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Se resaltó como estudiante en la Universidad de Padua, donde estudió teología cristiana. Las ideas de Valignano en sobre el mensaje cristiano católico persuadieron a muchos en la Iglesia Católica que era la persona idónea para llevar el espíritu de la Contrarreforma (la reacción contra la Reforma protestante) al Lejano Oriente. Fue ordenado sacerdote en esa orden y, a la edad de treinta y cuatro años, fue nombrado Visitador de las Misiones en la India y había hecho su profesión del cuarto voto tras solo 7 años en la orden.

Como visitador su responsabilidad era examinar y reordenar toda vez que era preciso las estructuras de la misión y los métodos en India, China y el país nipón. Se le dio una gran cantidad de libertad y discreción, en especial para alguien tan joven, y era responsable solo frente al Superior General de la Compañía de Jesús en la ciudad de Roma, Italia. Su impresionante presencia solo se acrecentó en su altura infrecuente, lo bastante para "llamar la atención en Europa y captar las multitudes en el país nipón." Valignano formó una estrategia básica para el proselitismo católico, que generalmente lleva por nombre "adaptacionismo". Puso el avance de la superior repercusión jesuita agregándose a la conducta cristiana tradicional. Trató de eludir fricciones culturales al hacer un compromiso con las costumbres locales que otros misioneros vieron entrar en pugna con los valores católicos. Su estrategia fue un contraste con la de órdenes mendicantes de franciscanos y dominicos, por las que trabajó duro para bloquear su entrada a el país nipón y después condujo a la polémica de los ritos chinos.

Poco una vez que Valignano llegó a Macao, China, desde Goa, India, en el mes de septiembre de mil quinientos setenta y ocho se percató de que ninguno de los misioneros destinados en Macao ha conseguido establecerse en la China continental. A su juicio, para prosperar la tasa de penetración de los jesuitas en el país y su éxito en la conversión de la gente del sitio era preciso primero aprender a charlar, leer y redactar el idioma chino. Para esto le escribe al superior de la orden en la India para solicitarle que mande a Macao una persona que estaría a su altura, llamado Bernardino de Ferraris (mil quinientos treinta y siete-mil quinientos ochenta y cuatro). No obstante, como Ferraris estaba ocupado como el nuevo rector de los jesuitas en Cochin, otro erudito jesuita, Michele Ruggieri, fue mandado a Macao.

Valignano dejó Macao para ir a el país nipón en el mes de julio de mil quinientos setenta y nueve, dejando instrucciones para Ruggieri, que iba a llegar en cuestión de días. Una vez Ruggieri empezó a estudiar chino y se dio cuenta de la inmensidad de la labor, le escribió a Valignano, pidiéndole que le mande a Matteo Ricci a Macao para compartir el trabajo.Remitido por Valignano al superior de la orden en la India en mil quinientos ochenta, la petición de Ruggieri se cumplió, y Ricci se reunió con él en Macao el siete de agosto de mil quinientos ochenta y dos. En conjunto, los 2 se transformarían en los primeros eruditos europeos de China y su idioma.

Alessandro Valignano

Valignano hizo la primera visita a el país nipón desde mil quinientos setenta y nueve hasta mil quinientos ochenta y dos. En mil quinientos ochenta y uno escribió Il Cerimoniale per i Missionari del Giappone (La liturgia para la misión en el país nipón) para establecer las indicaciones para los jesuitas. En el escrito asimiló la jerarquía de los jesuitas a la de la secta budistaZen a pesares que la odiaba. Aseveró que, a fin de no ser menospreciado por los nipones, todo jesuita debía portarse conforme a la clase que pertenecía. Como resultado, los progenitores jesuitas se sirvieron en platos lujosos de los daimyo (señores feudales) y anduvieron en torno a Nagasaki con criados nipones armados. Una vida de gran lujo y las actitudes déspotas entre los jesuitas en el país nipón fueron criticadas no solo por contrincantes órdenes mendicantes, sino más bien asimismo por ciertos jesuitas. Además de esto, sus instrucciones detalladas sobre usos y costumbres señalan que su entendimiento de la cultura nipona era solo superficial.

