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ıllı LIBRO: "Defendámonos de los Dioses" (7/9) de Salvador Freixedo

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 salvador freixedo

Por qué razón debemos defendernos de los Dioses

Sé que hay bastante gente, sobre todo gente que ha sido contactada de alguna forma, que no está conforme conmigo en la visión de todo el fenómeno objeto volador no identificado, y sobre todo en mi opinión de que el fenómeno es, con el tiempo, perjudicial al humano y más apropiadamente a la humanidad considerada en bloque.

Si estos individuos conocieran otros muchos casos de contactados, aparte del suyo, se persuadirían de que lo que a ellos les ha pasado no es lo más usual. Y muy frecuentemente estas ventajas y beneficios que ciertos individuos han conseguido con su comunicación con los Dioses, han sido solo temporales, cayendo en la cuenta años después, que el cómputo total tuvo considerablemente más de negativo que de positivo.

Y son incontables los casos en que, cuando el humano ha querido salirse de esta relación, ya le ha sido completamente imposible.


«Operación Rama»


Hace unos años cuando la «Operación Rama» estaba en su auge en España y en una parte de Suramérica, me gané la enemistad de ciertos de sus líderes por el hecho de que, a preguntas de ciertos de sus seguidores sobre las ventajas de la «Operación Rama», respondí que me daba la sensación de que los que andaban en ella, andaban por las ramas, mal aconsejados por gentes llenas de buena voluntad, mas totalmente ingenuos.

Andaban por las ramas del fenómeno objeto volador no identificado en lo que se refiere a su profundidad y a su trascendencia. Y afirmé además de esto, que a pesar de todas y cada una de las apariencias de inocuidad e incluso de la positiva bondad de toda la operación, se exponían a serios riesgos.

Peligros que se transformaron realmente en muchos casos en los que las vidas de los participantes padecieron traumas y cambios nada positivos.

Esta «Operación Rama», producido en el Perú, consistía en promover el contacto con los «extraterrestres», suponiendo que los «extraterrestres» son nuestros buenos hermanos del espacio, que vienen a asistirnos y, en cierta forma, a solventarnos nuestros inconvenientes. Los jefes de este movimiento no habían aún descubierto que los «extraterrestres», como agradan de llamarlos (o bien «los Dioses», como les hemos venido llamando durante este libro), en lugar de ser la solución de nuestros inconvenientes, son el enorme inconveniente que la humanidad tiene y ha tenido siempre y en toda circunstancia planteado.

Lo malo es que es solamente ahora cuando comenzamos a darse cuenta del inconveniente. Yo estuve imbuido de esta falsa idea en el momento en que me puse en contacto con el fenómeno; mas esto fue ya hace bastantes años; y merced a muchas reflexiones y a los muchos hechos investigados personalmente, ya hace ya un tiempo que llegué a la conclusión de que tal bondad y tal esplendidez por la parte de «ellos», no es lo que a primer aspecto semeja.

Tal como ya he dicho reiteradamente, es poco aproximadamente la que tenemos con los animales que nos rodean, a los que sin duda tratamos realmente bien muchas veces y hasta nos sacrificamos por ellos, mas con el tiempo los tenemos a nuestro servicio y no vacilamos en deshacernos de ellos o bien aun en matarlos en el momento en que nos incordian, o bien sencillamente en el momento en que nos es conveniente.

Uno de los medios que la «Operación Rama» tenía para buscar esta comunicación, era subirse a las montañas y asistir por las noches a lugares solitarios en donde presumiblemente podrían encontrarse con sus «buenos hermanos espaciales».

Esto producía, en ocasiones, siguientes contactos telepáticos para los que no se precisaba salir de los centros de asamblea. Y excusado esto es, que estos contactos telepáticos, para muchos psiquismos desequilibrados o bien propensos al desequilibrio, y para muchos adolescentes resultaron, con el tiempo, frustrantes o bien aciagos.

Con lo dicho hasta acá, ya hemos empezado a responder a el interrogante que nos hemos hecho en este capítulo: Debemos defendernos de los Dioses por el hecho de que, con el tiempo, el contacto con ellos es dañino para nosotros. Al menos el contacto indiscriminado, o sea, sin saber por adelantado con quién nos estamos relacionando, y además de esto teniendo el firme deseo de dar nuestras psiques y nuestras voluntades a lo que nos señalen, sin ponderar de una forma crítica, si lo que nos afirman o bien nos mandan es útil o bien dañino para nuestras vidas.

A forma de paréntesis, afirmaremos que hay un paralelo muy grande entre esto que decimos y lo que pasa en el espiritismo. El espiritismo, muy seguramente, a mi forma de ver, es exactamente el mismo fenómeno de que tratamos en todo este libro, mas visto desde un ángulo totalmente diferente. Esto es, en el espiritismo «los Dioses» se manifiestan en forma de espíritus fallecidos.

Aunque acepto la posibilidad —y en ciertos casos la probabilidad— de que ciertos personajes que se manifiestan en una genuina sesión ocultista, sean los restos de energía psíquica —actuando de una forma automática o bien cuasiautomática—, de algún finado, fallecido no demasiado hace un tiempo.

(Y debo confesarle al lector que debido a mis conversaciones con el insigne ocultista puertorriqueño, Ingeniero Flavio Acarón, recientemente he empezado a aceptar la probabilidad de que muchas veces lo que se manifiesta es la propia ánima o bien la psique desencarnada del fallecido, que a lo largo de un tiempo vaga confusa en su nuevo estado, resistiéndose a desamparar el nivel de existencia en el que había estado hasta su muerte).

