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ıllı LIBRO: "Defendámonos de los Dioses" (4/9) de Salvador Freixedo

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 salvador freixedo

De qué manera se manifiestan los Dioses


Mas ¿de verdad se manifiestan? Por el hecho de que el interrogante que más a menudo se escucha es: « ¿Por qué razón no se manifiestan?»

No se manifiestan (de la forma como los hombres quisiéramos que se manifestasen) sencillamente por el hecho de que no les interesa. Se manifiestan, en cambio, de otras sutiles formas con las que,

Veamos cuáles son sus formas de manifestarse.

Los Dioses se manifiestan de forma directa de 2 formas muy diferentes:


Manifestaciones privadas


Comenzaremos por examinar esta manifestación personal y también íntima, que exactamente por tener estas peculiaridades, pasa la mayoría de las veces desapercibida, no solo por la sociedad, sino más bien hasta por exactamente las mismas personas que rodean al que la experimenta.

Esta manifestación puede tener muchos grados, siendo difícilmente disimulable por la parte del individuo, cuando es avasallado y vehemente, de forma que la persona se ve como absolutamente anegada por la presencia del ser extrahumano. Mas habitualmente, la presencia del Dios se hace sentir de una forma más suave y gradual, de forma que el individuo puede de manera fácil disimular lo que le pasa.

Y al charlar de esta manera, estamos ya tratando de lleno un muy viejo fenómeno del que la humanidad ha sido testigo —un testigo asombrado— y del que ha dejado testimonio impreso en todas y cada una de las historias y literaturas, incluyendo los primeros petroglifos de los que tenemos conocimiento.

Se trata del fenómeno de las apariciones —cuando son visibles— y de la iluminación, cuando esta sucede es la interioridad del individuo.


Apariciones


Las apariciones son un fenómeno, que por mucho que ciertos lo cataloguen como algo puramente subjetivo, está presente en todas y cada una de las religiones, incluyendo la religión cristiana; y no solo en las religiones, sino más bien en las tradiciones de todos y cada uno de los pueblos del orbe. A esta altura sería absolutamente infantil el meditar que solo son verdaderas las apariciones que se dan en la religión cristiana, como sería del mismo modo ingenuo el meditar que todas y cada una de las apariciones que nos presenta la Iglesia como «auténticas» sucedieron de esta manera en la realidad.

En todo este fenómeno, considerado de una forma global, siempre y en toda circunstancia ha jugado un papel fundamental el psiquismo desajustado de bastantes personas.

Pero de lo que no se puede tener duda alguna es de que en todas y cada una de las temporadas ha habido personas dignas de toda verosimilitud que han asegurado —muchas veces con menoscabo de su fama y hasta con riesgo para sus vidas— que se les había aparecido tal o bien como entidad lumínica, encima de algún árbol o bien fuente, y que tal entidad les había comunicado un mensaje.

De ninguna forma deseo transformar este capítulo en un tratado pormenorizado sobre las apariciones religiosas o bien extrareligiosas, mas no tengo pero antídoto —si deseo dar algún fundamento a la manifestación de los Dioses entre nosotros— que indicar ciertas características particulares o bien de los tópicos de estas apariciones de seres extrahumanos.

Si el lector ha sido en alguna ocasión apasionado a leer historias o bien vidas de Santos (y no exactamente de tiempos recónditos sino más bien contemporáneos a nosotros, como son las vidas de San Juan Bosco, San Antonio Ma. Claret, el Padre Pío, Fátima, Garabandal, etcétera) allá va a haber podido ver muchas de estas características particulares, aceptadas y bendecidas por las autoridades eclesiásticas, que no solo no tienen dudas sobre ello sino además de esto las utilizan para persuadir a los fieles de la verdad de la doctrina que predican.

Y como detalle de enorme relevancia, podemos agregar que estos hechos con idénticas características particulares, se dan en todas las otras religiones en las que vemos a sus Santos varones visitados por «Dios» o bien por sus mensajeros, como desee que estos se llamen, de conformidad con las múltiples religiones en que la humanidad está dividida.

Muchos de estos videntes no solo ven, sino asimismo oyen, palpan y perciben olores de los enigmáticos visitantes. En ocasiones aun reciben, salidos de la nada, objetos que les son entregados. Como algo sospechoso, deberemos agregar que con gran frecuencia determinados detalles a primer aspecto insignificantes, se repiten en apariciones de muy diverso tipo: los videntes acostumbran a estar orando o bien cuando menos, retirados; no es extraño que estén abstraídos, en un estado de semisomnolencia, tumbados en cama o bien acostados en el campo; muy frecuentemente la visión ha tenido sitio en una gruta, cerca del agua o bien encima de algún arbusto, apareciéndose el ser reiteradamente y en datas periódicas anteriormente fijadas.

Parece que todos estos «detalles» predisponen las psiques de los videntes y las sintonizan con la frecuencia en que operan las respectivas apariciones, facilitando de esta forma la visión y la comunicación.


Iluminaciones


Si bien podríamos extendernos mucho describiendo este enigmático y también muy, muy interesante fenómeno de las apariciones, como ya lo hemos tratado más a fondo en otra parte («Visionarios, Místicos y Contactos Extraterrestres») preferimos detenernos más otra de las formas privadas que los Dioses tienen de manifestar la llamada «iluminación».

Si bien es verdad que en la mayor parte de los casos en que hay una aparición, esta va acompañada de una iluminación o bien ilustración de la psique del vidente, no obstante muy frecuentemente no de esta manera, ocurriendo la iluminación sin que haya tenido sitio aparición alguna. Como ya apuntamos más arriba, la iluminación puede se repentina o bien puede ser progresiva.

