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ıllı Bento de Góis wiki: historia, libros y películas.

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Bento de Góis, o bien Bento de Goes o bien Bento de Goës (anteriormente, asimismo transcrito como Benedicto Gómez, Benedito Gomes o bien Benedict Goës) (Vila Franca do Campo, Turbes, mil quinientos sesenta y dos - Suzhou, Gansu, China, once de abril de mil seiscientos siete), fue un jesuitaportugués, misionero y explorador, recordado eminentemente por haber sido el primer europeo del que se sabe que viajó por tierra desde la India a China, vía Afganistán y los Pamires. Inspirado por las polémicas entre los jesuitas en lo que se refiere a si la Catai de las historias de Marco Polo era exactamente el mismo país que China, su expedición probó concluyentemente que los dos países eran una misma cosa, y, conforme el orientalista escocés Henry Yule (mil ochocientos veinte-ochenta y nueve), hizo que «Catai... por último desapareciese de vista, dejando solo China en las bocas y las psiques de los hombres».


Primeros años


Góis fue a la India como soldado en el ejército portugués. En Goa entró en la Compañía de Jesús como un hermano lego (en mil quinientos ochenta y cuatro), ofreciéndose a sí mismo a trabajar para la Misión de Mughal. Como tal, en mil quinientos noventa y cinco, acompañó a Jerome Xavier y Manuel Pinheiro a Lahore. Por tercera vez el emperador Akbar había requerido que fueran mandados a su corte jesuitas. Góis volvió a Goa en mil seiscientos uno. Conforme con Matteo Ricci, estas experiencias le habrían tolerado adquirir fluidez en la lengua persa y un buen conocimiento de las costumbres «sarracenas» (esto es, musulmanas).


El misterio de Catai

La cadena de urbes —desde Yarkanda a Cialis y a Sucieu— en el Regno di Cascar (reino de Kashgar). En este mapa del siglo XVII está precisamente la lista de los lugares que figuran en el relato de Ricci de la expedición de Góis. El mapa mienta los relatos de "Benedetto Goes", Martino Martini, Gio(vanni) Grueber y Tavernier entre sus fuentes.

Góis es recordado por su largo viaje de exploración a través del Asia Central, bajo el disfraz de un mercader armenio, en busca del reino de Catai. A lo largo de más de 3 siglos habían estado circulando informes en Europa de la existencia de un reino cristiano en la mitad de las naciones musulmanas, generados por los relatos elaborados por Marco Polo, y después por las reclamaciones de Ruy González de Clavijo. Una vez que los misioneros jesuitas, dirigidos por Matteo Ricci, hubiesen pasado más de quince años en el sur de China y de que por último hubieran llegado a Pekín en mil quinientos noventa y ocho, empezaron a sospechar de manera firme que China era Catai, una creencia que fue reforzada por el hecho de que todos y cada uno de los viajantes sarracenos (esto es, los musulmanes del Asia Central) con los que Ricci y sus compañeros se reunieron en China, les afirmaron que estaban en Catai.


El líder de los jesuitas en Goa había sido informado por carta desde las misiones jesuitas chinas de que China era Catai (mas que no había cristianos allá en ese instante). Al tiempo, a los jesuitas estacionados en la corte de Mughal (particularmente, exactamente el mismo Jerome Xavier) los mercaderes de visita les afirmaron que se podía lograr Catai mediante Kashgar, y que había muchos cristianos en Catai, lo que persuadió a Xavier de que Catai era, en verdad, el reino del Preste Juan, en vez de la China de los Ming.


En retrospectiva, la idea que daban los informantes del Asia Central sobre que la China Ming pudiese ser un país muy cristiano puede ser explicada por numerosas semejanzas entre los rituales eclesiásticos cristianos y budistas —desde tener esculturas y lujosos trajes eclesiásticos hasta el canto gregoriano— lo que haría que las dos religiones les parecieran externamente afines a esos mercaderes musulmanes.


Después de múltiples comunicaciones entre Xavier, los superiores de la orden en Goa (Nicolo Pimenta, el Padre Visitador, desempeñó acá su cargo), y las autoridades en Europa, se decidió mandar una expedición por tierra desde la India hasta Catai, sobre la que los visitantes de la urbe mongola de Agra les había hablado a los jesuitas, para poder ver que país era verdaderamente. Góis fue el escogido como la persona más conveniente para esta expedición, como hombre de coraje y buen juicio, bien familiarizado con la lengua de la zona y sus costumbres. Akbar aprobó los planes y emitió cartas de salvoconducto para Góis a fin de que fueran empleadas a lo largo de la una parte del viaje en el Imperio mogol y asimismo dio en parte financiación para la expedición.