Pues bien, el pontífice del moderno espiritismo, Alan Kardec, reiteradamente pone sobre aviso, en sus obras, a los seguidores del espiritismo, a que no se fíen sin más de los espíritus que se manifiesten en las sesiones, y a que no abran inocentemente sus ánimas a las influencias de estos espíritus, sin haberse asegurado realmente bien anteriormente, de qué espíritu se trata, y de si son realmente los que afirman que son.

Porque, curiosamente, nos hallamos en el espiritismo —y aceptado no solo por Kardec, sino más bien por todos y cada uno de los grandes maestros espiritistas— lo mismo que habíamos encontrado en nuestro trato con los Dioses: que hay que caminar con mucho cuidado con ellos, por más evolucionados y superiores que parezcan, por el hecho de que en ellos, el mentir y el engañar son cosas usuales y prácticamente normales.

Los fieles del espiritismo, del mismo modo que los entusiastas religiosos y los devotos de los ovnis, piensan que sus «guías», sus «Santos», o bien sus «protectores extraterrestres» jamás engañan, y que los que lo hacen, son otros seres menos evolucionados.

Pero la realidad es que en los 3 fenómenos —religión, espiritismo y ovnis— hay que caminar con pies de plomo, pues la decepción está a la orden del día; y muy seguramente, ni los «Santos» son tan Santos como creen los religiosos, ni los «buenos hermanos del espacio» son tan buenos como creen los platilleros, ni los «guías espirituales» guían tan bien como creen los espiritistas.

Y ahondando un tanto más en la negatividad de nuestro contacto con los Dioses, podríamos hacer una división y distinguir exactamente en qué consiste la nocividad para los humanos considerados individualmente, y exactamente en qué consiste para la humanidad considerada en bloque.


Dañinos a nivel individual


Las consecuencias de este contacto, en muchos humanos, han sido eminentemente los importantes cambios perjudiciales que se han sentido en sus vidas.

Muy a menudo, los individuos que han sido contactados por los «extraterrestres», se hacen errantes, abandonan su trabajo o bien estudios y no extrañamente abandonan a su familia; ciertos caen en unos estados de misticismo que los distancian por completo del planeta que los rodea, y por lo general se vuelven bastante conflictivos para la sociedad, creyendo , por su lado, que están haciendo una misión evangelizadora (reverendos de una «buena nueva») y salvadora de la humanidad, o bien sintiéndose depositarios de algún gran avance en tecnología.

En ciertos casos más agudos, ha habido una pérdida total de las facultades mentales, trastornándose el individuo por completo; en otros, han sido objeto de ensañadas persecuciones, padeciendo mucho por ellas y hasta desapareciendo sin dejar rastro16. En algún libro mío he contado casos de suicidio —directamente conocidos por mí— en los que ha incurrido el individuo contactado; y hay que hacer apreciar que el suicidio fue debido de manera directa a las ideas que le fueron sugeridas por sus «protectores», conforme notas que los suicidas dejaron.

Por ser algo que está relacionado directamente con el tema que tratamos, relataré acá una anécdota plenamente nueva, tal y como me fue contada por exactamente el mismo soldado que participó en los hechos.

A mediados de la década del setenta, mientras que cumplía el servicio militar en un cuartel en las cercanías de la capital española, descubrió un día —en un rincón medio oculto en las proximidades del cuartel— el cadáver del soldado al que se disponía a relevar, con un balazo en la frente. La ametralladora con la que hacía guarda estaba allá a su lado.

Del bolsillo salía un papel en el que estaba escrito un mensaje para su padre; en él le afirmaba que mientras que hacía guarda la víspera de noche, se le había aparecido una mujer muy, muy bella, vestida con muchos velos, que le había hablado del universo y de las muchas vidas que hay fuera de la Tierra; le afirmó asimismo que el límite de la dicha era infinito; que había llegado hasta allá en una nave sideral y que lo invitaba a irse con ella.

El tuvo temor, (entre otras muchas cosas pues le daba miedo el desamparar la responsabilidad militar que tenía en aquel preciso instante) y si bien le atraía la idea de irse con aquella mujer tan hermosa, por fin no se atrevió y la vio distanciarse.

Naturalmente tras esta visión, quedó absolutamente convulsionado y a lo largo de todo el día no dejó de meditar sobre ello, sin comunicarle a absolutamente nadie lo que le había sucedido. Mas, en un instante, le vino un enorme arrepentimiento de no haberse ido con ella y recordó que la dama le había dicho que siempre y cuando lo deseara la podría lograr.

Se le ocurrió entonces que la forma de reunirse con ella era quitándose la vida. Enseguida se puso a redactar la nota para su padre. En ella le afirmaba asimismo, que esa era la única causa de su muerte y que no creyese que estaba triste o bien amargado; además de esto le prometía que volvería a visitarlo y que los asistiría. Al día después, cuando le tocó nuevamente su turno de guarda nocturna, se quitó la vida.

(El recluta que halló su cadáver no enseñó la carta a absolutamente nadie, salvo a un amigo de su entera confianza; mas no a las autoridades militares ni al mismo padre del suicida a quien iba dirigida. Dio enseguida una parte de su macabro descubrimiento, y por las extrañas circunstancias del caso, fue acusado de la muerte del centinela. Estuvo preso por este motivo catorce meses, mas al no encontrarse causa ninguna contra él, fue dejado en libertad).

