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por Ana Débora Goldstern


05/01/2006
del Lugar Web RevistaInvestigacion


Parte I


Publicado el cinco de enero de 2006


El tres de enero de mil novecientos ochenta y cuatro, Karl Brugger (imagen inferior-izquierda), corresponsal de origen alemán que por ese entonces radicaba en el estado de la ciudad de Río de Janeiro –Brasil -, fue asesinado en pleno día por un tirador anónimo que le disparó a bocajarro mientras que se hallaba paseando con un colega amigo, Ulrich Eucke, por la conocida playa de Ipanema. (1)
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En una urbe donde la delincuencia, marginalidad y pobreza registran una de las tasas más elevadas del planeta, absolutamente nadie prestó demasiada atención a la desaparición del cronista. La policía abrió un expediente para investigar el hecho, si bien las pruebas compendiadas no fueron muy eficaces. Únicamente se pudo reconocer el arma, identificada como una ametralladora portátil nueve mm afín a una mini UZI, y que acostumbra a usar el personal militar. El atacante jamás fue detenido y el caso entró en zona fallecida.


Ocho años ya antes de su deceso, Brugger, había alcanzado cierto éxito con un libro de su autoría, “La Crónica de Akakor. Mito y historia legendaria de un pueblo viejo de Amazonia (mil novecientos setenta y seis)” (dos), best-sellers en Europa y EE.UU. La obra fue la culminación de un largo documental que dejó un saldo de 12 tapes de grabación, con un solo interlocutor, Tatunca Nara, mestizo indígena y líder de los Ugha Mongulala quién en forma oral contó un extraño y fabuloso relato sobre los orígenes milenarios de su pueblo.


Nacía la historia de leyenda de Akakor.


Remontémonos a mil novecientos setenta y uno. Cuenta la historia, que los miembros de una línea área comercial alemana Swissair, se hallaban paseando por Manaus estado de Amazonia, cuando fueron abordados por un mendigo vestido en forma harapienta, que les pidió el pago de una comida.


La sorpresa brotó al comprobarse que el ignoto, podía expresarse en perfecto alemán, ocasionando el sorprendo de los tripulantes y especialmente de su comandante, Ferdinand Schmidt, experimentado aviador.


El enigmático personaje afirmó llamarse Tatunca Nara, príncipe de una tribu perdida de la selva, los Ugha Mongulala. Descubrió además de esto, que un contingente de dos.000 alemanes llegaron a su país en los últimos tramos de la Segunda Guerra Mundial -mil novecientos treinta y nueve-mil novecientos cuarenta y uno-, refugiándose en Akakor, vieja urbe subterránea legada por maestros venidos de las estrellas.


De vuelta en Alemania y todavía impresionado por el relato de Tatunca Nara, Schmid, decide informar sobre el excepcional encuentro a un cronista, Kart Brugger quién prestaba cooperación para una televisora pública nacional, la ARD, una de las cadenas de comunicación más esencial de Europa.


Nacido en Munich -mil novecientos cuarenta y uno-, Brugger, aparte de su título como Cronista, contaba con estudios en Sociología y también Historia. Con el tiempo se convirtió en un reputado especialista de etnias nativas americanas.


Intrigado por la confidencia, el corresponsal alemán decide admitir el reto y partir a Brasil en busca del “príncipe del planeta subterráneo”.


A su llegada, comienza una serie de investigaciones que tras un año de pesquisas y también indagaciones, se verían coronadas por el éxito.



Tatunca Nara


Pero Brugger, vaciló.


A pesar de sus vacilaciones en el terreno, el cronista decidió sondear entre sus contactos regionales para poder ver si se conseguían datos extras que validaran la historia. Cuando le fueron presentados los resultados, quedó sorprendido.


Supo, que la llegada de Tatunca Nara en escena se generó en mil novecientos sesenta y ocho.


En mil novecientos sesenta y nueve reventó un violento enfrentamiento que implicó a las tribus salvajes y los colonos blancos en la provincia fronteriza peruana Madre de Dios.


