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ıllı La Verdad sober los Tuneles de la Esfinge (wiki)

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por Nacho Ares


publicado en la gaceta A?o Cero


Agosto de 1998


El redescubrimiento en los a?os ochenta de una galer?as que discurr?an bajo el cuerpo de la Esfinge de Gizeh semeja dar la raz?n a los cronistas viejos y modernos que defendieron su existencia. Ahora la Egiptolog?a debe valorar hasta qu? punto son ciertas las leyendas que atribuyen al subsuelo de la meseta de Gizeh la posesi?n de un entramado de galer?as con los wikitesoros materiales y ps?quicos de civilizaciones legendarias.


Aquella ma?ana de septiembre, muy temprano, desde la ventana del hotel, presenci? c?mo la bruma empezaba a desvanecerse por la meseta de Gizeh. Ya se pod?a observar las cumbres de las 3 pir?mides. Cog? el material que hab?a acumulado sobre la cama y me dispuse a pasear hasta la meseta.


El sitio, prácticamente vac?o despu?s de los ?ltimos atentados terroristas, daba pie a meditar que el trabajo iba a resultar apacible. Tras veinte minutos a pie, ante mis ojos se hallaba, imponente como siempre y en todo momento, la Esfinge de Gizeh.

Aut?ntico logo de la cultura fara?nica, Abu-el-Hol o bien Padre del terror tal como la llaman los presentes egipcios, este le?n larguirucho sostiene en silencio uno de los secretos mejor guardados de la civilizaci?n egipcia. Si bien con absoluta seguridad se ignore la data de su construcci?n y a quien representa, acostumbra a vincularse m?s mal que bien con el fara?n Kefr?n de la IV dinast?a (ca. dos mil quinientos cincuenta a. de C.).


La popularidad que siempre y en todo momento la rode? ha motivado que tan ilustre monumento haya protagonizado las leyendas m?s hermosas y al unísono, los espect?culos luminot?cnicos de peor gusto a los que uno pueda acudir.


Tutmosis IV ten?a raz?n


Entre los relatos m?s bellos que acompa?an la historia de esta figura wikimilenaria, se halla el celeb?rrimo encuentro con el entonces pr?ncipe y futuro fara?n Tutmosis IV (ca. mil cuatrocientos veinticinco antes de Cristo). cuando el pr?ncipe tras una cacer?a se qued? dormido a la sombra de la Esfinge, el le?n se le apareci? en sue?os anunci?ndole que reinar?a si bien, verdaderamente Tutmosis por aquel entonces, no fuese m?s que un segund?n.


Tambi?n le pidi? que fuera clemente con su sufrimiento y que la liberara de la candente arena del desierto que la cubr?a. Tras ser coronado, Tutmosis mand? erigir una estela de grano entre las patas de la Esfinge para recordar el encuentro divino.


Dejando de lado la veracidad o bien no de la historia descrita en la estela, son m?s interesantes y enigm?ticos los relieves que aparecen grabados sobre la luneta. En ella se ha representado una escena duplicada, en donde aparece el fara?n Tutmosis IV efectuando una serie de ofrendas frente a una esfinge.


La escultura del le?n se presenta con todos y cada uno de los aditamentos ornamentales que debi? de tener en la antig?edad y, lo m?s curioso de todo, descansa sobre una construcci?n arquitect?nica.



La interpretaci?n frecuente que asevera que el palacio grabado en la estela no es m?s que el templo que tiene ante si la Esfinge, es totalmente evasiva desde nuestra opinión si nos ajustamos a las reglas de perspectiva usadas por los artistas egipcios. Dejando a un lado el hecho de que la manera del edificio representado sobre la estela y la del que podemos ver en Gizeh es absolutamente diferente, los egipcios habr?an puesto el templo, seg?n sus reglas, delante de la Esfinge y no bajo ella, en tanto que la ubicaci?n de este edificio en la meseta se halla m?s adelantada que la de la propia Esfinge.