Quien desee ver el preciso cumplimiento de lo que decimos va a deber leer los 3 libros en que Victorino del Pozo (Editorial Barath, la capital española) cuenta la vida del lamoso «contacto» italiano Y también. Siragusa. A uno le da lástima ver de qué forma un hombre lleno de buena voluntad, como Siragusa, es despiadadamente manipulado y usado por los Dioses, que promueven sus ideas salvíficas y surrealistas contra las que el pobre hombre está absolutamente indefenso. Cuando ya no lo precisen, lo abandonarán sin más ni más explicaciones, dejándolo en un estado de total desesperación o bien induciéndolo al suicidio, tal y como han hecho con tantos otros contactados.

Mucho tras haber escrito esto, leí en el «Diario 16» de la capital de España con data ocho de marzo de mil novecientos ochenta y cuatro, la próxima nueva que transcribo: «El cadáver del soldado Carlos A. M. fue encontrado esta mañana en la garita del centinela, al efectuar el relevo de la guarda, con un disparo de bala en la cabeza, conforme notificó el Cuartel General del Aire».

Por no venir a cuento, no deseo ahondar en un caso así. Al lector ignorante del vastísimo campo de la paranormalogia, le resultará extraño, mas lo cierto es que es un acontencimiento prácticamente habitual, en el que se suman peculiaridades y detalles que son incesantes en las manifestaciones de las hadas, en las apariciones de la «Virgen María» o bien de cualquier Diosa de otra religión, y en el amplio campo de la ovnilogía.Todos estos fenómenos, por mucho que los entusiastas de cada uno de ellos de ellos se aferren a la veracidad de su opinión, son una y exactamente la misma cosa en el fondo, y proceden de exactamente la misma causa.

Si trasladamos estos contactos con seres no humanos al campo religioso, nos hallamos con exactamente los mismos resultados, por mucho que los contactados sublimen su experiencia. Allá a los contactos se les llama «visiones», «apariciones», o bien «éxtasis», mas la vida del místico, de ordinario y fisiológicamente hablando, se transforma en un averno, que soporta con resignación y hasta con alegría, a cambio de la iluminación que su psique recibe y a cambio de unas fantásticas sensaciones con las que de cuando en cuando se ve anegado su ser.

Nuevamente podemos confirmar lo que afirmamos, con un caso contemporáneo: Amparo Grutas, la vidente de El Escorial. Esta humilde y franca mujer tiene por estos días unas visiones que atraen a miles y miles de devotos y curiosos de toda España. Ha sido atacada y golpeada por unos ignotos asaltantes, y habitualmente sangra abudantemente, padeciendo intensamente por el dolor que le causa los estigmas. Sus mensajes —muy semejantes a los de otros videntes—están llenos de angustiosas amenazas de horribles castigos inmediatos, que jamás se cumplen; (Todos y cada uno de los profetas, han sido siempre y en todo momento profetas de catástrofes). Por otra parte «la STA. Virgen» le ha dicho que haga edificar allá mismo, una capilla a donde vengan a reunirse sus devotos.


El que haya casos en los que el contactado haya salido favorecido, no quita nada a la realidad de los hechos que terminamos de mentar. Como ya afirmamos, en muchas ocasiones sucede que estos beneficios son solo iniciales y transitorios, y además de esto los casos dañinos superan con mucho a estos casos en los que el terrestre ha salido favorecido.

(Sobre la marcha, y como un botón de muestra entre mil: En el pueblecito de San Clemente, provincia de Cuenca, se adora en una ermita la Virgen del Rus, que conforme la tradición, se apareció allá mismo a unos pastores en una gruta al lado del río del mismo nombre. En la celebración anual sacan en procesión la imagen, balanceándola continuamente. Hace unos años, la señora encargada de proteger la ermita, se suicidó incomprensiblemente. Dejó un papel en el que afirmaba que «iba a reunirse con la Virgen». Allá está el árbol en que se colgó).


Dañinos a nivel social


El comunicado afirma que el hecho ocurrió en una de las garitas avanzadas que dan limite entre la zona militar de la Escuela de Transmisiones y el poblado de Alcorcen, a las afueras de la villa de Madrid.

Concluye la nota de «Diario 16»:

No he podido saber aún si el cuartel en donde sucedió este hecho es exactamente el mismo en que sucedió el relato en el texto. De ser exactamente el mismo o bien próximo cabe la posibilidad de que «la mujer bellísima» prosiga en su macabro deporte.

¿Por qué razón exactamente Amparo y por qué razón aquel sitio?

No lo sabemos con certidumbre, mas sospechamos que:

(La actividad ovnística en esa zona es muy rebosante, y recuérdese la cercanía de otra ermita y del monasterio de San Lorenzo).

Si es esencial el aspecto negativo que la. relación con los Dioses tiene a nivel individual, lo es considerablemente más a un nivel general o bien social. Esta negatividad y perjuicio que la humanidad en bloque, recibe de su relación con los Dioses, es en el fondo, el tema primordial de este libro. Y si el título de él es «Defendámonos de los Dioses», es por el hecho de que se supone que para la humanidad por lo general, los Dioses son algo perjudicial de lo que nos debemos proteger.

Y a fin de que no se dé por asentado y por probado, algo que es el fundamento de todo el libro, insistiré un tanto en este aspecto negativo de todo el fenómeno objeto volador no identificado, que es la forma que los. Dioses tienen de manifestarse en los tiempos modernos.

El axioma que el creador tiene en psique y que considera sumamente esencial que los individuos más evolucionados vayan admitiendo y teniendo siempre y en todo momento presente, es que la humanidad entera es una suerte de granja de los Dioses; una granja en la que los animales domados y usados son los hombres.