Por ese año, una horrible sequía golpeó a la zona de los Ugha Mongulala. Con el apetito en puerta, Tatunca Nara decidió exponerse a salir a la superficie, para solicitar ayuda a los “Blancos Bárbaros”, y de esta forma calmar los pesares que conminaban a su gente.


Su confianza se depositó en un sacerdote (tres).


En las postrimerías de mil novecientos setenta y dos, Tatunca Nara llevó su historia a las autoridades brasileiras, para persuadirlas de tomar cartas en el tema.


Con los datos recogidos, Brugger decidió emprender una expedición cara Akakor, que contaría con la guía de Tatunca Nara y la participación de un fotógrafo. Mas la aventura prácticamente acaba en desgracia.


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Fotografías tomadas del fichero de Karl Brugger,


donde se retratan extrañas formaciones en forma de Domo y pilares ignotos.


Pasaría bastante tiempo hasta el momento en que Karl Brugger y Tatunca Nara volviesen a reunirse. Con la edición del libro, la fama de Akakor se extendió por todos y cada uno de los rincones, y su historia, trascendió fronteras.


En su crónica oral, el líder de los Ugha Mongulala narró al cronista germano, que visitantes estelares aterrizaron en Sudamérica hace cerca de quince y quinientos años, provenientes de Schwerta, sitio recóndito y “centro de un imperio formado por abundantes mundos ubicado en los límites de nuestro cosmos ”.


Fueron ciento treinta familias que se establecieron en este continente.


Tatunca los describió como afines a nosotros en lo físico, salvo por un detalle: los ignotos contaban con 6 dedos.


Los extranjeros erigieron veintiseis urbes, prácticamente todas subterráneas, 3 de las que fueron escogidas como primordiales.


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Impresionante Dólmen ubicado en la Zona Sur de Brasil.
En la lengua de Schwerta, Akakor significa Fortaleza dos. (Aka: dos Kor: Fortaleza).


Luego le prosigue Akanis (Fortaleza 1), edificada “sobre una angosta lengua de tierra, próxima a México, dónde se encaran los 2 océanos (cuatro).


La última, Akahim (Fortaleza tres) tal vez la más enigmática, se halla al norte de Brasil limítrofe con Venezuela.


Además de la descripción de las urbes subterráneas, se incluyeron otras revelaciones esenciales, que incrementaron todavía más el misterio


Tatunca charló de tecnología extraterrestre y documentos viejos que se esconderían en los circuitos.


Y asimismo de cuerpos alienígenas en estado de suspensión.


Cuando esta información llegó a oídos de los estudiosos, Erich Von Däniken, de origen suizo, fue uno de los primeros en reanudar la posta descuidada por el cronista alemán. En el libro de Brugger, Däniken , figuraba en los créditos como articulista del prólogo de Akakor, y por consiguiente, contaba con antecedentes en el tema. Teniendo presente el espíritu aventurero que el escritor tan bien supo imprimir en sus libros, no resultó sorpresa su pretensión de lanzar una expedición en pos de la urbe perdida, pese a la experiencia errada de Brugger. Mas desde el principio, arreciaron las contrariedades.


En Testigo de los Dioses, el suizo narró los pormenores que hicieron fallar la operación.


Cuando Tatunca se relacionó con Däniken , le contó detalles nuevos de las ciudadelas y que diferían un tanto del relato confiado a Brugger. Uno de esos ejemplos se presentó con Akahim.


El indígena apuntó que en esa fortaleza se,


Esto motivó las ansias del escritor por localizar el objeto extraterrestre.


A pesar de sus reservas iniciales, Däniken dio luz verde a fin de que la expedición se concretase. De nuevo Tatunca y Schmidt fueron citados. El gobierno brasileiro la autorizó, mas con la condición que se va a contar con la participación de Roldão Largues Brandão, un renombrado arqueólogo y expedicionario. Faltando un par de días para llegar a Akahim, se generó un confuso episodio que implicó a Largues Brandão (seis), el que resultó herido de bala en un brazo, hecho calificado como “accidente”.