Góis va a Catai


Bento Góis partió de Agra hacia Lahore a fines de mil seiscientos dos o bien principios de mil seiscientos tres (las fuentes difieren), y en el mes de febrero de mil seiscientos tres dejó Lahore con la caravana de camellos anual con destino a la capital de Kashgar, Yarkanda. Su identidad falsa era la de un mercader armenio con un nombre un tanto poco probable, Abdullah Isái. Iba acompañado por 2 helenos, escogidos por Xavier: un sacerdote llamado Leo Grimano (que solo viajó con Bento hasta Kabul) y un mercader llamado Demetrio, que asimismo se apartó de Bento en la ciudad de Kabul, mas que después se reunió con él en Yarkanda. En vez de los 4 sirvientes que llevaba en Agra, en la ciudad de Lahore contrató a un auténtico armenio que radicaba en esa urbe, llamado Isaac, que estuvo con Góis hasta el final.


Viajando vía Peshawar, la caravana llegó a Kabul, donde los miembros de la caravana pasaron múltiples meses. Mientras que estaba en la ciudad de Kabul, Góis se reunió con Agahanem, hermana del gobernante de Kashgar, que asimismo era la madre del en ese instante gobernante de Hotan. Retornaba a su tierra natal tras partir a una Hajj (peregrinación) a La Meca, y se había quedado sin dinero. El jesuita le prestó ciertos fondos, que entonces pagó con jade de enorme calidad.


Góis supo, por otro viajante que conoció, sobre la existencia de «una urbe llamada Capperstam, en la que los no mahometanos no pueden entrar» (conforme Henry Yule, una referencia a la zona de Kafiristan), y probo un vino de Kafir, que halló muy afín a los productos europeos.


Desde Kabul, Bento Góis y también Isaac fueron al norte, cruzando el Hindu Kush.Habiendo dejado el dominio de los mongoles, y entrado en el territorio bajo la autoridad (al menos nominal) del Khan de Samarcanda, Fergana y Bujará, hicieron una parada en Taloqan (Talhan), el día de hoy en el norte de Afganistán. El área estaba en crisis, con el pueblo calcio, «rubios... como los belgas» sublevados contra los gobernantes de Bujará. Tras pasar la tierra de los rebeldes calcios solo con pérdidas menores, la caravana de Bento prosiguió cara el este, por las carreteras peligrosas mediante los Pamires. Ni Henry Yule en mil ochocientos sesenta y seis, ni C. Wessels en mil novecientos veinticuatro fueron capaces de identificar la mayor parte de los nombres de los lugares citados por Góis, mas mentaron que era seguramente el único relato publicado de un europeo que cruzó esa zona entre la expedición de Marco Polo y el siglo XIX. La caravana llegó a Yarkanda (Hiarchan) en el mes de noviembre de mil seiscientos tres.

Tumbas reales en Yarkanda, que datan de los siglos XVI y XVII

Yarkanda había sido la capital de Kashgar (en la parte occidental de la cuenca del Tarim) desde los días de Abu Bakr Khan (ca. mil quinientos). Bento y también Isaac pasaron un año allá, aguardando la capacitación y la salida de una caravana cara Catai. Sabían que cada pocos años una caravana de esta forma dejaba Yarkand, compuesta eminentemente por mercaderes locales, para llevar jade a la capital de Catai (o sea, Pekín) con el pretexto de que múltiples gobernantes del Asia Central pagaban "tributo" al emperador Ming. Según dicta la costumbre, el emperador escogería el mejor jade para él y retribuiría espléndidamente a los kashgarianos, a los que se les dejaría vender el resto del jade a los mercaderes de Pekín. A lo largo de ese tiempo, Bento asimismo hizo un viaje a Hotan, donde su precedente préstamo a la reina madre del principado fue retribuido espléndidamente con jade.


El jesuita impresionó al gobernante de Yarkanda, Muhammad Sultan (r. mil quinientos noventa y dos-mil seiscientos nueve), un descendiente del Sultan Said Khan y un murid (acólito) de Khoja Ishaq, con el regalo de un reloj mecánico, y consiguió de él un documento para la entrada en el «reino de Cialis», más cara el este, que estaba regido por el hijo de Muhammad.


La caravana cargada con el tributo de jade partió de Yarkanda en el mes de noviembre de mil seiscientos cuatro. Hicieron una parada en Aksu (el día de hoy en Xinjiang), que aún estaba en el reino de Kashgar, y que tenía a un sobrino de Muhammad Sultan de doce años de edad, como gobernante nominal. El jesuita se hizo amigo del chaval, con ciertos dulces y con una representación de una danza europea, y de su madre, con una pluralidad de pequeños regalos.

Una misión desde (supuestamente) Turpan en visita a Pekín en mil seiscientos cincuenta y seis, medio siglo tras el viaje de Góis. Su caravana puede haber incluido personajes afines.