Esta verdad es muy dura para la psique y para la sensibilidad humana y le confieso al lector que para mí fue un auténtico «shock» cuando, tras haberme resistido por bastante tiempo a admitirla, un buen día no tuve más antídoto que aceptarla, frente a la reiterada contundencia de los hechos. (Hechos, que no sé si desgraciadamente o bien por fortuna, son ignotos por la mayor parte de los humanos, siendo esto la causa de que se nieguen a aceptar este axioma, cuando lo oyen por vez primera).

Junto con este axioma general y esencial, podríamos contar otras verdades del mismo modo esenciales para entender muchos aspectos de la vida humana, que de otro modo se hacen totalmente incomprensibles.

He acá ciertas de estas verdades:

(El que alguien se niegue a venderlo y hasta le haga un monumento, no contraría en nada a lo que estamos diciendo; con esta acción, el humano está solamente desfogando y manifestando los nobles sentimientos de su corazón, y en cierta forma dándose gusto a sí mismo en la manifestación del afecto que tiene por el animal).

Para que veamos más meridianamente este aspecto ególatra de nuestra relación con los animales, consideremos el caso tan usual de los gatos, a quienes sus amos les hacen arrancar las uñas, (eso sí, hecho por un veterinario y sin dolor), a fin de que no destruyan los muebles en casa; o bien el todavía más radical de la castración a que son sometidos tantos animales, y específicamente tantos perros y gatos, que, por otra parte, son tan permitidos y tan bien tratados en las casas.

Si le preguntásemos al cánido o bien al gato si le agrada que le arranquen las uñas o bien lo capen, probablemente nos afirmarían que en modo alguno, y en verdad, por más que deseen a sus amos, se defenderán como puedan contra semejante «injusticia».Y si le preguntásemos a sus respectivos amos si de verdad desean a los animales, nos enseñarían las facturas de lo que les cuesta el veterinario y todas y cada una de las latas de comida que les adquieren al cabo del año. Y no obstante los capan, les arrancan las uñas, los privan de su libertad, etcétera

¿De qué forma posiblemente se den conductas tan antagónicas?

Además en estos casos, podemos ver meridianamente lo que señalamos con anterioridad: que lo que el animal vería como una enorme injusticia, el hombre lo ve como un derecho que tiene sobre el animal.

También hay que reconocer, tal y como ya señalé previamente, que en ocasiones se da una indiscutible y inusual relación amistosa o bien de antipatía entre determinados Dioses y determinados humanos, lo mismo que es indiscutible que muchos hombres y mujeres desarrollan un amor concreto por cierto animal con el que han convivido un buen tiempo o bien por cualquier otra causa. No nos referimos puesto que, a estos casos especiales, sino más bien a la relación general que puede haber entre los Dioses y los hombres.

(¿Dónde se encuentra entonces su moralidad? Ya hemos respondido previamente a esta pregunta: Su moralidad rige solo entre ellos y no se extiende a nosotros; del mismo modo que la moralidad humana rige solo entre los humanos, y no la extendemos a los animales, pese a que vemos que estos defienden y luchan por su vida, con exactamente el mismo esmero que defendemos y combatimos por la nuestra).

Con esta oración estamos contestando a la última pregunta que nos habíamos elaborado en este capítulo y estamos entroncando con la idea general que íbamos desarrollando:

Lo es, pues al interferir en el desarrollo de la historia humana, interfieren en la evolución de toda la humanidad cara niveles más altos de cultura, de civilización, de convivencia, de espiritualidad e incluso de tecnología. Y esto es lo que realmente ha estado sucediendo hasta el momento, sin que los hombres cayéramos en la cuenta. La raza humana ha visto reiteradamente frustrada su ascensión cara estos mayores niveles de conciencia, debido a la intervención de los Dioses, interesados en que el hombre no madurase y prosiguiese a su servicio.

Para ello han utilizado todos y cada uno de los trucos y falsas pautas a las que hemos hecho referencia en el capítulo precedente (patrias, lenguas, guerras, tradiciones, y sobre todo, religiones y dogmas) que han tenido al espíritu humano asfixiado por milenios.


Asisten en lo que les conviene


No se puede negar que hay un paralelo entre lo que los Dioses han hecho con nosotros, desde determinado punto de vista cultural y evolutivo, y lo que numerosos países colonizadores han hecho con sus colonias; si bien supuestamente las han ayudado a mejorar, no obstante lo han hecho teniendo siempre y en todo momento en cuenta el interés de la metrópolis sobre el interés de la colonia.

En muchas ocasiones, cosas que de forma positiva dañaban a la colonia, se hacían, pues favorecían a la metrópoli; y en otras, se puede decir que, premeditadamente, se planeaba la no evolución de la colonia, para eludir que eso le trajera, en un largo plazo, inconvenientes al país colonizador, y al tiempo conseguir que los «nativos» prosiguiesen obedeciendo mansa y también infantilmente las consignas que les llegaban de la metrópolis.

Al lado de esto, no se puede negar que, en otros muchos aspectos, las metrópoli han ayudado a mejorar a sus colonias, debido a que este progreso convenía de alguna forma al país conquistador, o bien asimismo pues la evolución era algo consustancial a todo el proceso, y no se tomaban el trabajo de detenerla. Este aspecto ventajoso que sin duda se da habitualmente de contacto individual con los «extraterrestres», es el que única y miopemente ven ciertos estudiosos del fenómeno objeto volador no identificado.