Durante la travesía truncada, Largues Brandão observó extrañas formaciones en la selva. A su regreso partió en un vuelo por la zona, dándose cuenta que esos montículos no eran normales, sino se semejaban a pirámides. Por esa temporada un conjunto de exploradores ingleses procuraban llegar a Akahim por medio de Venezuela. Temiendo perder la primicia, el arqueólogo notificó de su descubrimiento a la gaceta “Veja”, una de las más esenciales de Brasil. El 1 de Agosto de mil novecientos setenta y nueve, un documental de 5 páginas mostró el increíble descubrimiento. La nueva recorrió el planeta (siete).


Cuatro años ya antes, en mil novecientos setenta y cinco, el satélite Landsat de la NASA había captado diez formaciones piramidales en el sureste del Perú, en la zona de Alta Madre de Dios.



NOTAS



Parte II


Publicado el veintiseis de marzo de 2006


El descubrimiento de las pirámides del Amazonas, le ofreció a la historia de Akakor una publicidad extra. Tatunca Nara, aumentó su verosimilitud entre los estudiosos, que intuyeron tras su relato una fuente de veras.


Con la nueva en portada, Däniken optó por una nueva expedición, la que tampoco prosperó. Solo alcanzó para un relato oral de Ferdinand Schhmidt(dos).


Llegados al punto más abajo de la catarata mayor, en el que estaba situado nuestro viejo campamento, nos plantamos en veinte minutos de marcha mediante la selva frente a la pared rocosa que había que escalar. Alcanzamos el punto más alto, que estaba poblado de muchas variedades de cactus, y que ofrecía una magnífica panorámica hacía el oeste. Desde acá pude retratar las 3 pirámides y la inmediata cadena montañosa con las viejas ruinas de Akahim. Desde este momento nos dirigimos juntos en dirección cara la catarata, por medio de la selva, y a poca distancia de la ribera.


De repente había ante nosotros, apoyado en un árbol, un indio.


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Pirámide oculta en la maleza de la selva amazonía.


Entre él y mediaba una hondonada pequeña. Tatunka se detuvo y exclamó “Ramos”.El indio se dirigió hacía Tatunka y los dos se abrazaron. Ramos tenía pelos negros que le caían sobre los hombros, lucía una cinta trenzada en la frente, era de piel bastante obscura, mas tenía ojos claros, verdes. De la oreja derecha le pendía una cadenita en forma de gota, con alguna figura y un reborde exterior decorado.


Ramos era el jefe de la tropa de los Mongulala y estaba allá con sus guerreros, quienes aguardaban más arriba. Ramos advirtió a Tatunka que los sacerdotes de su tribu habían decidido su casamiento con la princesa que le había sido asignada ya hace muchos años(tres). Después Ramos le preguntó por el escritor (Däniken), puesto que los Mongulala aguardaban encontrarse con él, en vez de con Ferdinand Schmid.


Como Tatunka debía regresar para casarse con la princesa, Schmid debió escoger entre continuarse solo con Ramos y sus guerreros o bien echar cara atrás y regresar: El suizo sabía que apenas quedaban unos quilómetros para lograr Akahim, la urbe donde se escondían las reliquias tecnológicas de los dioses. Schmid estaba en un problema. Ramos y sus guerreros no le daban garantías por su vida tanto en su viaje a Akahim como en el retorno a Manaos.


Pese ello, con determinada osadía, se empeñó en ir a Akahim. Creyó que, tras tan largo y penoso camino por una jungla donde llovía abundantemente la mayoría del tiempo, estando a dos pasos del objetivo tanto tiempo aguardado no podía desperdiciar aquella ocasión que, quizá, fuera la última.