En las iluminaciones repentinas el sujeto se siente repentinamente anegado por una dicha que empapa no solo el espíritu, sino lo cala hasta los rincones pero profundos de su cuerpo; y así como ese sentido de dicha inefable, el humano siente su psique y su inteligencia súbitamente ampliada con conocimientos que jamás ya antes había tenido y de los que ahora se siente seguro.

Naturalmente, el individuo relaciona lo que siente por la parte interior, con lo que está viendo; y siendo tan arrebatadora la experiencia por la que pasa, no puede menos de relacionar la persona que ve, con Dios o bien con algo que procede muy de manera directa de Dios. Ante tanta dicha y tanto sorprendo, la capacidad crítica del vidente se hace nula, y ni por un momento; duda de que aquello que tiene delante, que es capaz de ocasionar en él tal transformación, no sea algo divino o bien Dios mismo.

El que desee estudiar a fondo todo este fenómeno, debería leer a un autor tradicional en estas materias que desgraciadamente es poquísimo conocido en el planeta hispano parlante; me refiero a William James —uno de los progenitores de la moderna psicología— y a su libro: «Variedad de las experiencias religiosas» en el que desapasionadamente y de una manera objetiva y magistral hace un análisis pormenorizado de todo este fenómeno al que relaciona con el misticismo cristiano, la llamada «santidad», los estados de trance, etcétera

W. James, pese a no proceder del campo religioso y de dictar sus clases en una Universidad laica, no obstante no duda de la realidad de las transformaciones instantáneas de muchos de estos alumbrados —algunos de los que eran amigos de él y miembros de la nobleza inglesa— y en lugar de negarse a escuchar o bien de percibir las informaciones con la sonrisa con que lo hacen muchos de los autollamados «científicos», estudió a fondo a lo largo de muchos años todos estos estados perturbados de conciencia llegando a conclusiones muy interesantes que es lástima ignoren la mayor parte de los teólogos y autoridades eclesiásticas.

El fenómeno sicológico de la iluminación, en tiempos pasados estaba muy relacionado con la conversión religiosa y estaba muy condicionado a la presencia o bien a las prédicas de algún gran reverendo o bien Santo. Hechos de esta clase abundan y sobreabundan en las vidas de todos y cada uno de los Santos y no vacilamos por un instante de que realmente haya sido de esta forma. No solo los aceptamos, sino los extendemos a campos y circunstancias extrañas a lo religioso, si bien entonces reciban otros nombres.

En la actualidad este proceso de iluminación se prosigue dando, mas en una sociedad considerablemente más secularizada y también independiente de la repercusión religiosa, ya no está tan íntimamente relacionado con opiniones teológicas y sí más con ideologías esotéricas, y filosofías orientales panteístas o bien galácticas. Si bien hay que aceptar que aún —sobre todo en ciertas sectas protestantes— el fenómeno de la iluminación está totalmente mezclado con lo religioso recibiendo entre ellos el nombre de «conversión», «bautismo del Espíritu Santo» o bien «nuevo nacimiento».

En la actualidad, en las personas de una mentalidad liberal o bien agnóstica, mas con un grado alto de cultura y dotadas de una enorme sensibilidad cara la naturaleza (y muy especialmente entre aquellas influidas por las filosofías orientales, y practicantes de algún género de meditación, conforme con estas filosofías), cuando se da el fenómeno de la iluminación, este no acostumbra a tener las connotaciones religiosas que son usuales entre las personas menos letradas, y no acostumbra a impulsar al individuo cara una corroboración o bien admisión de semejantes opiniones, sin que le haga identificar la experiencia con algo «divino», «religioso» o bien «sobrenatural».

Por lo general, el individuo de estas peculiaridades que experimenta la iluminación, si ve alguna entidad lumínica no la acostumbra a identificar tan de forma fácil con Jesucristo o bien con algún personaje de la teología cristiana; y en lo que se refiere a la paz y dicha interna de que igual psique se siente anegado, la atribuye más bien a una comunión con el Universo o bien con la Gran Inteligencia difusa en todo el cosmos, a la que no va a tener inconveniente en identificar en último caso con la Primera Causa.

Pero en el fondo, tanto los hechos externos al sujeto como el mecanismo sicosomático envuelto en todo el proceso, son los mismos, sea que se den en el entorno religioso o bien fuera de él, y da lo mismo que ocurran en seno del cristianismo o bien en una cualquiera de las otras religiones. La iluminación, en resumen de cuentas, es un fenómeno trascendente pues el humano brinca de forma involuntaria la barrera cara otras dimensiones o bien niveles de existencia. Realmente es forzado a saltar sin que le quede otra opción alternativa, frente a lo que se presenta en frente de sus sorprendidos ojos.

Entre los místicos católicos nos hallamos con ciertos de ellos que se resistía con sus fuerzas a esta invasión (si bien pensasen que procedía de Dios) de sus mentes; mas al tiempo nos hallamos con que «Dios» terminaba siempre y en toda circunstancia por vencer esta resistencia y apropiarse por completo del ánima del místico.

En realidad este es el fin y el motivo de todo este fenómeno: la posesión del ánima del vidente.

En la teología cristiana, cuando el creador de semejante violación es «el Maligno», entonces no hay inconveniente en llamarle meridianamente «posesión diabólica»; mas cuando exactamente la misma violación es practicada por «Dios», entonces se le llama «éxtasis» o bien «arrobamiento».

Pero no debemos olvidarnos de que estamos presentando el fenómeno de la iluminación — no importa el nombre que se le dé— como una de las formas que los Dioses tienen de manifestarse a los hombres; si bien, como después vamos a ver, esta manifestación no es un acto altruista de ellos «para darse a conocer» o bien para «ilustrar al hombre», sino es un acto para dominar al hombre y ponerlo a su servicio; es una genuina violación de su psique con la que la condicionan a fin de que después trabaje en las labores que le asignarán (evidentemente, creyendo siempre y en todo momento el hombre, que está actuando con una voluntad plenamente libre y en pro de nobles causas, dignas y hasta santas).


