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Barrie Trower

fue agente de inteligencia Inglés

Por estos días me agradaría charlar con Barrie Trower sobre sus temas preferidos.

Le preguntaría qué avances se han conseguido en los últimos tiempos en la guerra de las microondas y su arsenal de armas enmascaradas, que las potencias desarrollan desde hace décadas para objetivos tan variados como esparcir participantes de la manifestación, derrumbar éticamente a disidentes o bien inducir cáncer y otras enfermedades.

Le preguntaría de qué forma piensa que fue atacado Hugo Chávez, si sospecha que asimismo Fidel fue víctima de esta brutal ingeniería para la muerte, y qué seguros pueden estar otros líderes del planeta.

Muchas voces descalificaron como "no científica" la posibilidad de "inoculación" de un cáncer en el fallecido presidente Chávez, tal como sugirió el vice Maduro horas ya antes del deceso del líder venezolano. "Inocular" no semeja la palabra apropiada en un caso así.

Pero descartar como "no científica" la posibilidad de un complejo ataque para "inducir" una enfermedad mortal en un mandatario político de la talla de Chávez, ignora décadas de ensayos y estudios científicos del más alto nivel que han establecido protocolos y tecnologías para conseguir estos objetivos.

Y otros, igualmente horrendos: inducir al suicidio, provocar depresión, trastornos mentales o bien cambios en la personalidad. En la literatura especializada se llaman "armas psicotrónicas".

En el hipócrita lenguaje de los documentos oficiales, "armas no mortales".

Entre otros, Barrie Trower habla de estas cosas. Es un personaje poco conocido, y no es moco de pavo explicar quién es. Trabajó como agente británico diez años, en el área de "microwave warfare", interrogando espías extranjeros atrapados con las manos en la masa en la labor de irradiar objetivos oponentes. Actualmente, en sus entrevistas y comunicaciones en diferentes unas partes del planeta, habla sobre el asolador efecto de las tecnologías inalámbricas en las personas, que se fundamentan en microondas.

Precisamente, llegué a su testimonio estudiando la repercusión de los campos electromagnéticos en la salud, para una investigación de la Universidad Veracruzana de México.

Trower asimismo explica que las potencias trabajan desde hace más de medio siglo en el desarrollo de armas enmascaradas con variados fines. Esta tecnologías engloban, por poner un ejemplo, la alarmante "skull voice", que proyectada sobre la víctima, le hace percibir voces en su cráneo. Sirve para telecomandar a un asesino, o bien para aterrar a un oponente, entre otras muchas "aplicaciones útiles".

También hay,

No se trata de ciencia ficción, ni de "teorías de la conspiración".

Son hechos plasmados en documentos oficiales. Hay patentes registradas, referencias legales y distribuidores oficiales de los Estados que incluyen las "armas no mortales" entre su oferta.

Hasta donde sabemos, estas tecnologías aparecieron prácticamente por casualidad en la Segunda Guerra Mundial. Una de las primeras pistas para el comienzo de la investigación con fines bélicos la dio Allan Frey en mil novecientos sesenta y dos, que reportó el "efecto auditivo" que generaban las microondas y los radares entre personal militar que circulaba cerca de las torres de transmisión.

Media siglo después, sabemos de programas de investigación militar, ensayos prácticos y fundamentos teóricos que condujeron al desarrollo de "armas no mortales", basadas en frecuencias, ultrasonidos y microondas, que no dejan indicios en sus víctimas.

Aquello que se conoce en público data de décadas atrás. No sabemos qué tecnologías pueden formar el "state of the art" de la guerra enmascarada en dos mil trece. Solo tenemos ciertas pistas, y no son nada tranquilizadoras.

Las tecnologías de hace cuarenta años, diseñadas para ser aplicadas a cualquier organismo por norma general, y por ende, de éxito diferente, el día de hoy pueden ser adaptadas desde el ADN de la víctima a fin de que su eficiencia sea fulminante.

Por lo tanto, el interrogante no es si esto puede acontecer o bien no.

La pregunta es,

El valor estratégico de la invisibilidad

Para el ciudadano común es doloroso aceptar la posibilidad de que nuestros Estados, a los que identificamos de alguna forma con nuestros progenitores, puedan estar implicados en crímenes tan monstruosos.

Pero si nos desapegamos de esta postura ingenua, y estudiamos en detalle el caso, vamos a ver que la voluntad política de suprimir el disenso, aun por vías violentas, es indisimulado, sobre todo en las facciones más extremistas de la elite gobernante.

Una estadística simple nos dejará observar que hasta los setenta, las personas socialmente influyentes o bien peligrosas para el status quo tenían una alta posibilidad de fallecer violentamente en un atentado o bien en un "accidente".

Pero desde entonces, los agentes del cambio social son mucho más propensos a fallecer a consecuencia de enfermedades enigmáticas, muertes súbitas, posibles envenenamientos imposibles de rastrear, y sobre todo, cáncer.