Como fue ordenado por el Superior General, dedicó sacrificios para promover sacerdotes nipones. Forzó a Francisco Cabral a renunciar como superior de la misión jesuita en el país nipón Cabral se oponía a sus planes. Mas no solo Cabral estaba en disconformodidad con Valignano. En verdad Valignano quedó en minoría en los jesuitas en el país nipón. Se mostró optimista sobre la capacitación de los sacerdotes nativos, mas muchos jesuitas vacilaban de la honestidad de los conversos nipones. Y el propio Valignano llegó a tener una visión negativa tras su segunda visita en el país nipón, si bien no dio por vencida su esperanza. Tras su muerte los informes negativos de el país nipón se vieron reflejados en las políticas de la sede de la Compañía de Jesús en la ciudad de Roma en mil seiscientos diez, y la orden limitó la admisión y la ordenación de los católicos nipones. Irónicamente, la prosecución por el shogunado Tokugawa forzó a los jesuitas a depender poco a poco más de los fieles nipones. Pese a las políticas de la sede, el Instituto Jesuita de San Pablo en Macao , que fue fundado por Valignano, generó doce sacerdotes nipones.

En su primer arribo a el país nipón Valignano estaba aterrorizado con lo que estimaba que, cuando menos, por negligencia las peores prácticas, exageradas y poco cristianas por la parte del personal de la misión. Valignano escribió después que, si bien la misión había hecho ciertos avances esenciales a lo largo del orden de Francisco Cabral, los métodos generales usados por el superior fueron muy deficientes. Aparte de los inconvenientes del estudio de la lengua nipona y el racismo, ciertos jesuitas, y concretamente Cabral tenían la costumbre de "estimar las costumbres niponas siempre y en todo momento como anormal y charlar con desprecio de ellas. Cuando llegué por vez primera a el país nipón, la nuestra (la multitud en general prosigue al líder), no mostró ningún cuidado para aprender las costumbres niponas, mas en la diversión y en otras ocasiones fueron de forma continua incrementando en ellos, argumentando en contra de ellos, y expresando su preferencia por nuestros caminos a la enorme decepción y desazón de los nipones".

Hay una creencia tácita en la escritura del visitador de que los líderes influyen y son responsables de la conducta de los de menor rango. Por consiguiente, en opinión de Valignano, cualquier interrupción en el comportamiento de la misión cara el nipón era indudablemente un resultado de la pesadumbre de Cabral. Inmediatamente empezó a reformar muchos aspectos de la misión, y siempre y cuando le era posible, minó la autoridad de Cabral como superior de la misión jesuita a el país nipón.

Curso de idiomas

Los cursos de idiomas siempre y en toda circunstancia era uno de los inconvenientes centrales de la misión. Antes que el visitador llegase a el país nipón diecisiete de los misioneros nombrados personalmente por Valignano le escribieron quejándose de que la enseñanza de idiomas no existía completamente. Cabral había protestado que era imposible para los europeos aprender nipón y que, aun tras 15 años de estudio de los progenitores apenas podían predicar un sermón, ni tan siquiera para los cristianos conversos.

El primer acto oficial de Valignano al llegar a el país nipón fue que todos y cada uno de los nuevos misioneros en la provincia pasasen un par de años en un curso del idioma japonés, apartando a los recién llegados a pasos desmedidos desde los primeros sacrificios entusiastas mas pomposo de la ciudad de San Francisco Javier. En mil quinientos noventa y cinco Valignano podía preciarse en una carta que los jesuitas no solo imprimían una gramática y un diccionario del nipón, sino más bien asimismo múltiples libros (sobre todo de la vida de los Santos y de los mártires) por entero en nipón. El cuerpo primordial de la gramática y el diccionario fue compilado desde mil quinientos noventa-1603; cuando acabó, fue un volumen realmente integral con el diccionario solo contiene treinta y 2 y setecientos noventa y ocho entradas.