El fenómeno de la «iluminación», que describimos en un capítulo precedente, al que han sido y prosiguen siendo sometidos muchos humanos, tiene un aspecto positivo grande, cuando que la psique del alumbrado se expande enormemente, siendo capaz de entender y de efectuar cosas que previamente hubiesen sido totalmente imposibles para él19.

19 No obstante hay que apreciar, por contrapartida, que es muy usual que a estos reformadores o bien inventores absolutamente nadie les haga caso, y se vayan al otro planeta con sus fórmulas o bien sin haber conseguido las grandes reformas que pretendían. Da la sensación de que exactamente los mismos que se las dictaron (o bien quién sabe si fueron sus oponentes «extraterrestres») se hacen cargo de que absolutamente nadie los tome de verdad, pese a lo ventajoso de sus innovaciones.

No solo eso, sino en ocasiones este mejoramiento repentino de su espíritu se extiende al propio cuerpo, adquiriendo capacidades sobrehumanas, con las que es capaz —junto a sus dotes mentales mejoradas— de persuadir a un sinnúmero de personas, efectuando proezas o bien fundando movimientos o bien instituciones que, habitualmente, han hecho mudar el curso de la historia.


Salvadores, salvadoreas y avataras


Este es el caso de los grandes avataras y creadores de religiones. Estos individuos, pese a que de ordinario nos son presentados por las diferentes religiones como seres «divinos», «hijos de Dios» o bien «enviados del cielo», etcétera, etcétera, realmente son solo humanos a los que los Dioses han dispuesto para una excepcional misión entre sus hermanos los hombres; los han dotado de semejantes cualidades psíquicas, y les han concedido semejantes poderes sobre la materia, que a los ojos del resto mortales aparecen como “unos genuinos Dioses”.

Tal es el caso de un Buda, de un Krishna, de un Quetzalcóatl, de un Viracocha, o bien de un Bochica, conforme señalamos en el capítulo primero. Y si bien esto pueda semejarles blasfemia a los cristianos, tal es el caso de Jesús de Nazaret.

Si los cristianos se tomasen el trabajo de estudiar los interminables paralelos que hay entre Cristo y los creadores de otras religiones, no estarían tan seguros de la unicidad ni de la divinidad de su creador.Mas por desgracia para la enorme mayoría de los fieles de todas y cada una de las religiones, «la fe no se piensa; la fe se acepta y se siente».

Y realmente bien podría ser la razón de esto, el que, de manera inconsciente, se tiene temor de encontrarse con que la fe no tiene un fundamento racional, sino flota en el vacío, apoyada solamente en sentimientos, con lo que el fiel se quedaría entonces en el aire, sin una base sólida en que respaldarse. Los Dioses se han encargado, durante los milenios, de hacernos unos animales rutinarios: rutinas somáticas y rutinas mentales. Meditar de forma libre, en la mayor parte de nuestras sociedades tradicionales, es un genuino pecado, mal visto por las autoridades.

De esto hay incontables casos.

Pero uno podría como resulta lógico preguntar: ¿y no es una ayuda que los Dioses nos dan, el que se tomen el trabajo de preparar al estos avataras que entonces fundan movimientos o bien religiones que impulsan la evolución ética de los pueblos?

Al responder esta pregunta, estamos profundizando en las razones de por qué razón la interferencia de los Dioses en la vida humana es más perjudicial a un nivel general y masivo que a un nivel individual.

De las religiones se puede decir lo mismo que de las andaderas que otrora se utilizaban para los infantes: los asistían a empezar a pasear, a no desplomarse y los defendían de muchos golpes a los que estarían expuestos si no estuvieran rodeados de semejante instrumento. Mas pasado un tiempo, cuando el pequeño ya puede pasear por sí, las andaderas se transforman en una genuina rémora. Y si al cabo múltiples años, el pequeño prosigue aún necesitando las andaderas para pasear, eso va a significar que las andaderas se han transformado en un grave daño para él, impidiéndole que desarrollara sus facultades naturales.

Por otro lado, a las religiones les pasa respecto a las sociedades, lo mismo que les pasa a muchas de las capacidades y «poderes» respecto a los individuos que las logran a través de el proceso de «iluminación» o bien de «contacto»: son, en determinados aspectos y hasta determinado punto, buenas, mas de ahí de ahora en adelante les hacen daño.

Permítame el lector que reproduzca parcialmente lo que, sobre este tema, escribí en otra parte.


Inconvenientes y ventajas de las religiones


Hablando generalmente, las religiones tienden con sus enseñanzas a nivelar la humanidad al predicar que todos somos del mismo modo hijos de un mismo Padre, y al estar haciendo siempre y en todo momento hincapié con sus enseñanzas, en los 2 grandes mandamientos de la justicia y el amor.

Si el cristianismo hubiera dedicado sus sacrificios a que estos 2 mandamientos fueran una realidad en nuestro planeta, si bien no hubiera conseguido ninguna otra cosa, el cristianismo sería considerado con todo derecho como la corporación más ventajosa de toda la historia humana.

Es indiscutible que en tiempos pasados, tanto el cristianismo como las otras religiones, asistieron a través de estos principios básicos a transformar pequeñas sociedades feudales, atomizadas por un sin fin de caudillos y opiniones, en una enorme sociedad en donde la dignidad humana era más respetada y en donde el hombre ensanchaba los límites de su pequeña tribu o bien pueblo, sintiéndose por vez primera hermano del resto hombres.

La religión espiritualiza al hombre, continuamente lastrado por su carne y por sus instintos de animal, al recordarle su vocación cara el más allí, tras la muerte; y por otra parte, frena el desarrollo de estos primitivos instintos y de las inclinaciones torcidas, al conminar con castigos tras la vida, a todos aquéllos que no se hayan atenido a las leyes que predica...