La «escritura automática»


Por ser un fenómeno muy similar a la iluminación y por ser, al tiempo, otra forma privada de manifestarse los Dioses, afirmaremos algo de la llamada «escritura automática».

Este traidor fenómeno, tan propenso a hacer entusiastas y que ha tenido y tiene engañadas y esclavizadas a tantas personas, consiste en percibir del «más allá» mensajes y comunicaciones de muy diverso contenido y de una forma concreta. Los mensajes en ocasiones son oídos meridianamente por el humano (que enseguida los pone por escrito), mas más habitualmente no son oídos sino es la mano la que los percibe de manera directa, poniéndose esta en movimiento y escribiendo de una forma automática, sin que la psique sepa qué la mano escribirá.

Ante un fenómeno tan extraño, lo más normal es que el sujeto que lo experimenta piensa que ha sido «escogido» y se ofrezca voluntaria y alegremente a hacer su papel de receptor y de intercesor.

Pero la triste verdad es que es víctima de un abuso y de una incorrecta intromisión en sus procesos mentales. Muy seguramente cuando en el futuro desee sublevarse contra tal papel de «mediador» o bien de «receptor» ya le va a ser absolutamente imposible y contra su voluntad deberá redactar horas y horas, «mensajes» que lo mismo pueden ser de las más preciosas concepciones filosóficas, místicas o bien poéticas que estar llenos de groserías y necedades sin ningún sentido.

También es usual que al comienzo de la experiencia los mensajes que reciben sean positivos, mas conforme pasa el tiempo se vayan haciendo vulgares.

Lo malo de ello es que bastante gente pasa de manera automática de la indiscutible realidad objetiva del fenómeno, a atribuirle una bondad y una utilidad que dista mucho de tener.

Una de las cosas que más anuda la psique de los que practican la escritura automática son las «profecías» que a través de reciben. Al ver que ciertas de ellas (de ordinario insignificantes y' sin relevancia) se cumplen tal y como habían sido pronosticadas, caen en la trampa de pensar que las más esenciales se marchan a cumplir de la misma manera, cosa que reiteradamente se ha comprobado no ser verdad.

Estas «profecías» esenciales acostumbran a referirse prácticamente sin salvedad a grandes catástrofes. No obstante, a pesar de su reiterado incumplimiento, los receptores de estas «profecías» proseguirán impertérritos recibiendo «mensajes» en los que se les explica por que no se cumplió la premonición y para en qué momento se ha postergado el cataclismo.

Un perfecto ejemplo de lo que decimos lo tenemos en el creador francés Maurice Chatelain. En su libro «El fin del mundo» podemos ver de qué manera un científico de primera categoría como (trabajó muy activamente en la NASA en el Proyecto Apolo) cae en la trampa de la «escritura automática» y nos afirma las increíbles cosas que podemos leer en su libro. Al lado de su indiscutible erudición, de la que hace gala en los muy, muy interesantes datos científicos que nos da, tenemos «profecías» como la que nos afirma que en el año mil novecientos ochenta y dos, si no ocurría el fin del planeta, habría grandes cataclismos.

Y en el año mil novecientos ochenta y dos no hubo cataclismos expepcionales de la misma manera que no los va a haber en mil novecientos noventa y nueve, ni en el año dos mil ni en ninguno de los años que Chatelain nos señala.

Emmanuel Swedenborg, otro científico de primerísima línea en su tiempo, (siglo XVIII), que fue asimismo víctima involuntaria del mismo fenómeno, fue más crítico en sus consideraciones y nos dejó este incalculable consejo:

 

Efectos de la iluminación


Dejemos para más adelante los fines que los Dioses se plantean con estas iluminaciones y profundicemos en de qué forma se realizan; esto es, de qué manera consiguen la bastante difícil labor de romper la barrera que los aparta de nosotros y de lograr manipular nuestra psique y ponerla a su servicio, y todo esto sin que nos demos cuenta.

En realidad llegan todavía a más: han logrado desde ya hace milenios, no solo que no nos demos cuenta de su manipulación, sino las autoridades y poderes constituidos silencien de mil sutiles o bien violentas formas las voces de todos los que denuncien tal situación.

Recuerdo que en mis estudios de teología en la universidad de Comillas, el maestro del tratado «de Ecclesia», hacía mucho hincapié en la relevancia de la palabra de Cristo «mazeféusate», que traducida del heleno, significa «haceos discípulos», mas en un sentido activo, o sea, «lograd que otros se hagan acólitos vuestros».

En la nueva teología de los Dioses, esta palabra prosigue teniendo una afín relevancia.

Cuando años después me sumergí en el estudio del fenómeno objeto volador no identificado, me quedé pasmado al comprobar la relevancia que a esta idea —aunque esté enunciada en palabras vernáculas— le asignan los enigmáticos visitantes extraterrestres. Tanto , como los que se presentan bajo formas divinos o bien sagradas en las apariciones, hacen un tremendo hincapié en la coyuntura de «hacer grupos» y de «crear discípulos»; y en verdad, todos y cada uno de los videntes, contactados o bien alumbrados, tienen una gran sencillez para captar adeptos y para transformarlos a su forma de meditar.

Esta es una cualidad concreta y muy, muy curiosa de todos estos tocados de los Dioses.

Por ser una cosa a la que atribuyo una suma importancia, voy a detenerme a explicar algo que hasta el momento no he visto jamás suficientemente esclarecido: el mecanismo por el que los alumbrados de todos y cada uno de los tiempos han sido capaces de captar su causa —por descabellada que esta fuese— a una multitud de adeptos, a los que terminan transformando en entusiastas, carentes de criterio.