Cuando Cabral había trabajado para excluir a los nipones de ir alén de hermanos en la Compañía de Jesús, Valignano insistió que fuesen tratados por igual a todos y cada uno de los europeos y mientras que los seminaristas nipones aprendería latín para empleo sacramental, el visitador observaba que se los europeos son los que deben aprender las costumbres niponas y no del revés. Esto, hay que agregar, era todo lo opuesto de la opinión manifestada por Cabral de que los nipones debían amoldarse a las ideas y modos de meditar occidentales.

Alessandro Valignano.

La necesidad de un clero nativo capacitado era esencial para Valignano, y de este modo, en mil quinientos ochenta un monasterio budista vacío desde hacía poco en la provincia de Arima se transformó en un naciente seminario. veintidos jóvenes conversos nipones empezaron con el proceso de enseñanza de las órdenes sagradas. El proceso se repitió un par de años después en Azuchi, donde los seminaristas eran treinta y tres.

La primera orden del día en los seminarios sería la enseñanza de idiomas. Valignano dejó claro que todos y cada uno de los seminaristas, cualquiera que sea su origen, recibirían la educación en latín y nipón. Después los estudiantes fueron educados en teología, filosofía y doctrina cristiana. Esto era propio de la educación jesuita, y refleja el estado de la educación jesuita en Europa. Mas había ciertas diferencias significativas. Por una parte, como el seminario de Arima era ya antes un monasterio budista, y por el hecho de que Valignano hizo hincapié en la necesidad de adaptación cultural, la decoración original se quedó prácticamente sin cambios; este patrón se repitió en otros seminarios, y, en mil quinientos ochenta los "Principios para la Administración de Seminarios nipones", que entra en gran detalle sobre los métodos de seminario, Valignano apunta que las "esteras de tatami se deben mudar de año en año" y que los estudiantes deben mudar los "katabira (ropa de verano) o bien quimonos de algodón azul" y al aire libre un "dobuku" (mantón negro)". Los estudiantes fueron instruidos para comer arroz blanco con salsa en un plato de pescado.

El propósito de Valignano es clarísimo. Los seminarios eran instituciones jesuíticas propias de educación humanística y exploración teológica, mas su modo de vida era absolutamente nipón. Ellos fueron esmeradamente diseñados para conjuntar, en lo posible, las sensibilidades niponas con la ideología europea. Resumiendo eran un sitio idóneo para adiestrar a reverendos nipones, hombres que atraen tanto a sus familias y amigos, y asimismo a la sociedad. Ciertos especialistas suponen que Valignano trataba activamente de contestar la corporación nipona de dojuku o bien noviciado monástico. Esta es seguramente una interpretación recomendable, en tanto que semeja que a la que los seminarios católicos apelaban, mas en el habitual estilo jesuita no se limitaban a muchos de los hijos de los ricos nobles que, como tradición budista, entraban como novicio en un monasterio.

La psique metódica y organizada de Valignano es evidente en todos y cada uno de los aspectos de la organización de la misión. Anejo a sus "Principios para la administración de seminarios nipones" había un programa diario completo para un seminarista nipón. Como era de aguardar las actividades programadas incluían la enseñanza del latín y el nipón todos y cada uno de los días con un tanto de la música coral.

El éxito de sus reformas de los seminarios

A pesar de su gran idealismo, no está claro qué tan triunfantes eran verdaderamente las reformas de los seminarios de Valignano. Ellas estimularon efectivamente a conversos nipones a unirse a la orden; en la década tras la primera visita de Valignano sesenta nipones nativos se unieron a los jesuitas como novicios. Mas hubo inconvenientes. Pocos frailes budistas tenían la obligación de vivir bajo un estado de rigurosa pobreza como la que los jesuitas hacen cumplir, y por el hecho de que la entrega de regalos es una parte tan esencial de las relaciones sociales niponas, la incapacidad de los novicios para admitir estos regalos, indudablemente, contribuyó a enajenarlos de sus familias.Además, la manera ignaciana de espiritualidad, con su énfasis en la confesión y el examen de conciencia golpeó a los seminaristas como horriblemente inapropiada. Valignano, Cabral, y otros habían señalado habitualmente de qué manera la cultura nipona insistía en la eliminación y ocultamiento de la emoción.Este inconveniente se ve agravado por la incapacidad de la mayor parte de los jesuitas de charlar o bien comprender el idioma con fluidez. Descubrir todos y cada uno de los pensamientos secretos a otro, mediante un intérprete, fue visto como una grave violación de las costumbres sociales.