Por último no se puede negar que para millones de fieles, la religión sirve como un enorme tranquilizante frente al escalofriante interrogante de la muerte, y como un fortalecedor para los instantes de desgracia y de dolor que tanto abundan en este planeta y para los que la inteligencia humana jamás ha tenido una explicación contundente.

Naturalmente, un leal cristiano nos afirmaría que el primordial beneficio de la religión es el habernos puesto en contacto directo con Dios, al manifestarnos su voluntad sobre nosotros y al prometernos los auxilios espirituales precisos para entrar en el reino de los cielos. Mas no hay que olvidarse de que hablamos de una forma genérica de todas y cada una de las religiones, viendo lo que todas y cada una tienen de ventajoso para el hombre. Seguramente cada una nos afirmaría lo mismo que nos afirma el cristianismo sobre la verdad y de la exclusividad de sus creencias; (lo que nos pondría como es lógico en guarda sobre su «verdad»).

Echémosle ahora un breve vistazo a las partes negativas de la religión, considerada esta como un conjunto de opiniones y de ritos a través de los que lograr algún género de salvación tras la vida.

El primer aspecto negativo que señalaremos en las religiones es el de su institucionalización que, tarde que temprano, las lleva a formarse en «poder» o bien en socorrer del poder constituido (que muchas veces en la historia —por no decir siempre— ha sido opresor). Las religiones que empezaron siendo puros principios moralizantes con los que los pueblos mejoraban sus costumbres, terminan transformándose en instrumentos sociales o bien políticos de poder, a cargo de unos pocos que emplean «la voluntad deDios» para fines absolutamente extraños a los principios de sus creadores.

Fruto de esta traición a los principios de sus creadores y a su voluntad de servicio a los hombres, y no de dominio, es la paralización en el espíritu y en la psique, que causa en los fieles pensantes. Estos, confusos frente a una falta de lógica (dogmas inaceptables), y rebeldes ante imposiciones absurdas o bien injustas («no» al divorcio y la pastilla, etcétera), optan por languidecer en la vida espiritual contentándose con continuar mecánicamente las tradiciones, para no hacerse apreciar en la sociedad; mas no procuran, que es en suma la esencia del espíritu religioso y que es en el fondo el motor de la evolución de la psique y del espíritu.

Esta paralización de la psique, decae en aquellos menos dotados de cualidades intelectuales, en el deplorable fanatismo que tantos males le ha acarreado a la humanidad durante la historia.

El entusiasta es el individuo que, persuadido como está de tener toda la verdad, y también inútil por otro lado de meditar por sí solo, (o bien quién sabe si fallecido de terror por las terribles cosas que le han hecho pensar) opta por proteger contra viento y marea y con los medios que sea, «la verdad incambiable» que tiene. Y en el caso del fanatismo religioso, como esta verdad está relacionada directamente con Dios, el entusiasta se negará a escuchar cualquier argumento y, lo que es peor, empleará cualquier medio por injusto que sea, para proteger la honra del Supremo Dueño de la vida y del Sumo Juez.

¡Cuántos horrores han cometido los entusiastas religiosos durante la historia por proteger la causa de Dios!

Esta paralización de la psique se extiende a todos y cada uno de los campos de la vida humana. Los pueblos muy religiosos y sobre todo aquéllos que han ajustado fielmente sus vidas a algún «libro sagrado», han visto considerablemente frenada su evolución. Los pueblos islámicos son un claro ejemplo de esto; y si bien a ciertos parezca una blasfemia, la lealtad a la Sagrada Escritura tuvo paralizado a lo largo de mil ochocientos años el desarrollo técnico y social de las naciones cristianas.

Cuando, a inicios del pasado siglo, los librepensadores rompieron las cadenas con que la Sagrada Escritura tenía atadas las psiques del planeta occidental, este empezó a desarrollarse a toda prisa y avanzó más en 100 años de lo que lo había hecho en dieciocho siglos. Además del caso de Galileo, hay otros muchos menos conocidos para probarlo.

Además, tal y como ya apuntamos previamente, las religiones apartan a la humanidad en conjuntos. Unen entre sí a los que profesan exactamente la misma fe, mas los apartan de aquéllos que no la profesan; y no solo eso, sino dentro de una misma religión son numerosísimos los casos de divisiones y odios por interpretaciones diferentes de un mismo mandamiento o bien precepto. Las guerras religiosas llenan la .historia y es inútil ponerse a dar ejemplos que hasta los pequeños de la escuela conocen. Además de esto hoy en día nos es suficiente con hojear el jornal.

Repetiré acá la cita de Bertrand Russell sobre esto tomada de su libro «Por qué no soy cristiano»:

Algunos falsos principios religiosos, antinaturales y traumatizantes, inventados por entusiastas o bien por psicópatas constituidos en autoridad, y también inculcados en las ánimas infantiles de miles de fieles, han sido la causa segrega de muchas neurosis que después brotaron en la adultez ocasionando infelicidad y enfrentamientos.

El leal cristiano es un pobre hombre inhibido que, si «se salva», no es por mérito propio, sino más bien solamente por los méritos de Cristo, tal y como si de suyo hubiera ya nacido para condenarse irremisiblemente. Con un panorama de esta forma, ¿qué cristiano puede tener una idea optimista de esta vida, si desde el instante en que nacemos nos la presentan como el val de lágrimas en el que, a poco que nos desatendamos, nos vamos a hacer presos de un fuego eterno?