Cuando Chávez en vida expuso la posibilidad de que hubiese un boicot contra los presidentes sudamericanos, se daba la curiosa coincidencia de que sufrían cáncer,

Posteriormente asimismo padeció un tumor Cristina Fernández, esposa de Kirchner y su sucesora. No eran todos 'peligrosos revolucionarios antiimperialistas', mas tenían algo en común:

El cómputo 3 años después:

Habitualmente, aun personas de alto discernimiento se encogen de hombros, incrédulos, frente a la insinuación de que estas cadenas de sucesos, y otras realidades sugestivas, puedan contestar a un diseño.

La contestación es obvia.

La guerra enmascarada es un término solo aplicable para inducir determinados sucesos en sigilosa reserva, enseñar un poderío disuasorio, condicionar y convencer en secreto a determinados contrincantes.

Tan pronto como un arma enmascarada se emplea abusivamente para provocar cambios violentos que son advertidos por el grueso de la población, es puesta en patentiza y deja de serlo, perdiendo su primordial valor estratégico: la invisibilidad.

Nuestro ser bioeléctrico

La base científica de las armas psicotrónicas radica en la dimensión bioeléctrica de nuestra vida.

La tierra, nuestro entorno natural, es una gran caja de resonancias, y nuestros cerebros están "sintonizados" en su frecuencia. Nuestras células se comunican entre sí a través de señales de radio. El ADN, como muestra la investigación del ruso Piotr Garvagej, es una antena que dialoga con su ambiente a través de señales y sonidos.

Biólogos y físicos coinciden: radiofrecuencias y campos imantados tienen una repercusión definitiva en los sistemas vivientes.[2]

Por eso la medicina de frecuencias ya desarrolla métodos de sanación de una extensa gama de enfermedades basado en campos pulsátiles de baja frecuencia.[3]

Así como hay campos electromagnéticos curativos, hay campos patógenos, el día de hoy conocidos como polución electromagnética. Y asimismo existen frecuencias diseñadas intencionalmente para provocar determinados daños o bien efectos. Pequeñas dosis de energía electromagnética provocan cambios en las emociones, en el funcionamiento del cerebro y la salud general de las personas.[4]

Estas ondas son direccionables a distancia, invisibles y también indetectables, lo que las transforman en la materia prima ideal de la nueva guerra fría.

Hace muchas décadas que las potencias desarrollan programas orientadas a desarrollar esta clase de armamento con fines de espionaje, defensa nacional o bien seguridad interior. Esto no es novedad para absolutamente nadie que verdaderamente estudie el tema.

Los primeros emergentes datan de mil novecientos sesenta y cinco, cuando el doctor David Krech de la Universidad de Berkeley, EE.UU., charló en el New York Times de la posibilidad de supervisar la psique con fines militares.

Años después, Paul Tyler, médico responsable de la investigación de la Marina de Norteamérica de los efectos de las radiaciones sobre los humanos, reconocería en el Centro Universitario para la Doctrina Aeroespacial que,

Elizabeth Rauscher, física nuclear del Laboratorio de Investigación Tecnológica de San Leandro (EE.UU.), fue más allí, y encontró frecuencias concretas que dejan desarrollar desde náuseas hasta estados de alegría, lo que la llevó a alardear:

Richard Cesaro, directivo del Proyecto Pandora, aceptó la posibilidad de,

Y en su proyecto trabajó el de España José Manuel Rodriguez Delgado, de la Universidad de Yale, conocido por la invención del Estimociver, un aparato que deja la estimulación del cerebro por control a distancia.

Rodríguez Delgado probó que es posible influir en el comportamiento autónomo, somático y motor, alterar manifestaciones sicológicas como la ansiedad o bien la agresividad, o bien generar una pluralidad de efectos, entre ellos agradables sensaciones, alegría, concentración, sentimientos extraños, relax, visiones de color y otras contestaciones.

Fue uno de los científicos más activos del llamado "Proyecto Pandora", que consistía en modular voces y sonidos en la cabeza de los soldados, a través de campos electromagnéticos.

Hay más, considerablemente más.

El neurocientífico Michael Persinger estudió los efectos de las radiaciones electromagnéticas para un programa de armas del Pentágono. Persinger, en una investigación publicado en mil novecientos ochenta y cinco, charló sobre la posibilidad de crear experiencias sensoriales, o sea, mentir a la psique, a través de el empleo de ondas electromagnéticas.

Persinger mantiene que cualquier estado mental puede ser creado por una fuente exterior. Y que los medios operativos para lograr ya están libres a nivel global, por el hecho de que los niveles de potencia precisos son afines a los sistemas de radio y telecomunicaciones.[6]

Los parágrafos precedentes solo son una introducción sumaria.

El canadiense John McMurtry compendia cerca de doscientos referencias técnicas, legales y bibliográficas sobre el tema, aparte de precisas descripciones sobre las bases de funcionamiento de diferentes tecnologías, en un breve artículo titulado "Patentizas de técnicas de repercusión recóndita sobre el comportamiento" [7]

No se trata de ensayos o bien teorías sin aplicaciones prácticas. Como vamos a ver, hay múltiples episodios en la historia donde estas armas se aplicaron.

Al punto que múltiples peticiones en el Parlamento europeo solicitan el día de hoy por su regulación y control.

Referencias


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