Por último, mas todavía más esencial, la cultura nipona no considera la vida religiosa como algo completamente separada de la vida secular en el sentido de que los jesuitas comprendían. En la mayor parte de comunidades budistas, es común, si no es de aguardar, que los hombres y las mujeres pasen cierto tiempo en reclusión como un fraile o bien una monja a lo largo de ciertos años o bien meses. No era un agravio para un fraile de tomar los votos por un periodo limitado de tiempo y después volver a su ocupación normal, al tiempo que la Contrarreforma de la Iglesia Católica, con su énfasis en la vocación y eterno sacerdocio, era más diferente.

"La llegada de los salvajes del sur", pintura del siglo XVII (Nagasaki).

A medida que la misión empezó a expandirse velozmente las contrariedades financieras empezaron a surgir. Todas y cada una de las instituciones jesuitas: los seminarios, las escuelas, las imprentas y las misiones requerían dinero para ser financiadas. Este enfrentamiento eterno, que Valignano describe como la que existe entre "Dios y Mamon", se extendió a lo largo de la mayoría de la historia de la misión.

Originalmente los daimyo locales nipones trataron de ganarse el favor de la administración de los jesuitas con la intención de que los navíos mercantes portugueses visitaran sus puertos locales con más frecuencia. Todo esto cambió en mil quinientos ochenta cuando el padre Vilela transformó al daimyo Omura Sumitada que controlaba el puerto de Nagasaki. Como obsequió el puerto, que entonces no era más que un pequeño pueblo de pescadores, fue cedido al control de la orden del mismo modo que la fortaleza en el puerto.

El Superior General en la ciudad de Roma fue sorprendido por la nueva de una adquisición tan flagrante de la propiedad y dio instrucciones firmes de que el control de los jesuitas de Nagasaki había de ser solo temporal. Mas como la mayor parte de las sugerencias venían de Europa, Cabral y Valignano decidieron ignorar mucho de eso, sobre todo pues, como Valignano explicaría después, la urbe se transformó de forma rápida en un cobijo para los cristianos alejados y perseguidos.

Bajo el control de los jesuitas Nagasaki medraría de un pueblo con una sola calle a un puerto internacional que rivalizaba con la repercusión de Goa o bien Macao. La propiedad jesuita del puerto de Nagasaki dio a la orden un monopolio de los impuestos sobre todos y cada uno de los productos importados que lleganban a el país nipón. La orden era más activa en de el comercio nipón de plata, en el que grandes cantidades de plata japonesa sería mandada a Cantón a cambio de la seda de China, mas los superiores de la misión eran siendo conscientes del mal sabor inherente de participación de la orden en las transacciones mercantiles y decidieron sostener el tráfico a un mínimo.

Los enfrentamientos con Roma

Esta violación de la práctica eclesiástica no pasó inadvertida por los líderes de otras misiones europeas en la zona, o bien por aquellos que se ganan la vida a través del comercio interasiático. Por último, el papa Gregorio XIII se vio obligado a intervenir, y, en mil quinientos ochenta y cinco, la santa Sede ordenó el cese inmediato de todas y cada una de las actividades mercantiles de la Compañía de Jesús. Valignano hizo un llamamiento al papa, diciendo que iba a abandonar a todo el comercio cuando los doce con cero ducados precisos para cubrir sus gastos anuales fuesen remitidas por otra fuente. El abandono del comercio de la seda, afirmó, sería el equivalente a desamparar la misión en el país nipón, que fue indudablemente cierto. En una carta al Superior General Valignano solicitó misericordia y, sobre todo, la confianza: "Su paternidad debe dejar este tema a mi conciencia, pues con la ayuda de Dios, espero que voy a continuar pensando en ello y asimismo a tener en consideración el buen nombre de la orden en el país nipón y China, y en el momento en que me parezca posible hacerlo voy a reducir gradualmente y por último desamparar el comercio".