Cuando un humano tiene una aparición real de algún tipo (descarto acá a todo género de psicóticos y desvariados con sus visiones puramente subjetivas), su psiquismo tiene o bien padece unas profundas perturbaciones, si bien esto no sea perceptible sencillamente. Realmente, deberíamos decir «cuando un humano es víctima de una aparición», por mucho que en esta aparición piensa que el que se le ha aparecido es Dios, y por mucho que haya sentido su ser anegado por la presencia divina.

Como afirmamos más arriba, se trata nada más y nada menos que de una violación psíquica y en gran par asimismo física.

La perturbación más profunda que sufre es en su cerebro, y hecho con el tiempo, con una gran frecuencia, los que han sido víctimas de un fenómeno de esa clase, acostumbran a acabar sus días bastante desquiciados, cuando no han optado por quitarse la vida o bien por desamparar por completo a su familia, profesión, etcétera Mas en un comienzo, esta perturbación solo se echa de ver en un sentido positivo, esto es, se aprecia en ellos una ampliación de su inteligencia y unas cualidades mentales que no tenían ya antes de la experiencia

Si tuviésemos aparatos suficientemente sensibles, podríamos percibir en los cerebros de semejantes individuos unas ondas que no existen en los cerebros de los humanos normales. Es de más sabido que el cerebro genera distintas clases de ondas eléctricas Lo que no es tan sabido es que la cantidad de ondas distintas que el cerebro puede generar es mucho mayor de lo que los electroencefalógrafos pueden registrar.

Los electroencefalógrafos, por poner un ejemplo, no registran las ondas a través de las que el cerebro de una madre —humana o bien animal— está unida a su recién nacido; ni las que unen a hermanos gemelos univitelinos, por poner solo 2 ejemplos que han sido reiteradamente verificados en laboratorio.

No importa a qué distancia estén ubicados, cuando el recién, nacido o bien el hermano gemelo padecen alguna fuerte excitación, ineludiblemente el cerebro de su madre o bien de su hermano lo captarán, si bien tal captación no llegue a un nivel consciente. Las pantallas de los oscilógrafos se ocuparán de señalarnos con toda claridad, el bajonazo repentino que el patrón normal de sus ondas padece en el preciso instante en que ocurre la excitación. Este bajonazo es una señal indudable de que un cerebro está captando las ondas que el otro cerebro está emitiendo.

Pues bien, los cerebros de determinados individuos, (individuos que la parasicología llama «psíquicos», la religión «místicos», el espiritismo «médiums», la ovnilogía «contactos», y llamamos con el término genérico de «iluminados») emiten todos, sin salvedad, y de una forma considerablemente más rebosante y fuerte de lo que lo puede hacer una persona normal, un género de ondas —con una frecuencia y longitud específica— que tienen poder para trastocar —de una forma inconsciente— todo el mecanismo cerebral de los «discípulos» y seguidores más allegados.

Es exactamente el mismo fenómeno que sucede cuando a un instrumento eléctrico altamente sensible, se le hace trabajar cerca de algún aparato con un campo eléctrico grande, o bien se le hace usar una corriente que no tiene el voltaje o bien el ciclaje concreto que ese instrumento requiere.

Probablemente el instrumento empezará a trabajar erráticamente: si es un instrumento para medir, empezará a dar medidas falsas y si es un instrumento para reproducir voces, seguramente empezará a producir una voz cuyo timbre, tono o bien entonación es absolutamente diferente al de la voz original.


Mecanismo para captar discípulos


Esta es, nada más y nada menos, la clave para explicarse el porqué de esa indiscutible y común capacidad de «hacer discípulos» que tienen todos estos soñadores, por mucho que sus ideas sean absurdas o bien repugnantes al común sentir de las gentes.

El cerebro del «maestro» o bien del «vidente», como una poderosa transmisora, y de una forma absolutamente automática y también inconsciente, manda al aire sus ondas que hacen el efecto de un auténtico bombardeo en el cerebro ya condicionado de sus acólitos. Es un bombardeo de tipo físico, a nivel subatómico, de la misma manera que lo son los rayos X o bien gamma, que termina por trastornar todo el proceso de cerebración del que se expone reiteradamente a él.

En ciertas ocasiones, el verbo trastornar hay que tornarlo en su significación más radical puesto que el acólito termina completamente desquiciado; mas en la mayor parte de ellas, la cosa no llega a tanto y los acólitos, lo único que hacen es perder su capacidad de crítica, rindiendo por completo su psique a las doctrinas del «maestro».

Casos como el de Converses Manson (el asesino de la actriz Sharon Tate) son aparte de muy abundantes, una prueba total de lo que decimos.

El proceso físico envuelto, es algo muy muy conocido en Electrónica: la onda predominante termina imponiendo su ritmo a todas y cada una de las más enclenques, haciendo que estas vibren en la frecuencia de ella. Aplicado a nuestro caso, las ondas cerebrales del «maestro» terminan, con el tiempo, imponiendo su ritmo en los cerebros de los acólitos, haciendo que las ondas de estos entren en sintonía con las de él, con lo que sus ideas son aceptadas como algo absolutamente natural.

Si bien es verdad que este proceso es de ordinario paulatino, en algunos casos, especialmente cuando está uno frente a un gran psíquico con una enorme capacidad de radiación o bien de emisión, este proceso puede ser fulminante, consiguiendo conversiones o bien adhesiones instantáneas, incluso ya antes de haber pronunciado el profesor una sola palabra. El cerebro es perjudicado sin que el individuo se dé cuenta, de una forma semejante a como es perjudicada la psique a través de los mensajes subliminales: esto causa que poquito a poco el acólito vaya aceptando las ideas que le van siendo implantadas por el profesor hasta llegar a aceptarlas como algo totalmente natural y lógico, por ridículo que sea.