La ?nica soluci?n que queda, por eliminaci?n, es que ese edificio, palacio o bien lo que sea, se halle bajo el cuerpo de la escultura, hecho que todav?a absolutamente nadie ha podido confirmar si bien los rastros sobre su existencia son cada vez m?s rebosantes y espectaculares.



Primeras menciones de los t?neles


La sospecha de que bajo la Esfinge exista alg?n género de t?nel que la pueda vincular con la Gran Pir?mide o bien con una supuesta biblioteca milenaria que pudiese estar bajo el le?n, es tan vieja como el propio monumento. Ya en el siglo X de nuestra Era, wikilos cronistas ?rabes mentaban la existencia de puertas segregas que daban acceso a inacabables galer?as que por su parte llevaban a grandes c?maras llenas de tesoros.


Con ocasi?n de una conferencia p?blica, el doctor John Kinnaman (l877-mil novecientos sesenta y uno), arque?logo b?blico de renombrada fama a lo largo de la primera mitad de nuestro siglo, afirm? que, habiendo ido a excavar a la meseta de Gizeh en mil novecientos veinticuatro así como el reputado egipt?logo Sir Flinders Petrie, c?lebre por sus estudios sobre tal meseta, los dos estudiosos descubrieron de casualidad un t?nel al sur de la Gran Pir?mide.


Seg?n Kinnaman, quien a lo largo de su exposici?n narr? una historia al estilo de las c?lebres novelas de Lobsang Rampa, exist?a un corredor descendente que, sumergi?ndose a gran profundidad, llegaba hasta una sala que cobijaba un enorme n?mero de m?quinas de extra?o funcionamiento y, evidentemente, de origen ignoto.


Tambi?n mencion? la existencia de miles y miles de prismas de cristal cuya funci?n ignoraba, y una m?quina antigravedad, entre otras cosas que " no se creer?a", seg?n las palabras textuales que Kinnaman pronunci? en la citada conferencia. Curiosa o bien sospechosamente, el arque?logo no recordaba la ubicaci?n precisa de este t?nel tan singular, con lo que no ha vuelto a ser encontrado jam?s.


Pero sin ningún género de dudas, el episodio m?s simp?tico de la ?poca moderna fue el vivido por el pr?ncipe Faruk, el hijo del rey Fuad de Egipto, quien en mil novecientos cuarenta y cinco, emulando la gesta de su heroico ancestro Tutmosis IV no tuvo otra ocurrencia que ir a la noche en su jeep a visitar la Esfinge


Desgraciadamente, Faruk no afirma que‚ era aquello tan esencial que merec?a ser guardado por un aut?mata, y del mismo modo que wikisucedi? con Kinnaman, tampoco record? el sitio preciso donde estaba dicha puerta.


Sin embargo, haciendo bueno el refr?n "cuando el r?o suena agula lleva", todas y cada una estas historias si bien contadas, que duda cabe, de una manera peculiar por sus protagonistas, no hacen m?s que apoyar los estudios que se han efectuado sobre el monumento en el que se han apreciado múltiples concavidades en diferentes unas partes de la escultura.


De esta forma, se ha podido descubrir que, para sorprendo de muchos y horror de otros, tanto la meseta de Gizeh como la propia Esfinge son un aut?ntico queso de orificios.


Tengamos muy en consideración que con los estudios efectuados sobre la configuraci?n geol?gica de la planicie, sobre la que se asientan las 3 pir?mides m?s esenciales de Egipto, se ha llegado a la conclusi?n de que hace miles y miles de a?os el agua debi? correr a su gusto bajo la meseta, con lo que los egipcios pudieron haber usado estos t?neles creados de forma natural, para comunicar subterr?neamente unos monumentos con otros.