Pero las suficientes finanzas debían ser aseguradas de alguna manera. En mil quinientos ochenta la orden se mantienía una comunidad de ciento cincuenta con cero personas, doscientos iglesias con ochenta y cinco jesuitas, entre ellos veinte hermanos nipones y un número auxiliar de cien seguidores. Una década después, había ciento treinta y seis jesuitas en el país nipón, con un personal de hasta trescientos. Había en torno a seiscientos personas que dependían absolutamente de los fondos de la orden; todo esto, aparte de la construcción y mantenimiento de iglesias, escuelas , seminarios y la imprenta costaban mucho dinero. Ubicado en el contexto de la extrema pobreza que afectó a el país nipón a lo largo de esta temporada, no extraña que Valignano autorizó confiar a la misión el impuesto sobre la renta que daba el puerto de Nagasaki.

Alessandro Valignano ejercitó su situación como visitador, inspeccionando todas y cada una de las misiones jesuitas en Asia desde el primordial puerto portugués de Macao, mas su enfoque primordial fue siempre y en todo momento en la misión nipona. En mil seiscientos, la misión jesuita estaba en declive debido a la prosecución del KanpakuToyotomi Hideyoshi y después, más seriamente, bajo los Tokugawa.

Tokugawa Ieyasu trabajó aplicadamente para frustrar todos y cada uno de los intentos europeos de restituir el contacto con el país nipón, de forma religiosa o bien de otro modo, tras su ascenso al poder en mil seiscientos tres. Todos y cada uno de los samuráis y miembros del ejército fueron obligados a renunciar del cristianismo y a suprimir distintivos o bien diseños cristianos de su ropa. Después, a los daimyo y los plebeyos se les ordenó proseguir exactamente las mismas limitaciones. En mil seiscientos treinta y seis, Tokugawa Iemitsu decretó la Sakoku edicto que acabó con prácticamente todo contacto con el planeta exterior. A los navíos nipones se les prohibió salir del país bajo pena capital, como cualquier nipón que intentara retornar del extranjero sería del mismo modo ejecutado. La política de aislamiento se puso fin por fuerza por el comodoro estadounidenseMatthew Perry, en mil ochocientos cincuenta y tres, desde un periodo de veloz modernización que incluyó la Restauración Meiji y regresar a abrir el país a la comunidad internacional.

Valignano murió en Macao en el primer mes del año de mil seiscientos seis y uno de sus seguidores jesuitas apuntó en su Panegírico: "En nos lamentamos no solo de nuestro precedente visitador, mas asimismo, como afirmarían ciertos, el apóstol del el país nipón".

Los 4 nipones mandados a Europa por Valignano, al lado del padre Mesquita en mil quinientos ochenta y seis.

Valignano creó el Instituto Jesuita de San Pablo en Macao. Viajó a Goa y visitó el país nipón en 3 ocasiones: en mil quinientos setenta y nueve, cuando se quedó 3 años; en mil quinientos noventa-noventa y dos y de mil quinientos noventa y ocho a mil seiscientos tres.

Valignano procuró el camino para una relación más angosta entre los pueblos de Asia y Europa a través de la promoción de la igualdad de trato de todos y cada uno de los humanos. Él era un enorme seguidor del pueblo nipón y la visión de un futuro en que el país nipón sería uno de los países cristianos más esenciales del planeta. Él escribió la insigne oración de que los japoneses: "Son geniales no solo a todos los otros pueblos orientales, asimismo superan a los europeos" (Alessandro Valignano, mil quinientos ochenta y cuatro, "Historia del principio y Progreso de la Compañía de Jesús en las Indias Orientales (mil quinientos cuarenta y dos-mil quinientos sesenta y cuatro)" ).

Envió a Europa 4 nobles jóvenes nipones, dirigidos por Mancio Ito. Este fue el primer envío oficial de el país nipón a Europa.


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