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No debe confundirse con la Conspiración del Nuevo Orden Mundial.wikiCartel de la Exposición antimasónica de 1941: el judaísmo controlando al comunismo (Iósif Stalin) y a la masonería (Winston Churchill).wikiLa Exposition Antibolchevique de mil novecientos cuarenta y dos denunciaba una conspiración judeo-masónico-marxista-internacional en la Francia ocupada por la Alemania nacionalsocialista.

Conspiración judeo-masónico-marxista-internacional, en ocasiones llamada conspiración judeo-masónico-marxista-internacional, contubernio judeo-masónico-marxista, es el nombre que se le da a una supuesta alianza segrega de la que formarían parte los judíos, la masonería y el comunismo; que pretenderían un fin obscuro (de una forma o bien otra, el dominio del planeta). El término se edifica con la adición de la capacidad revolucionaria del comunismo a la tesis del siglo XIX de la conspiración judeomasónica o bien de la fusión de esa tesis con la del siglo veinte del judeo-bolchevismo.


En la temporada moderna, esta conspiración es y ha sido extensamente usada como instrumento político por conjuntos conservadores, ultracatólicos, retrógrados y fascistas para denunciar tanto a la izquierda como a la derecha política.

Publicidad alemana de mil novecientos treinta y cinco denunciando la acción de la judeo-masonería en múltiples revoluciones europeas: Revolución francesa, Revolución rusa de mil novecientos cinco, los Jóvenes Turcos, Revolución del cinco de octubre de mil novecientos diez, Atentado de Sarajevo, Revolución rusa de mil novecientos diecisiete, Revolución de Noviembre, República Soviética de Baviera, República Soviética Húngara, Revuelta de julio de mil novecientos veintisiete, Proclamación de la Segunda República De España.

Desde la Edad Media se puede rastrear la existencia de antisemitismo, vinculado en sociedades sin sistema capitalista desarrollado a un extenso conjunto de prejuicios ideológicos, eminentemente al menosprecio por las actividades que, con independencia de su función económica, la Iglesia definía como usura (préstamo con interés, mas asimismo el comercio si se consigue lucro). La única forma socialmente admisible de ser rico sin sospecha era la renta feudal, alcanzable solo a los privilegiados, que efectivamente lo eran más que los judíos. En cambio, estos resaltaban en aquellas, puesto que su condición les impedía normalmente el acceso a otro género de ocupaciones (si bien ciertos judíos europeos eran campesinos y efectuaban diferentes oficios manuales y también intelectuales). La manipulación de este prejuicio fue una útil forma de desviar enfrentamientos sociales (el descontento de los no privilegiados en coyunturas críticas) usando a los judíos como chivo expiatorio. A ellos se atribuían todo género de malas pretensiones (producir la peste, raptar y matar ritualmente pequeños y profanar los sacramentos, como en el caso del Santo Pequeño de La Guarda).


Pero desde la divulgación de los Protocolos de los Sabios de Sion, estas teorías conspirativas se fueron haciendo poco a poco más complejas. El hecho de que Karl Marx naciese en una familia de origen judío, al lado de la procedencia judía de señalados líderes marxistas, dejó incorporar a la conspiración a los movimientos obreros, participantes de su ideología.


La masonería había sido objeto de condenas papales desde el siglo XVIII (véase condenas religiosas de la masonería), y su papel en la gestación de las llamadas revoluciones liberales, sobre todo las de los primeros ciclos (Independencia de los USA, Revolución francesa, revoluciones de mil ochocientos veinte), era objeto de polémica. Su condición de sociedad segrega excitaba la imaginación, favorece a todo género de fantasías en la temporada romántica.

Francia católica conducida por judíos y masones (judeo-masonería), dibujo de Achille Lemot para el jornal Le Pèlerin, treinta y uno de agosto de 1902.Artículos principales:Caso DreyfusyAction Française.

A finales del siglo XIX, el Caso Dreyfus provocó en la Tercera República Francesa la división enconada de la opinión pública y los conjuntos políticos y también intelectuales. Particularmente, conjuntos retrógrados monárquicos y ultracatólicos como la Action Française (Acción Francesa) de Hables Maurras y otros (véase Historia de la extrema derecha en Francia) empezaron a estigmatizar como elementos antifranceses a judíos, izquierdistas y masones, presentándolos en connivencia con potencias extranjeras (en un caso así Alemania). Quedó probada la capacidad movilizadora de estas ideas en una sociedad industrial, gracias en gran medida a su amplificación y difusión por los medios (en ese instante la prensa, a la que se agregará el cine y la radio en el primer tercio del siglo veinte). Fue inmediata la extensión a otros países europeos de razonamientos y técnicas políticas y sociales afines, amoldando el oponente exterior y los rasgos de la personalidad nacional a proteger a las circunstancias locales de cada caso.