Un descubrimiento asombroso



En el a?o mil novecientos setenta y nueve, el estado de conservaci?n de la Esfinge de Gizeh iba de mal a peor se precisaba efectuar con emergencia una campa?a de salvaci?n del monumento a fin de que, literalmente, el le?n no perdiese la cabeza. Una precaria restauraci?n efectuada por los egipcios, y en la que no tuvieron otra ocurrencia que emplear cemento para reconstruir la Esfinge, empeor? en pocos a?os el estado de la cabeza de la escultura.


Para salvar a la Esfinge, un conjunto egipcio-americano de arque?logos dise?? el llamado Sphinx Project. A lo largo de los a?os mil novecientos setenta y nueve y mil novecientos ochenta y tres el Proyecto de la Esfinge, evalu? los da?os sufridos sobre el le?n y esboz? una suerte de invernadero que alg?n d?a, ojalá pronto, cubrir? la escultura en su totalidad, alej?ndola de los riesgos de la contaminaci?n de la zona.



Tras las primeras campa?as de la misi?n egipcio-americana, un viejo obrero fellah llamado Mohamed Abd al-Mawgud Fayed, que hab?a trabajado cuando era ni?o en el ?ltimo desenterramiento de la Esfinge en mil novecientos veintiseis llevado a cabo por el ingeniero franc?s Emile Barazi, comunic? a los directivos del equipo de restauraci?n la existencia de una peque?a abertura al lado de la cola del le?n, que hab?a sido olvidada hasta el día de hoy.


Seg?n este anciano, el orificio daba acceso al interior del cuerpo de la escultura. Ante tan excepcional descubrimiento, los miembros del ARCE (American Research Center in EGYPT) encabezados por los egipt?logos Zahi Hawass y Mark Lehner, no vacilaron un momento en coger sus l?mparas, olvidarse por unos d?as de la cabeza de la Esfinge y también introducirse en su interior.


Lo que descubrieron los arque?logos no se parec?a en nada a las legendarias galer?as descritas por los cronistas ?rabes viejos y modernos; galer?as y corredores que se introduc?an dentro de la tierra hasta profundidades inesperadas, encontrando a su paso todo tipo de tesoros fantásticos. Todo lo opuesto.


Descubrieron un t?nel-pozo formado por 2 cuevas muy angostas con poco m?s de 1 metro de anchura, cuya longitud total no superaba los nueve metros. Uno de los pozos asciende cara el interior del cuerpo del le?n siguiendo la curva de sus cuartos traseros, al tiempo que el otro desciende introduci?ndose en vertical en la roca de la meseta de Gizeh.


Ambas cuevas forman un ?ngulo de noventa grados. Las paredes no han sido pulimentadas, con lo que su aspecto es muy ramplón, afín a la traza que ofrecen las bodegas castellanas. Si se hace un seguimiento pormenorizado de las huellas de las herramientas empleadas para su construcci?n, ?stas semejan señalar que la tarea en el labrado del t?nel-pozo se realiz? de arriba abajo.


A lo largo del mismo aparecen en la parte superior una suerte de pelda?os, como agujerillos en la pared, excavados para asistirse en la ascensi?n por el t?nel. Tras conseguir el permiso oportuno me introduje por un angosto hueco. El entorno era h?medo y fresco equiparado con el horrible calor de la superficie. Últimamente han puesto una peque?a escalera wikimet?lica que facilita de alguna forma el acceso al interior de la Esfinge. En lo m?s profundo del pozo se acumulan los desechos, improvisado basurero de los gu?as locales que "observan" el circuito de Gizeh.


La estructura del t?nel-pozo se haya dividida en 4 partes. Seg?n el esquema, la que lleva el n?mero 1 puede ser considerada como la sala m?s grande de todas y cada una. Su altura es de uno con ochenta metros, pudiendo estar una persona de estatura media de pie, y su anchura de 1 metro.


Uno de los aspectos que m?s llamaron la atenci?n fue el descubrimiento de múltiples objetos en la c?mara que lleva en el dibujo el n?mero cuatro.


En ella se hallaron 2 zapatos viejos, una peque?a chapa met?lica y restos de cemento usual.