La caravana cruzó entonces el «desierto de Caracathai» o bien la «Tierra Negra de los cathayanos» que, como aprendió Bento, era llamada de este modo por los «cathayanos había vivido allá a lo largo de mucho tiempo». La próxima parada esencial fue en la pequeña, mas con fuerza fortificada, urbe de Cialis, donde los viajantes pasaron 3 meses mientras que el jefe de la caravana aguardaba que se les unieran más mercaderes. Si bien se prosigue de la geografía de la senda (entre Kucha y Turpan) que Cialis tendría que estar situada en algún sitio en la el día de hoy prefectura autónoma mongol de Bayingolin, su identidad ha sido objeto de especulación entre los historiadores siguientes. Ciertos creyeron que la urbe es famosa por nosotros como Korla (el día de hoy, la capital de la prefectura), al tiempo que otros consideraron que era Karashar, a unos cincuenta km más al nordeste.


En Cialis la caravana de Bento se reunió con otra caravana, que retornaba desde Pekín a Kashgar. Con mucha suerte, a lo largo de su estancia en Pekín —Cambalu, en un (italianizado) túrquico— los kashgarianos habían residido en exactamente el mismo centro de acogida de visitantes extranjeros en que Matteo Ricci, el primer jesuita que llegó a la capital china, había sido detenido por un tiempo. Los kashgarianos de regreso le afirmaron a Bento Góis lo que sabían sobre esa nueva nueva, algo poco frecuente de los visitantes de China, e inclusive le mostraron un pedazo de papel con algo escrito en portugués, según parece, supuestamente escrito por uno de los jesuitas, que habían escogido como recuerdo para enseñar a sus amigos de vuelta a casa. Góis estaba contentísimo, ahora bastante seguro de que la China jesuítica había sido identificada apropiadamente con la Catai de Marco Polo, y Cambalu con Beijing.


Atascado en Suzhou


Vía Turpan y Hami, la caravana de Bento llegó a Jiayuguan, en la frontera con China, y pronto consiguió el permiso para cruzar la Gran Muralla y proceder a Suzhou (hoy en día, el centro de la urbe de Jiuquan) —la primera urbe en el Imperio Ming, en la que entró prácticamente al final de mil seiscientos cinco. Tras 3 años y más de cuatro mil millas de duro viaje, Bento y también Isaac no lo hacían tan mal: contaban con trece caballos, 5 sirvientes y 2 muchachos que Bento había redimido de la esclavitud. Llevaban un montón de jade con ellos, y, lo más esencial, los dos viajantes estaban en buen estado de salud. Mas acá su suerte se terminó. El Imperio Ming tenía reglas muy restrictivas para la entrada de extranjeros en el país, y les tomaría muchos meses antes que a los comerciantes/embajadores del Asia Central se le dejase seguir viaje dentro del país. Mientras, Bento y también Isaac, virtualmente presos en la urbe fronteriza, debieron gastar una parte de sus activos en alimentarse a sí mismos a los costes descomunales que predominaban allá. De Góis escribió una carta a los jesuitas en la ciudad de Pekín para solicitarles que encontrasen una forma de sacarlo de Suzhou, mas no fue mandada, puesto que no sabía la dirección de sus colegas en la ciudad de Pekín, y supuestamente ni tan siquiera halló a alguien a quien solicitar que la carta fuera dirigida en chino. Por su lado, los jesuitas de la ciudad de Pekín (informados de la expedición de Góis por sus superiores de Goa) hacían preguntas sobre él a la gente que venía desde el oeste, mas no pudieron saber nada, puesto que no conocían su nombre armenio" o bien quizá solo preguntaron a las personas equivocadas.


La segunda carta que Bento mandó cerca de la Pascua de mil seiscientos seis, llegó a Beijing a mediados de noviembre. Pese al tiempo invernal, Ricci de forma rápida mandó un jesuita lego chino, llamado Giovanni Fernandes a su rescate.


A pesar de las inclemencias del tiempo y del hurto de muchos de sus suministros por su sirviente en la urbe de Xi'an, Fernandes llegó a Suzhou a fines de marzo de mil seiscientos siete y se halló a un Bento enfermo, prácticamente al filo de la muerte. (Ricci afirma que pudo haber sido envenenado.) El intrépido viajante murió once días tras la llegada de Fernandes, y el resto miembros de su caravana, siguiendo la demoníaca costumbre, repartieron sus recursos entre sí.


A Giovanni y también Isaac les llevó múltiples meses de sacrificios legales recobrar una parte de las propiedades y documentos de Bento de sus viejos compañeros de caravana. Desafortunadamente, su diario de viaje —que diríase que había mantenido meticulosamente— había sido destruido por la gente sarracena de la caravana, aparentemente pues en él asimismo figuraban anotaciones de las cantidades que ciertos de ellos le adeudaban. Por tanto, los registros actuales de la expedición son muy superficiales, basados primordialmente en múltiples cartas supervivientes (ciertas mandadas de regreso a la India, y la última, a Ricci), y en la información conseguida por el propio Ricci de Isaac y Giovanni.


Isaac y Giovanni sepultaron a Bento en la manera más cristiana que les fue posible dadas las circunstancias, y prosiguieron viaje a Beijing. Tras una estancia de un mes en la urbe, en que fue largamente interrogado por Ricci, Isaac volvió a la India mediante Macao y el estrecho de Singapur, no sin más ni más aventuras en el camino.


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