Mas Tatunka le afirmó que tenía temor de regresar solo a la civilización. Arguyó que, si retornaba sin Schmid, los blancos - y especialmente el propio Däniken -, desearían saber de su paradero y Tatunka se preguntaba si creerían la palabra de un indio. Schmid creyó que si le daba una carta para Erich von Däniken el inconveniente quedaba resuelto. Mas el indio no lo veía claro. Si les daba la carta a los blancos estos podrían meditar que la escribió presionado por amenazas. De este modo, Schmid no tuvo más antídoto que regresar con Tatunka a Manaos.


Resignado, el suizo captó la señal de alarma, marchándose de regreso a su país. Otros estudiosos desatendieron “las señales”, y siguieron buscando las urbes subterráneas. La mayor parte desapareció en la selva amazónica.


Lista macabra:



  • 1977: Un joven de Norteamérica ofuscado con Akakor arriba al Cuzco, para intentar organizar una expedición que lo conduzca cara las zonas ignotas de del sudeste del Perú. Contrató a una guía a fin de que lo acompañase hasta las fuentes del Río Yaco, donde aguardaba entrevistarse con un “indígena” que lo llevaría a la urbe oculta. Jamás más se lo vio con vida.
  • 1980: John Reeds, otro de Norteamérica desaparecido. Una carta fue encontrada en sus posesiones donde declara estar a un par de días de Akahim. En exactamente la misma hay encomios cara Tatunca Nara. No obstante contra los deseos de este se interno solo en la selva.
  • 1983: Herbert Wanner. Ciudadano suizo. Desaparecido y encontrado fallecido. Tuvo contacto con Tatunca Nara. Interrogado negó cualquier implicancia.
  • 1986: Christine Heuser. Estudiosa alemana de la AAS (cuatro). Paso 4 semanas con Tatunca Nara. Se piensa que tuvo un romance con el líder de los Ugha Mongulala. Hasta el día de hoy figura como desaparecida.

En la distancia, Karl Brugger observaba los sucesos que se sucedían y planeaba su regreso en silencio, el que se concretó en mil novecientos ochenta y uno. Acompañado de Tatunca Nara, procuró persuadir a un cineasta, Orlando Senna a fin de que generara un vídeo reportaje sobre Akakor.


Senna se negó a participar, argumentando:


Cuando en mil novecientos ochenta y cuatro sobreviene la muerte del cronista, un nuevo capítulo empieza a escribirse en la complicada y misteriosa historia de Akakor. Hasta ese entonces no existían objeciones demasiado graves contra la figura de Tatunca Nara, mas todo eso cambió, cuando desde Alemania se propagó que el indígena realmente era un ciudadano de ese país con un pasado como convicto.


Günter Hauck, tal su auténtico nombre, figuraba en los ficheros policiales alemanes como desaparecido desde el quince de Febrero de mil novecientos sesenta y ocho, data, en la que abordó un navío para dirigirse a R. de Janeiro. Desde allá, su indicio se perdía. El expediente asimismo mentaba, que a lo largo de su estancia en cárcel fue conocido con el apodo de Tatunca Nara.


Solo el dato de la data, bastaba para derribar una de las primeras incoherencias detectadas del relato que Tatunca contase a Karl Brugger. Era imposible que su proclama de príncipe de Akakor fuera viable en mil novecientos sesenta y ocho, teniendo presente que su ingreso a Sudamérica se generó en esa temporada.


En medio de la polémica, otro tema salió a luz. Se denunció que en los días siguientes a la muerte de Brugger, el consulado alemán entró a su departamento y se llevó toda la documentación privada del cronista.


¿Qué pasaba?.


Surgieron versiones sobre un nuevo libro que Brugger pensaba publicar a la brevedad. Conforme sus allegados, el cronista confió, que trabajaba en una hipótesis más controversial sobre el tema de las urbes subterráneas, y que de conocerse, ocasionaría sensación. Asimismo charló, sobre incursionar en el tema nacionalsocialista y sus exploraciones en la jungla de Sudamérica, puesto que afirmó contar con documentos nuevos que acreditarían su investigación (seis).