Publicidad anticomunista del Movimiento Blanco ruso, con una caricaturiza de León Trotsky como un diablo llevando una estrella roja y la mención «Paz y libertad en la Rusia soviética».Franco y los judíos

En particular, en la España de la primera mitad del siglo veinte era un sitio común del pensamiento retrógrado referirse a esa conspiración como la encargada de la decadencia de España desde, por lo menos, el tiempo de Felipe II. La Monarquía católica de los Habsburgo sería el contrincante a batir por la parte de elementos de muy diversa procedencia, ciertos de ellos los judíos sefardíesexpulsados de España por los Reyes Católicos y sus descendientes, enriquecidos por la usura, que habrían conectado con los rebeldes holandeses (Guillermo de Orange) y otros contrincantes del catolicismo y del Imperio de España, que sería su más firme defensor (Luz de Trento, martillo de herejes). Semejantes habrían sido los responsables del aparato de publicidad antiespañola que se llamó Historia de leyenda Negra. El hecho de que entre los protestantes (Lutero particularmente) el antisemitismo sea aun más fuerte que entre los católicos no semeja ser suficiente contradicción para la teoría.


De ese entorno intelectual participó Francisco Franco, que manifestaba en sus alegatos un odio singular a la masonería, en la que habría intentado ingresar sin lograrlo. Otras fuentes asimismo resaltan la situación familiar de Franco, hijo de un militar de la Marina De España que no puede seguir esa tradición por culpa de la reducción de efectivos debida a la desaparición del Imperio en el Desastre de mil ochocientos noventa y ocho. Los campeones, U.S.A. (que después serían paradójicamente el primordial sostén de Franco) son vistos como una potencia infernal, protectora de todo tipo de sectas heréticas, dominada por la avaricia del capitalismo de origen judío (sin extrañarse de la contradicción capitalismo-comunismo) y por los diarios manipulados por los judíos. El éxito de su hermano Ramón Franco, el aviador que logró cruzar el Atlántico, conocido por su ideología progresista y pertenencia a la masonería, habría acentuado en Francisco Franco, conforme estas fuentes, la sensación de inferioridad. Obligado a conformarse con ingresar en el Ejército de Tierra, consiguió una refulgente carrera en el ejército colonial de África.


La expresión no es una maledicencia de sus contrincantes, se recoge asimismo en medios similares al franquismo. En esa página biográfica sobre Franco se reproduce esta interpretación del Desastre del noventa y ocho, extraída del «Anecdotario» del propio Francisco Franco (bajo el seudónimo Jaime de Andrade) para el guion de Raza, película dirigida por José Luis Sáez de Heredia:


En el entorno militar se aproxima a las publicaciones anticomunistas que se editaban en Francia (por las «ligas» de extrema derecha como Action Française, Solidarité Française o bien Le Faisceau) y se adhiere en mayo de mil novecientos treinta y cuatro a la Entente Internacional contra la Tercera Internacional, con una carta en la que expresa su deseo de «cooperar, en este país, a vuestro gran esfuerzo».


Su ascenso hasta la jefatura del bando rebelado en la Guerra Civil De España le dejó concentrar la opresión en aquellos que percibía como antiespañoles: masones y también izquierdistas, rasgos que veía en la totalidad de los defensores de la República. De la obsesión personal de Franco con la masonería queda, como patentiza física, la reconstrucción que ordenó hacer en el Fichero General de la Guerra Civil de Salamanca, al lado de los papeles requisados, de una sala donde se reprodujese toda la parafernalia ornamental de una logia masónica, amontonando una serie de objetos destinados, de manera directa, a atemorizar y generar horror por su excesiva atrocidad o bien dramatismo. Se trataba de elementos distorsionados y maniquís vestidos en forma inexistente en la masonería para dar una imagen negativa de exactamente la misma tal y como deseaba el franquismo. /P>

Los bastante difíciles años cuarenta, primero con la Segunda Guerra Mundial (en la que quedaron claras tanto las simpatías del régimen franquista por Alemania y también Italia como la habilidad de sostener un equilibrio preciso frente a los aliados, que desde mil novecientos cuarenta y dos se ven como campeones), y después con el aislamiento internacional de la posguerra; generaron unos recordables alegatos públicos de Franco, en los que, aparte de referirse a la pertinaz sequía, se prodigaba en referencias a la «conspiración judeomasónica» como culpable de todos y cada uno de los males de España. Sin embargo, ciertas actuaciones a favor de judíos de origen sefardí a lo largo de la guerra (el diplomático Ángel Sanz Briz) dejaba al Régimen no presentarse como racista. En verdad, ese extremo fue esencial a fin de que el nacionalcatolicismo dominante integrase el alegato de la conspiración sin mayores inconvenientes. La «raza española» no va a pasar de ser un término retórico, que se definía exactamente por la extensión de la fe católica que favoreció el mestizaje en América.


El siguiente acercamiento a los USA puso en sordina toda esa oratoria así como el resto de referencias fascistas demasiado explícitas, que pese a todo no desaparecieron absolutamente hasta el final del franquismo. En su última intervención publica, en la Plaza de Oriente el 1 de octubre de mil novecientos setenta y cinco, frente a una manifestación convocada para probar el mantenimiento del apoyo popular a su régimen, fuertemente criticado en el exterior por los últimos fusilamientos, volvió a emplear el recurso de atribuir el inconveniente a una conspiración masónico-izquierdista de la clase política, en contubernio con la subversión terrorista-marxista en lo social.


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