Las religiones le tienen temor al placer o bien al menos desconfían de él. La renuncia al placer es prácticamente una idea fija en el cristianismo y un tópico para todo aquel que desee mejorar su espíritu. Y lo mismo podemos decir del resto grandes religiones. En cambio semeja que se disfrutan con un retrogusto masoquista en buscar el dolor por el dolor, tal y como si en él hubiera encerrada, alguna energía segrega para la otra vida.

Pero el dolor no es más que el descalabro del Dios padre y providente que nos presenta el cristianismo; ¿por qué razón nuestro Padre ha de demandarnos dolor? Y ¿por qué razón acumular energías para la otra vida a costa de esta que es la que tengo entre manos ahora?

¡Cuántas palabras han gastado todos y cada uno de los doctrinarios de todas y cada una de las religiones en explicarnos el misterio del dolor en el planeta, y qué mal han respondido al enorme interrogante que este nos presenta!

 

«Principios morales» falsos


Hasta acá, los pros y los contras de las religiones, considerados de una forma general.

Enfocando este tema de una forma más específica y desde el punto de vista que nos resulta de interés en este capítulo, debemos decir que la humanidad debe defenderse de los Dioses y de las opiniones que nos han estado imponiendo desde el comienzo de los tiempos, pues la lealtad a semejantes credos hace que no podamos mejorar en una línea realmente humana; esto es, el obedecer y continuar unos mandamientos que muy frecuentemente son antihumanos, hace que el hombre no evolucione en una dirección consustancial a su forma de ser.

En muchos aspectos, hemos desarrollado una ética absolutamente artificial, que no está conforme a las necesidades y a la naturaleza del humano.

Muchas cosas que los moralistas llaman «ley natural», podrían llamarse con mucha razón, «ley antinatural»; ciertas de ellas van contra la naturaleza, mas como se hallan en los «libros sagrados» (o bien las autoridades religiosas las deducen de manera directa de ellos) nos las quieren imponer como «leyes naturales» cuando realmente son "leyes bíblicas" artificiales que en nada favorecen a la humanidad.

Tomemos como un ejemplo de uno de estos «principios morales» equivocados, la triste resolución de Paulo VI —basada según él en textos bíblicos-— prohibiendo el empleo de la pastilla anticonceptiva o bien cualquier otro medio de limitar artificialmente la familia.

Allá los textos bíblicos y sus «inspirados» autores con sus extrañas ideas sobre la vida. La realidad es que tal prohibición y tal precepto ética y tal ley natural son un fallo enorme, que, aparte de ir contra el los pies en el suelo, atenta de múltiples formas contra la vida en familia, y en resumen de cuentas, es dañino para el buen desarrollo de la sociedad. Menos mal que merced a una genuina ley natural, la mayor parte de las parejas católicas tienen los pies en el suelo y lo utilizan en situaciones como esta para prescindir de imposiciones equivocadas.

Lo mismo se puede decir del divorcio. El divorcio es un mal preciso en una sociedad donde los matrimonios se hacen de la forma tan superficial (por no decir tan imbécil) como se hacen.

Y por mucho que esto que diré pueda extrañar a muchos, lo mismo pasa con la furibundez y cerrazón de psique con que muchas buenas gentes, influidas por «doctrinas sagradas» y por autoridades eclesiásticas fanatizadas, atacan el aborto de manera indiscriminada, aduciendo que esa es «la voluntad de Dios».

Pero si observasen la naturaleza con «ojos atentos, no estarían tan seguros de que todos y cada uno de los abortos sean «antinaturales»; la naturaleza es considerablemente más sabia y asimismo considerablemente más radical en su forma de actuar de lo que piensan los moralistas defensores de la «voluntad deDios».

La naturaleza, por servirnos de un ejemplo, tiene siempre y en toda circunstancia más en cuenta a la especie que al individuo, y esto lo podemos ver en mil ejemplos. La naturaleza sacrifica, como cosa normal, (a veces despiadadamente) las vidas de miles y millones de criaturas vivas, en interés de un orden natural establecido, en el que las criaturas superiores se nutren y viven naturalmente de la muerte de las criaturas inferiores.

Y exactamente los mismos furiosos antiabortistas, defensores absolutos de la vida del nonato, están conformes con esta mentalidad y con este orden natural, cuando, muy seguramente, defienden la pena capital contra un delincuente, basados en que eso es una salvaguardia para toda la sociedad. Este es un tema larguísimo y profundo en que no deseo ahora entrar por el hecho de que lo he traído solo de pasada.

Por supuesto que no soy defensor indiscriminado del aborto, y pongo para él ciertas condiciones; mas en la situación de los que lo atacan de una forma absoluta y sin distinguir casos, veo un caso de la repercusión que tienen en muchas psiques, estas leyes que nos han querido hacer pasar como «naturales» y manadas de manera directa de Dios, cuando toda la naturaleza nos dice que la cosa no es de esta forma, o bien al menos no es tan clara como piensan.

Al estar más atentos a lo que afirman los «libros sagrados» o bien «la autoridad», que a lo que afirma el los pies en el suelo o bien la pura razón, o bien a lo que le es conveniente a la humanidad, no solo frenamos nuestra evolución como seres inteligentes —con unas tendencias y destrezas naturales— sino echamos por caminos que con el tiempo son perjudiciales para nosotros. Y esto es, nada más y nada menos, lo que ha estado pasando durante los siglos y de los milenios.

La historia humana, vista desapasionadamente, es una cosa que no tiene sentido; es un enorme conjunto de despropósitos, con mucha frecuencia monstruosos, cometidos impresionantemente por el animal «más inteligente» del planeta.