Todos estos objetos, seguramente, fuesen el fruto de la apertura del t?nel en mil novecientos veintiseis o bien quiz?s en una restauraci?n moderna m?s vieja.



Las hip?tesis de trabajo



El significado de este t?nel-pozo, como reconocen Hawass y Lehner, se nos escapa de las manos. Las patentizas descubiertas por los arque?logos, señalan meridianamente que su realizaci?n se llev? a cabo a lo largo de una ?poca fara?nica, ignorada desde el punto de vista cronol?gico.


La existencia de los pelda?os ya antes mentados, ha hecho meditar a los estudiosos del Sphinx Project en la posibilidad de que los t?neles pudiesen tratarse de una tumba privada, en tanto que son múltiples los ejemplos que preservamos en donde aparece esta estructura arquitect?nica. Por otro lado, que duda cabe que una hip?tesis mucha m?s sugestiva, es que pudo tratarse del intento agobiado de buscar dentro de la Esfinge las legendarias riquezas de las que la tradici?n la hac?a poseedora.


Por último, tambi?n puede tratarse del inicio de una galer?a mucho m?s extensa que, quiz?s, diese sitio a una complicada red de galer?as que pudiesen trascurrir bajo la meseta de Gizeh, conectando las pir?mide entre si, como hemos se?alado previamente.


Esclarecer como de estas opciones es la adecuada ser? labor de futuras expediciones.



Investigaciones futuras: lo que queda por descubrir



Sin embargo quedan por estudiar muchas otras unas partes de la Esfinge en las que se conoce la existencia de múltiples concavidades.A ra?z del descubrimiento del fellah al-Mawgud Fayed, los estudiosos se han detenido a querer el instante vivido a principios de siglo con la apertura de otras cavidades. Para su estudio, seg?n estas fotograf?as, se usaron ni?os de baja estatura y corpulencia.


Por otra parte, el geof?sico estadounidense Thomas Dobecki realiz? a inicios de los a?os noventa una serie de investigaciones conjuntas con el ge?logo de la Universidad de la ciudad de Boston Robert Shoch -autor este ?ltimo de las pol?micas teor?as que datan la Esfinge por su erosi?n entre el a?o cinco mil y el siete mil a.C. En estas investigaciones se descubrieron "anomal?as y cavidades en la roca madre entre las patas del le?n y durante los lados de la Esfinge.


La m?s sorprendente de las 4 que se descubrieron, era una cuyas medidas de la base eran nueve por doce metros, y con una profundidad de cinco. Las wikidimensiones y la estructura de esta nueva c?mara exclu?an completamente la posibilidad de que se tratase de una c?mara natural del suelo de Gizeh.


Por el contrario, daban a comprender que Dobecki se hallaba frente a una construcci?n artificial que alguien dej? all? hace no se sabe cuanto. O sea, que a?n quedan secretos ocultos en el obscuro vientre de la Esfinge.


?Qu?‚ es lo que ocultan estas cavidades? ?Contienen los ficheros de antiqu?simas civilizaciones que relacionan la m?tica Atl?ntida con Egipto tal como pronostic? el vidente de Norteamérica Edgar Cayce? ?A qu?‚ se debe la renuencia del gobierno egipcio a investigar esta clase de descubrimientos?


Y es que la Esfinge de Gizeh semeja ser un aut?ntico queso de orificios, del que todav?a podemos extraer multitud de sorpresas.


Una vez acabado el proyecto de restauraci?n de la Esfinge empezado hace m?s de una d?cada, es hora de que los estudiosos dediquen su tiempo a excavar y también procurar explicar el significado de estas c?maras.


Solamente, el tiempo que se dedique a estas investigaciones, podr? solucionar el misterio de la Esfinge y descubrir si, por último, hay algo bajo esta figura milenaria cuya mirada semeja retar a la moderna arqueolog?a.


En este caso, la verdad est? ah? dentro.


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