Uno se pasma, muy frecuentemente, cuando ve a profesionales y personas inteligentes, absolutamente fanatizados por sectas y conjuntos que defienden ideas completamente insostenibles o bien, por lo menos, repelentes y secas.

Los Testigos de Jehová y el Opus Dei son 2 ejemplos que caen de lleno en lo que estamos diciendo; en los últimos, nos hallamos con la fuerte personalidad psíquica de «el Padre»: para uno que no estuviera atrapado por las fuertes vibraciones que procedían de su psiquismo, era incomprensible contemplar de qué manera aquel hombre, con las vulgaridades que afirmaba y con sus gestos más bien timoratos, era capaz de tener embelesados a ilustres profesionales que lo proseguían de forma ciega, distando ciertos poquísimo de adorarlo en vida.


Contagio psíquico


En lo que se refiere a los Testigos de Jehová, su capacidad de «hacer discípulos» —a pesar de lo seco y hasta absurdo de sus doctrinas— es una cosa que debería hacer meditar a las jerarquías de la Iglesia. En ellos, como en otros muchos reverendos entusiastas de sectas, está presente el proceso llamado «contagio psíquico».

(Además de otros factores, como son la vacuidad espiritual en que están caídos la mayor parte de los cristianos, y la insistente machaconería de los Testigos, que si se salvan por apóstoles, les darán algún castigo por pesados).

En el «contagio psíquico» no se requiere la presencia inmediata de un enorme «maestro»; el proceso es, tal y como su nombre señala, paralelo al contagio de una enfermedad a través de un virus o bien una bacteria. La onda cerebral impuesta por el enorme profesor de la secta, se ha ido haciendo prevaleciente y común en los cerebros de todos y cada uno de los acólitos, y prosigue preservando su eficiencia, si bien naturalmente no con exactamente la misma fuerza que tenía cuando salió de la psique del «fundador».

Un ejemplo preclaro y trágico de todo este extraño y complejo mecanismo psíquico lo tenemos en el terrible suicidio de la Guayana en el año mil novecientos setenta y nueve. Uno naturalmente se pregunta: ¿de qué forma posiblemente novecientas personas sean capaces de ingerir veneno, solo por el hecho de que un líder religioso les afirme que con esto lograrán su salvación eterna?

Y aún se sorprende uno más cuando se entera de que entre los suicidas hubo múltiples madres que ya antes de poner punto y final a su vida, fueron con todo cuidado introduciendo en la boca de sus bebés el veneno mortal, hasta el momento en que los vieron ya muertos; ¿qué motivación o bien idea, en la psique de estas mujeres, fue capaz de sobreimponerse al fuerte instinto materno?

La explicación de todo este misterio es solamente la que señalamos más arriba: las potentes ondas cerebrales de su desquiciado «maestro» —el Reverendo Jones— habían dominado por completo los ritmos cerebrales de sus acólitos y habían hecho posible que estos aceptasen como cosa natural sus anormales ideas.

Este fenómeno, si no con la virulencia y la desnudez con que lo vemos en la Guayana, se ha repetido al paso de los siglos en incontables ocasiones. Toda vez que durante la historia nos hallamos con un líder de ideas extrañas (y ha habido incontables), y en ocasiones no tan extrañas, seguido de una multitud de incondicionales prestos a dar la vida por esas ideas, debemos sospechar que estamos frente a un fenómeno semejante al que estamos considerando.

(Conforme las opiniones de la «Hermandad de la Muerte Roja» finales del pasado siglo en Rusia, el planeta iba a acabarse en el mes de noviembre de mil novecientos. Como, llegada la data no pasó nada decidieron fallecer en la fogata. Ni cortos ni perezosos hiciere una enorme pira y a ella se lanzaron ochocientos sesenta y dos de sus seguidores. Cuando llegó la policía ya más de 100 estaban totalmente calcinados).

Este fenómeno —cuyas consecuencias son sin duda sociales, psíquicas, sentimentales y espirituales— es tan físico en sus orígenes, que les aconsejo a los progenitores de adolescentes (y incluso a quienes no tengan una personalidad muy hecha) que no dejen a sus hijos acercarse o bien estar demasiado en con tacto físico con cualquier clase de líder exaltado que defienda ideas extrañas. Si bien pueda sonar a algo supersticioso similar a la magia, la cercanía física tiene mucho que ver en este fenómeno.

El «iluminado» —sobre todo si lo ha sido de una forma violenta— emite en torno a sí un «campo» de irradiación que en nada se distingue de los campos físicos de que nos habla la moderna ciencia física. Y el lector ha de saber que hay aparatos utilizados en las ciencias parafísicas que son capaces de registrar semejantes «campos».

Las psiques no preparadas corren un serio riesgo en presencia o bien en la cercanía física de estos potentes transmisores, y más si sus psiques han sido anteriormente condicionadas por propagandas y también imágenes de los medios masivos de comunicación. No extraña que en muy breve tiempo, la psique de un joven sea absorbida por el vórtice de las ideas del «maestro», mudando radicalmente su forma de meditar y de actuar.

En los E.U., el caso de miles y miles de jóvenes que han descuidado sus hogares por proseguir a uno de estos alumbrados, y han rechazado a sus progenitores y empezado a llevar una vida completamente desquiciada, se ha transformado en un grave problema social contra el que las autoridades han empezado a tornar medidas.

Los individuos encargados de rehabilitar a estos jóvenes, se llaman desprogramadores y en escaso tiempo han ido brotando varias escuelas para su preparación; (si bien debamos decir que en ciertos casos los métodos de desprogramación son precisamente iguales que los de programación, mas al contrario. Total, que la psique humana es más manipulable de lo que suponemos).