¿A qué se debe el que hayamos estado en discrepancias perpetuas y a qué se debe el que hayamos estado dormidos, en lo que se refiere a adelantos técnicos, hasta hace solo sesenta o bien setenta años?

La única contestación está en que no nos han tolerado emplear de manera libre la cabeza; la contestación está en que nos han tenido entretenidos defendiendo «principios», «causas» y «tradiciones» que en nada asisten al desarrollo de la raza humana; nos han tenido empleando todas y cada una nuestras energías en ser fieles a diferentes doctrinas religiosas; nos han tenido edificando templos y realizando complicadísimos sistemas teológicos en lugar de edificar factorías y, en lugar de meditar en de qué manera superar el apetito que tantos humanos han sufrido y prosiguen padeciendo; nos han tenido «haciendo méritos» para el más allí, a través de penitencias, renunciaciones y devociones; nos han tenido matándonos en defensa de nuestras respectivas patrias; nos han tenido inhibidos con la creencia de que este planeta es un val de lágrimas y solo sitio de paso para el otro...

¿De qué forma han conseguido los Dioses meternos en la cabeza —a nosotros, seres tan inteligentes— todo este complejo y absurdo planeta de ideas, de tradiciones, de principios morales y de leyes «naturales»?

Lo han conseguido con las estrategias que explicamos en el capítulo precedente.

Las lenguas, las patrias y las religiones, y como resultado final, las guerras, han sido los medios de que los Dioses se han valido para tenernos engañados, divididos y peleando sin parar, de tal modo que no nos comprendiésemos y nos uniésemos nuestros sacrificios físicos y mentales para ponernos en camino de una evolución realmente humana.


Una nueva moral


Últimamente el planeta occidental ha roto las cadenas bíblicas y dogmáticas en lo referente a nuestras posibilidades físicas y materiales, y de ahí que estamos avanzando a pasos desmedidos.

Ya no pensamos que es pecado volar, o bien practicar trasplantes de órganos o bien operaciones difíciles, o bien intervenir en la génesis y el desarrollo de la vida, o bien entrar en estado de trance para asomarnos a otras dimensiones, o bien bilocar el cuerpo sin que sea exactamente ayudados por Dios... ya no admitirnos prohibiciones de las autoridades religiosas.

Pero por desgracia una gran parte de la humanidad —incluido el planeta occidental— está aún atada por muchos falsos «principios morales» referentes a la sociedad, a la familia y a los individuos. Sin que muy frecuentemente caigamos en la cuenta, estamos aprisionados por mil costumbres y tradiciones —basadas, en el fondo, en principios religiosos— que hacen que las vidas de muchos humanos sean verdaderos presidios.

En otras palabras, estamos avanzando a alta velocidad en el terreno de la tecnología, mas nos quedamos atrás en el terreno de la moralidad; mas comprendo «moralidad» no como ha sido entendida hasta el momento esta palabra, sino más bien entendiéndola como homónimo de «humanidad» o bien de «humanismo».

Es decir, hasta el momento, engañados, habíamos desarrollado unos patrones de conducta y una moralidad «divina» que convenía a los Dioses, mas que ha sido muy perjudicial para la raza humana; lo que precisamos es desarrollar una moralidad humana, esto es, unos principios morales que estén conforme con nuestras necesidades y que nos lleven a ser- unos humanos más evolucionados, menos deshumanizados y más conforme con nosotros mismos.

Los principios morales y la moral individual y social por la que se rige hoy en día la humanidad, en una buena parte no sirven para el hombre de hoy; y esa es la razón de la delincuencia y caos ética reinante en el planeta. Son principios morales y jurídicos artificiales, absurdos y habitualmente estúpidos que en el fondo promueven el egoísmo humano y, con el tiempo, lo que hacen es proteger y estimular a los antisociales.

En esta nueva moralidad humana que debemos crear, van a existir ciertas reglas y «leyes naturales» radicales —a las que actualmente no estamos habituados— mas que serán de una enorme ayuda para la evolución del hombre del futuro y, de paso, para el ordenamiento de esta sociedad anárquica en la que vivimos.

Esta es la razón esencial por la que debemos defendernos de los Dioses: pues no nos dejan ser hombres; genuinos hombres racionales (y la prueba está en la horrible historia humana); pues desean que prosigamos siendo sus esclavos inconscientes y sumisos, proporcionándoles mansamente lo que procuran entre nosotros y por el hecho de que, en resumen, se temen que lleguemos a ser sus contrincantes en el dominio del planeta.

No olvidemos la escena bíblica y mitológica (los mitos son en muchas ocasiones la historia distorsionada de la intervención de los Dioses en la vida de los pueblos viejos) en el Paraíso Terrenal:

En el último capítulo abundaré más sobre el particular.

Mientras la humanidad no caiga en la cuenta de esto, proseguirá siendo una humanidad pequeña. Este conocimiento y esta rebelión son el arranque de una nueva teología: la teología de los Dioses.

La vieja teología que procuraba a Dios para adorarlo y para entregársele, ha resultado ser falsa y perjudicial para el hombre; la nueva teología que estudia a los Dioses para desenmascararlos, es la auténtica.

Con esta nueva teología el hombre ocupará el sitio que le toca en el Cosmos y va a dejar de verse como un pobre esclavo pecador, desterrado en este val de lágrimas, que desesperadamente busca a alguien que lo redima y lo salve de una condenación eterna.

granja humana, o sea... tu ;-)


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