar vinculado a las figuras de carne y hueso de los grandes manipuladores de dinero y de otros personajes que dan órdenes y que hacen con las bolsas lo que les viene en ganas.


Es de ahí que que USA sostiene un doble alegato mediante 2 voces diferentes.


La de los «mercados» y la de su presidente, quien interviene para arengar a los europeos y demandarles que estabilicen su moneda o bien, en otras palabras, las políticas económicas europeas indisolublemente vinculadas a la salud, buena o bien mala, de su moneda.


Sin embargo, ¡no vayan a pensar ni por momento que eso puede ser una forma de injerencia en los temas de la Europa continental!



¿Se imaginan a Angela Merkel o bien a Nicolas Sarkozy intimando a la Casa Blanca a hacer una buena limpieza en Manhattan?


La otra voz es la de quienes hacen lo que les da la real gana con los mercados… esto es, los que dan las órdenes desde el anonimato, aquellos que ni los propios gobiernos pueden identificar, como confesó tan de manera lastimera la ministra de Finanzas de Francia, Christine Lagarde.



Los que hacen subir y bajar las bolsas a su antojo, como el gato juega con el ratón, adelantando las altas y bajas que mismos provocan artificialmente.


El reclutamiento de esos oligarcas se desarrolla, primeramente, entre los representantes de la alta finanza, de los complejos militar-industriales, de los megagrupos del petróleo y de la química o bien de la ingeniería genética, mas asimismo se reclutan entre los ideólogos y teóricos que se dedican a legitimar el «sistema», nuevos sacerdotes de la religión de la ganancia como nuevo monoteísmo, el del mercado.


Pero esa gente tiene realmente un alegato muy, muy diferente.


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Conforme Paul Volcker, directivo del Consejo de la Reactivación Económica en la Casa Blanca,


los europeos deben admitir una gobernanza externa y establecer la paridad entre el Euro y el dólar.


¿Qué otra explicación puede tener si no la evidente contradicción entre las inquietudes expresadas por el presidente Obama - en cuanto al resto lícitas en tanto que U.S.A. precisa un Euro fuerte, que penalice las exportaciones europeas dando de esta forma cierta ventaja a las industrias estadounidenses, útil regalo debido a sus déficits abisales (mil cuatrocientos millones de dólares estadounidenses) y sobre todo para respaldar el ahínco de guerra en nuestros días en marcha en Irak, Afganistán y Pakistán - y la continuación de la desestabilización a fondo de las economías occidentales a través de reiterados ataques de los mercados contra el Euro?


Por muy insaciables, inconsecuentes e inclusive irracionales que puedan ser los «operadores», estos están concientes de que la continuación de la ofensiva contra el Euro pone en riesgo a todo el sistema y puede precipitar a la economía mundial en una nueva fase de caos.



¿Por qué razón sigue entonces este baile al filo del abismo? Absolutamente nadie va a poder hacernos opinar esa estupidez de que los mercados viven su vida, que son incontrolables y que todo esto solo se debe a un acelerón de la máquina económica…


En pocas palabras, que todo esto «no es culpa de nadie» sino más bien la simple consecuencia de una imposibilidad de manejar los actores y los irracionales patinazos de los mercados.


Digamos entonces meridianamente que el peligro de derrumbe de todo el sistema es parte esencial de la partida que se juega ahora. Los grandes jugadores, fríos y ambiciosos, son adeptos declarados de la «teoría de los juegos» (de Neumann y Morgenstem), concepción probabilista que sirvió de basamento a lo que fue la doctrina de la disuasión nuclear…


El ganador es aquel que sea capaz de ir más allá en la mortal apuesta. Un caso que recubre un enorme similar con lo que en la actualidad estamos viviendo: una creciente desestabilización de las economías europeas, con consecuencias nada abominables al otro lado del Atlántico.


Agreguemos a eso que el caos financiero, monetario y económico, de los dos lados del Atlántico, representa una ocasión exageradamente conveniente para quienes, digámoslo de nuevo, se favorecen con la resaca de los números de la Bolsa, provocando y adelantando los accesos de pavor y de alegría para jugar de forma indistinta con las tendencias en alza o bien la baja en mercados que se han vuelto histéricamente errantes.



A inicios del siglo veinte, el economista Werner Zombartteorizaba sobre la «destrucción creadora» (más tarde retomada por Joseph Schumpeter).


Desde entonces, esa idea ha venido abriéndose paso a través, entre otras muchas, de la teoría matemática del francés René Tom (la llamada teoría de las «catástrofes»). Revisada y corregida por Benoit Mandelbrot, esta última se va a aplicar, por medio de la geometría de los fractales, a la vida de los mercados, vistos desde ese momento como una entidad sometida a la teoría del caos, de manera decidida muy de tendencia.


Mientras tanto, el economista Friedrich Von Hayek, uno de los teóricos del neoliberalismo, pretendió fomentar la economía liberal a la categoría de ciencia precisa.


De esa forma, conforme su biógrafo Guy Sorman,


No hay mejor imagen que esa puesto que nos entrega la clave que deja interpretar la crisis.