Conozco el caso de un siquiatra veterano y muy ilustre en su profesión que mientras que estudiaba en la isla de Trinidad los métodos para entrar en trance y los estados perturbados de conciencia de determinadas tribus negras, súbitamente sintió de qué manera su cerebro empezaba a probar unos cambios muy extraños, al tiempo que sentía un fuerte impulso para incorporarse a la danza, que acompañada de un monótono canturreo, hacía ya múltiples horas estaba desarrollándose ante él.

A pesar de su veteranía, su cerebro quedó sintonizado con la onda dominante —y completamente alienadora— que existía en aquel sitio. Si esto es capaz de conseguirse en el cerebro de una persona adulta y de sólidas ideas, imagine el lector lo que va a poder pasar en el cerebro de un adolescente o bien de una persona susceptible.

Y realmente no debemos imaginarlo; las escenas que en tantas ocasiones hemos visto en el cine y en la TV, de cientos y cientos de adolescentes en trance histérico, llorando ante melenudos estridentes que esgrimen una guitarra mientras que con los ojos en blanco y con contorsiones de posesos ululan una canción, son una demostración perceptible —y por desgracia audible— de este fenómeno que estamos examinando.

La música rock, que como una ola ha invadido el planeta capturando las psiques y los gustos de los jóvenes, es asimismo enormemente propiciadora de estos estados perturbados de conciencia. Sus habituales cualidades (ritmo monótono, volumen atronador, falta de contenido ideológico y incluso sentimental, contorsiones furiosas, reiteración irracional hasta dejar exhaustos a los participantes) son exactamente los mismos elementos que hallamos en los ritos y danzas sagradas de todas y cada una de las religiones primitivas.

Personalmente debo aseverar que a veces mientras que asistía a largas sesiones de los más extraños ritos y opiniones, solamente con la intención de estudiarlos y de observarlos de cerca, he debido menear de forma fuerte la cabeza, haciendo al tiempo un acto de autoidentificación, para despejarla de un extraña modorra que empezaba a invadirla.


Cualidades naturales de la mente


Hasta acá el mecanismo que nos explica por qué razón los alumbrados hacen con tanta sencillez discípulos; mecanismo que, paradójicamente, va a poder muchas veces explicarnos asimismo el fenómeno contrario, esto es, por qué razón muchos de ellos hallan una oposición tan fuerte, que no extrañamente ha terminado con la muerte de ellos y de sus seguidores.

La pregunta que cabe ahora es de dónde les viene a estos individuos esa capacidad de producir semejantes ondas cerebrales. No debemos olvidarnos que muchos de ellos empezaron a desarrollar todo género de cualidades paranormales —además dé la capacidad de Atraer discípulos— justo después de tener la visión, el contacto con el objeto volador no identificado, la aparición del Dios, o bien la iluminación interior. Cabe por consiguiente inferir que semejante capacidad les fue dada por aquéllos —quienesquiera que sean— que se les manifestaron, si bien prescindamos ahora de profundidzar en las razones de por qué razón se la dieron.

Sin embargo, sí va a haber que apreciar que los Dioses no son los responsables totales del fenómeno de la irradiación excepcional de los cerebros de los alumbrados. Todos y cada uno de los hombres tenemos, en mayor o bien menor grado, la capacidad de producir unas determinadas ondas que son captables por otros humanos y incluso por los animales, tal y como ya señalarnos previamente, y tal y como la parasicología ha probado muy frecuentemente y con diferentes ensayos.

Los hombres, especialmente cuando nuestro cerebro está vibrando a un ritmo aproximado de diez ciclos por segundo, tenemos esta cualidad y otras muchas, en tanto que es una pasmosa verdad, hasta el momento poquísimo famosa por los hombres, que el cerebro humano, cuando vibra cerca de los diez ciclos por segundo, es capaz de influenciar, a nivel subatómico, cualquier materia viviente; teniendo en ese estado unas cualidades increíbles, de las que por desgracia la mayor parte de los hombres no se aprovecha por ignorarlas.

Teniendo esto en cuenta, lo único que los Dioses hacen es favorecer ese nivel vibrátil del cerebro (cosa que es bastante simple de lograr) y fortalecerla al límite. Esto, en la mayor parte de los casos; mas cuando desean preparar a algún individuo para una misión mayor o bien singular, entonces le comunican a través de meDios que nos son ignotos, otros poderes con los que les va a ser más simple captar su causa a los sorprendidos humanos.

Los grandes taumaturgos (y naturalmente los grandes avataras como Cristo, Krishna, Buda, Quetzalcóatl, Viracoha, Sai Baba en nuestros días, etcétera) de todas y cada una de las religiones, son ejemplos de esto último.


«Inspiraciones» y «ayudas» a individuos


Empezamos el capítulo diciendo que los Dioses tenían formas diferentes de manifestarse y las dividimos en primer lugar en manifestaciones públicas y privadas.

Hasta ahora hemos estado examinando 2 formas privadas y directas de manifestarse: las apariciones —de las que charlamos poco por el hecho de que ya he tratado este fenómeno en otro libro—, y las iluminaciones. Aún nos queda otra forma privada, si bien más prudente y también indirecta, de manifestarse los Dioses a los mortales.

Esta otra forma es una suerte de iluminación, mas con sordina. Podría llamarse «inspiración» o bien «sugestión», y no tiene peculiaridades de fenómeno excepcional en la vida del hombre que recibe la inspiración o bien la sugestión.

Los Dioses, en un caso así, emplean medios considerablemente más normales y menos violentos para la psique del humano; realmente, emplean exactamente los mismos medios que un hombre utilizaría para intentar que otro hombre actuara de cierta manera; si bien como es natural, lo hacen de una forma más perfecta y contundente, sin descartar que a veces empleen procedimientos subliminales, de los que el hombre no es capaz.