De estas aseveraciones se desprende, que Brugger jamás perdió las esperanzas de localizar las urbes perdidas. Podemos suponer, que era siendo consciente de la auténtica identidad de Tatunca Nara, mas todavía de esta forma, el indígena prosiguió jugando un papel esencial en el trazado de su historia. Quizá Brugger, no creyó preciso hacer público un detalle que ponía bajo riesgo la verosimilitud de su libro, y por otro lado, hasta sus últimos días tuvo la certidumbre que Tatunca no engañaba.


Pero si no engañaba, no se explica el descalabro de todas y cada una de las expediciones emprendidas, incluyendo la del propio Brugger. Ahora bien, en el tren de conjeturas, ¿qué se oculta tras Akakor?. Y, ¿por qué razón ese repentino interés en el factor nacionalsocialista?.


Veamos.


Durante la redacción de Crónicas de Akakor, Tatunca Nara contó a Brugger una intrigante historia. Refirió, que en mil novecientos treinta y seis Sinakaia, príncipe de su pueblo por esos años, tomó parte en el ataque de santa María, poblado brasileiro ubicado en las zonas altas del Río Negro. Los Ugha Mongulala, asesinaron a una gran parte de los ocupantes, excluyendo, a 4 mujeres que fueron hechas presas. Solo subsistió una monja de nacionalidad alemana, Reinha, que después renunció a sus hábitos y se casó con Sinkaia. De esta unión habría nacido Tatunca Nara.


Cuatro años después, en mil novecientos cuarenta y uno, la nueva princesa partió como embajadora en un viaje secreto cara Alemania. Un año después, Reinha retornó con ciertos líderes alemanes. Se estableció una coalición entre los 2 pueblos. El pacto contemplaba que Akakor, recibiría 2 mil soldados alemanes para instruir a los Ugha Mongulala el manejo de armas poderosas, y que a cambio, estos últimos, se comprometían a edificar grandes fortificaciones y a ganar nueva tierra arable.


Según Tatunca los soldados alemanes tenían una senda de viaje que les dejaba ingresar al Continente De Sudamérica sin inconvenientes.


Para mil novecientos cuarenta y cinco 2 mil soldados alemanes se hallaban viviendo en Akakor. La finalización de la Segunda Guerra interrumpió el plan original. Frente a la imposibilidad de regresar a Alemania, los soldados optaron por establecerse con los Ugha Mongulala.


En este punto de su libro, Brugger, prestó mucha atención y decidió buscar registros históricos que diesen asidero a la versión brindada por Tatunca.


Escribió:


Coincidimos con Brugger, que tanto la Abwehr, como la Ahnenerbe, contaban con los medios precisos para implicarse en una operación de esta extensión.


La Abwehr, fue el servicio de inteligencia alemán que empezó a marchar en mil ochocientos sesenta y seis. A lo largo de la Segunda Guerra Mundial fue dirigido por el Contraalmirante Wilhelm Canaris (mil ochocientos ochenta y siete-mil novecientos cuarenta y cinco?) (siete). Aparte de estar encargado de la inteligencia, la Abwer, desarrolló labores de espionaje, contrainteligencia, seguridad, actividades de boicot y subversión.En Sudamérica se concentraron en labores de inteligencia naval y marítima. Numerosos países del continente que simpatizaban con los alemanes, prestaron una valiosa cooperación a la causa nacionalsocialista.


Algunos biógrafos mantienen que Canaris fue,


Una hipótesis no confirmada sugiere que Canarias, quién era amigo del general Franco,


Resulta sugestiva la mención de bases sudamericanas. ¿Pudo haberse establecido alguna en territorio brasileiro?. No, si creemos que este país le declaró la guerra al Eje en mil novecientos cuarenta y dos, factor que complica cualquier acción de esa clase. Mas las posibilidades están abiertas y no se pueden descartar.


Como segunda opción tenemos a la Ahnenerbe.



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