A fines de los años mil novecientos noventa, los neoconservadores adeptos de Leo Strauss llevan a su lógico paroxismo el nuevo dogma del desorden superior transformándose en apologistas del caos constructor como supuesta legitimación de todas y cada una de las guerras de conquista del siglo diecinueve. Desde ese punto de vista, es posible ver el caos en pleno trabajo en el Gran Medio Oriente, como en este momento en Europa.


Podemos tener la certidumbre de que el nuevo orden regional que los grandes organizadores del caos pretenden hacer surgir de la presente crisis va a ser una Europa unificada, centralizada y federativa, bajo la tutela directa de USA mediante la Reserva Federal estadounidense, que va a hacer del Banco Central Europeo una simple sucursal, y bajo la mirada vigilante del Fondo Monetario Internacional, representante o bien emanación de un poder mundial emergente, tan desterritorializado como tentacular.


Resulta bastante evidente que el endiosamiento del mercado asociado a la idea de un «caos constructor», completada por su parte por un empleo intensivo de la teoría de los juegos manipulada por adeptos de la demolición, forma una mezcla bastante explosiva que está a puntito de explotarnos en la cara.


Y es esencial apuntar acá que el «caos» (intencional) es en nuestros días una forma de regir, de convertir la sociedad y de conquistar sin lucha, una versión dura del conocido divide y vencerás, al que se recurre si bien sea a costa de la supervivencia de las naciones y los pueblos.


A fin de cuentas, lo esencial es poner a Europa de rodillas.


Grecia - que es efectivamente uno de los países más enclenques de la Eurozona, si bien no más que Italia, España, Irlanda o bien Portugal - ha sido hasta el momento una suerte de electrón suelto que obstruye una plena integración de los Balcanes a la trama geoestratégica estadounidense.


A modo de conclusión temporal, si la UE, en el marco de la crisis, avanza a marcha forzada cara una gobernanza económica federativa (ver vídeo abajo), va a entrar entonces en una fase que la va a llevar cara la atribución de un poder prácticamente discrecional a la Comisión Europea, que se compone fundamentalmente de tecnócratas no escogidos y reclutados en función de una indestructible obediencia atlantista.


Dicho meridianamente, ello significaría la desaparición de los Estados-Naciones europeos.


De hecho, ya nada se opondrá a que Europa sea integrada a un Bloque Transatlántico. Con el tiempo, la fusión del Euro y del dólar sellará la unión del Viejo Planeta y del Nuevo Planeta.


Es evidente que no se trata de simples especulaciones sino más bien de una real proyección de las tendencias arquitectónicas que palpablemente se están aplicando en el marco de un proceso de redistribución o bien de recomposición geopolítica del mapa mundial.


Lo como equivale a decir que, si no se desintegra la Eurozona, el destino de los pueblos europeos semeja claramente sellado, esto es encadenado para bien y para mal al «Destino manifiesto» (ver introduzco abajo) de U.S.A., con independencia de una reforma del sistema económico mundial.



Referencias históricas
mil ochocientos cuarenta y cinco treinta y uno mayo
«Manifest Destiny» : palabra clave del imperialismo


El cronista John O’Sullivan presentó en New York, en frente de una tribuna llena de industriales a la cabeza con el presidente estadounidense James Polk, la tesis del Manifiesto Destiny:


«La nación [americana] a recibido de la Providencia divina el manifiesto y misión de dominar y supervisar todo el continente americano a fin de nutrir y desarrollar la libertad y la democracia.Para entonces traer la luz del progreso al resto del planeta libre sobre la Tierra».


El público muy encantado lo que deja meses después a James Polk de respaldarse sobre esta doctrina de «misión divina» para justificar su expansión cara el Oeste (ocupado por los salvajes indios) y la invasión de México (poblado por obscurantistas papistas).


El Manifest Destiny hasta en la actualidad es una de la palabras claves de la política exterior de los U.S.A..



Los financieros van a perder quizá ciertas plumas en ese proceso si la comunidad internacional se pone conforme para fijar límites a sus apetitos a través de la reglamentación de los mercados.


En todo caso, la verdad es que los promotores del caos constructor habrán ganado la partida al crear las condiciones para nuevos incendios.


Ya que «lo peor», que frecuentemente han mentado en Francia individuos tan influyentes como Bernard Kouchner y Jacques Attali, resulta ser no obstante lo menos poco probable cuando los gobiernos, al verse con la espalda contra la pared, no tienen otra opción que «huir cara delante».


En Kuwait, en mil novecientos noventa y uno, y en Irak, en dos mil tres, entre los objetivos apenas ocultos de la guerra, ocupaban un sitio esencial la reactivación del motor económico mediante los proyectos privados de reconstrucción… por no mentar otros intereses más evidentes y más inmediatos, como los comburentes fósiles, las ventas de armas y todos y cada uno de los mercados que de ellos se derivan.


Cualesquiera que sean los pactos entre Turquía y también Van a ir sobre el enriquecimiento de uranio con fines médicos, cualquiera que sean las vicisitudes diplomáticas que esos acercamientos entre aliados y contrincantes de U.S.A. impliquen para el Departamento de Estado, es suficiente con releer las fábulas de Jean de La Fontaine para saber que... ¡la oratoria del lobo siempre y en toda circunstancia predomina frente a la del cordero!


En el presente contexto de extrema debilidad de la economía mundial, debemos prever que la salida de la crisis deberá pasar por la dolorosa puerta del caos constructor.


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