El caso es que eligen a ciertos hombres o bien mujeres (naturalmente sin que se den cuenta, y acá reside la diferencia esencial con la iluminación) a los que insuflan o bien inspiran, en ocasiones de una forma reservada mas incesante, y en ocasiones de una forma más vivida, alguna idea, sistema o bien reforma a fin de que ellos desde sus puestos en la sociedad, la pongan en práctica. En ocasiones los hombres escogidos no tienen todavía esos puestos privilegiados en la sociedad, y entonces exactamente los mismos Dioses, asimismo de una forma reservada y muy «naturalmente», les van abriendo camino a fin de que los consigan.

Tal es el caso de muchos políticos, militares, reformadores escritores, etcétera, si bien estoy lejísimos de meditar que todos aquellos líderes que la sociedad ha tenido y prosigue teniendo, deban sus ideas y sus actuaciones en la vida de sus pueblos, a «sugerencias» de los Dioses. Estoy convencido de que muchos de ellos han llegado a sus ideas y a sus puestos, debido solamente a procesos perfecta psique naturales y humanos sin intervención ninguna extrahumana.

Sin embargo no estoy tan seguro de que la historia', humana sea tan humana como creemos, y más ante hechos tan extraños como los que en estos días nos ofreciendo Israel y los no menos extraños que el pueblo judío nos ha ofrecido en su larga historia.

Cada vez se arraiga en mí más la convicción de que la descabellada historia humana no es tan humana como creemos, y de que se le puede aplicar la bíblica oración que Paulo IV afirmó frente a la constitución de la orden jesuítica que le presentaba San Ignacio de Loyola:

Pero en el caso de la historia humana, un Dios con minúscula y en plural. Y con un dedo muy retorcido.


Manifestaciones públicas


Afirmamos al comienzo del capítulo, que los Dioses manifiestan formas privadas de manifestarse, si bien ciertas fueran indirectas. Examinemos ahora sus formas públicas de presentarse, y para esto deberemos rememorar lo que sobre esto afirmamos en el capítulo primero, cuando charlamos del fenómeno objeto volador no identificado.

Pues lo cierto es que el fenómeno objeto volador no identificado, considerado en su profundidad y no con la infantilidad con que en la mayor parte de las veces acostumbra a ser considerado, es la manifestación pública más patente y la prueba más específica de la presencia de los Dioses entre nosotros; ahora y en siglos pasados.

El que crea que todo cuanto se refiere a los ovnis es una alucinación, etcétera, etcétera, está totalmente equivocado y, a esta altura, cuando el fenómeno ha sido investigado a fondo y aireado por todos y cada uno de los medios y cuando se han publicado sobre él cientos y cientos de libros, los que aún prosiguen pidiendo pruebas prueban tener una cabeza bastante pequeña y bastante cerrada, por muchos títulos académicos que tengan.

Otro caso muy, muy diferente, es el de los que se niegan a admitir las explicaciones que se le acostumbran a dar a todo el fenómeno; hablando de una forma general, llevan razón para no admitirlas.

Estas formas públicas de manifestarse los Dioses, son diferentes. En ocasiones tienen una apariencia religiosa y en el fondo son lo mismo que las apariciones de las que charlamos, si bien ahora nos referimos de una forma singular a aquellas manifestaciones religiosas masivas y públicas, tal y como las apariciones de Fátima, con su conocido «milagro del sol», presenciado durante más de 100 mil espectadores, y las muy abundantes apariciones de Santos, ángeles vírgenes, y toda suerte de personajes sagrados en todas y cada una de las religiones, que han tenido y prosiguen teniendo sitio ante miles y miles de espectadores.

Aunque en todas y cada una de las religiones respectivas, sus fieles piensen que se trata de los personajes que en ellas se presentan, tenemos razones de sobra para sospechar que no se trata de los personajes que en apariencia se manifiestan, sino más bien de los seres de los que venimos hablando y a los que llamamos Dioses, que son exactamente las mismas inteligencias que están tras el «fenómeno ovni», que adoptan la manera y la apariencia de las personas santas reverenciadas en aquella religión o bien zona.

A lo largo del libro, el lector va a ir viendo las razones que nos asisten para meditar de esta manera.

En otras ocasiones, las apariciones públicas de los Dioses son solo manifestaciones indirectas, si bien de gran extensión, tienen más bien apariencia de fenómenos atmosféricos o bien meteoros debidos a causas naturales, por servirnos de un ejemplo, enormes explotes en espacio (para las que ni las autoridades eficientes —Fuerzas Aéreas, etc.— ni la ciencia, tienen explicación alguna), grandes incendios, temblores de tierra muy localizados, etcétera Se ha llegado esta certidumbre por el hecho de que en no pocas ocasiones se ha podido revisar, sin duda, la relación que había entre estos fenómenos y los objetos volantes no identificados.

Otra forma pública de manifestarse los Dioses es en forma de viajantes extraterrestres que nos visitan, provenientes de otros lugares del Universo, a bordo de unas muy, muy veloces naves de forma ordinariamente discoidal y que el pueblo conoce por el nombre de «platillos voladores». Esta es la manera pública más frecuente que tienen de manifestarse en los tiempos modernos y la más admitida entre los interesados en el fenómeno objeto volador no identificado.

Como ya hemos dicho, si bien en las apariencias y conforme lo que mismos nos afirman, se trate de puros visitantes extraterrestres, hemos llegado a la conclusión de que realmente estos seres —procedan de donde procedan— son exactamente los mismos que en la antigüedad se presentaban a todos y cada uno de los pueblos y les afirmaban que eran Dioses, exigiéndoles veneración y obediencia.

Por último, asimismo se presentan de una forma pública, haciéndose perceptibles a un mayor o bien menor número de personas, bajo la manera de distintos personajes exóticos, tanto bajo apariencias aproximadamente humanas como en forma animalesca. El folclore de todos y cada uno de los pueblos y de todos y cada uno de los tiempos, está repleto de estos personajes pintorescos y enigmáticos.

Y acá debo confesarle al lector, que yo por un buen tiempo rechacé por completo y no acepté la existencia real de estos personajes de historia de leyenda, mas el día de hoy estoy absolutamente seguro de su realidad; si bien debamos agregar que esta no es precisamente igual a la nuestra, sin que por este motivo afirmemos que se trata solo de seres producto de nuestra imaginación. Son seres que tienen una realidad física, si bien las leyes físicas por las que tanto sus cuerpos como sus acciones se rigen, sean en una buena parte ignotas por nosotros.

Igualmente debemos decir que relacionamos de forma directa y sin duda alguna, a muchos de estos personajes con el fenómeno objeto volador no identificado, pues muy frecuentemente se los ha visto surgir o bien de alguna forma proceder de los objetos volantes no identificados.


Ayuda a «causas»


Cuando digo «causas» me refiero a causas religiosas, patrióticas, etcétera En el libro de Faber Kaiser «Las nubes del engaño» se habla reiteradamente de visiones en las que se contemplaban ejércitos y jinetes en caballos blancos, etcétera, guerrear en las alturas. Y esto en todas y cada una de las temporadas y en toda la geografía del planeta.

El interrogante reiterada y prácticamente malhumorada que Faber Kaiser se hace es:

Mi contestación a esta pregunta ya la he dado múltiples veces en este libro: Nuestra historia no es tan nuestra como pensamos.A los Dioses les agrada entrometerse en ella y lo han hecho en infinidad de ocasiones a fin de que las cosas salieran como deseaban.

En determinado instante de la historia prefieren una «causa» sobre otra y con mayor o bien menor disimulo la asisten. En ocasiones se inclinan por la continuación del «status quo» —religioso o bien patriótico— y en ocasiones prefieren las revoluciones, teniendo siempre y en toda circunstancia y solamente en cuenta sus intereses. Sin que nos olvidemos de que entre ellos hay grandes rivalidades, lo que hace que las «reformas» o bien los «reformadores» que ciertos de ellos lanzan, en ocasiones sean despiadadamente aplastados por los humanos que prosiguen de manera inconsciente las indicaciones de otros Dioses.

 

¿Ejemplos de esto?

En las Sagradas Escrituras tenemos cantidad de ocasiones en que Yahvé con rayos o bien truenos y hasta a pedradas (Josué diez con seis-trece) derrotaba a los contrincantes de Israel. Los guerreros alados de que reiteradamente nos habla Faber Kaiser, son otro ejemplo.

(Conforme fuentes fieles Franco vio asimismo en el cielo a Santiago Matamoros a lo largo de la guerra civil, lo que robusteció considerablemente su complejo salvífico de cruzado, si bien a él no agradaba charlar del accidente y solo lo comentó con sus íntimos.

Hace años, cuando la imagen de la Virgen de Fátima recorrió España, las enigmáticas palomas que la acompañaban hacían increíbles malabarismos místicos. Para los devotos fatimitas aquello era una «prueba» irrebatible de que Dios estaba con ellos. Mas lo que no saben es que ciertas extrañas palomas, salidas de no se sabe dónde, acostumbran a hacer su aparición en instantes críticos de la historia para dar verosimilitud a alguna «causa» que en aquel instante se discute (y que naturalmente es la favorecida por los Dioses o bien por algún Dios particularmente).

Cuando Fidel Castro bajó de la sierra, una revolucionaria paloma se obstinó en posar sobre su hombro, dándole carices de cruzada a su levantamiento político y transformándolo a él en una suerte de Juan de Arco criollo. La revolución triunfó... y a los poquitos días comenzaron los fusilamientos.

No hace mucho «estalló» el tema del milagro de los ojos de la Virgen de Guadalupe. Resulta que conforme los métodos más complejos, exclusivos de la NASA, en las dos pupilas de la imagen de la Virgen de Guadalupe está reproducida (a una escala infinitesimal) la escena de la presentación del indio Juan Diego frente al Arzobispo de México Fray Juan de Zumárraga o sea, lo mismo que los ojos de la Virgen hubieran contemplado de haber estado presente en aquella escena.

Según los científicos que han estudiado el tema, la cuestión es «imposible» y por consiguiente completamente incomprensible. Mas el hecho está ahí, atestiguado por ellos mismos. La ciencia no tiene explicación, mientras que los guadalupanos se funden de gusto frente a la irrefutabilidad del milagro. Mas no habrían de estar tan seguros.

Para mí el «milagro» no es sino más bien otra ayudita más de losDioses, interesados en que las multitudes prosigan apiñándose enardecidas en torno a la imagen. Siglos atrás, allá mismo se adoraba a la Madre Tonantzin; el día de hoy la política humana la ha alterado por la Virgen de Guadalupe. A los Dioses les da igual una que otra; lo único que les resulta de interés es la multitud agrupada y enardecida, como después vamos a ver.

Sobre este tema se podría redactar considerablemente más, y es posible que un día lo hagamos.

Hasta acá hemos analizado las distintas formas de manifestarse los Dioses entre nosotros. Dada su gran inteligencia y su capacidad para manejar tanto la materia como las psiques de los humanos, y dado su positivo deseo de pasar inadvertidos por nosotros, es totalmente natural que sus manifestaciones, no solo sean variadísimas, sino además de esto sean muy disimuladas, pasando la mayoría de ellas desapercibidas para los humanos.

En realidad, han conseguido hacernos opinar —y en estos tiempos aún más que en los tiempos antiguos— que somos los únicos dueños y señores de este planeta.

Veamos ahora con qué pretensiones se nos manifiestan.

granja humana, o sea... tu ;-)


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