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ıllı Juan María de Salvatierra wiki: historia, libros y películas.

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Solicitó y consiguió permiso para dar el evangelio entre los indios tarahumaras en el norte de la Nueva España, fue destinado a la Misión de Chínipas en los más oculto de la sierra tarahumara del el día de hoy estado de Chihuahua, vivió entre ellos por espacio de diez años dedicado a pacificar y reducir a la civilización a los nativos, fundando múltiples misiones en el sitio.


Posteriormente fue nombrado Visitador de Misiones en Sonora y Sinaloa, y allá en mil seiscientos noventa y uno, al recorrer las misiones que estaban al cargo del Padre Eusebio Francisco Kino, se enteró por este de las condiciones en que vivían los indios californios. Allá les nació la idea de no reposar hasta conseguir la conquista espiritual de los nativos, y tomaron el propósito de restituir las misiones en las Californias, sitio que no había podido ser conquistado por la espada.


Con furor misionero empezaron los trabajos para conseguir los permisos y los elementos materiales para hacer la compañía. A fines de mil seiscientos noventa y seis el padre Salvatierra fue llamado a la urbe de México por el Provincial de la orden, donde se le comunicó que se le daba el permiso y se les daban las licencias precisas para proceder a la evangelización de California. No obstante, se le comunicó que de momento y dadas las circunstancias en que fracasaron todos y cada uno de los intentos precedentes de colonizar esas tierras, y viendo que la última expedición de la que había formado el Padre Kino había costado una fortuna a la Corona, no habría esta vez ningún género de ayuda y correría por cuenta del propio Salvatierra el conseguir el patrocinio preciso para el transporte, nutrición y seguridad de los misioneros y sus auxiliares.


Dice el Padre Francisco Javier Alegre en su obra "Historia de la Compañía de Jesús en la Nueva España": Entonces que el Padre Juan María se vio autorizado con la licencia del padre provincial para emprender aquel viaje, no pensó más que en buscar, como se le mandaba, los socorros precisos. Entre muchas ricas y piadosas personas que desde ya antes le habían ofrecido su ayuda, juntó dentro de poco tiempo 15 mil pesos. Se particularizó la piedad de los Sres. D. Alfonso Dávalos, conde de Miravalle y Dn. Mateo Fernández de la Cruz, marqués de Buena Vista, que dieron cada uno de ellos mil pesos en efectivo. De los otros 13 mil los 3 se juntaron en efectivo y los diez en promesas de diferentes republicanos. Dn. Pedro Gil de la Sierpe, Tesorero de Acapulco, ofreció suministrar una galeota para el viaje y otro bastimento para el transporte de alimentos.


Prosigue el Padre Francisco Javier Alegre: A costa de no pocas vergüenzas y desaires que debieron aguantar los progenitores Salvatierra y Juan de Ugarte, que se le dio desde entonces por compañero, juntaron otros 9 mil pesos que ofrecieron ciertos piadosos para los 5 primeros años. La ilustre congregación de los Dolores, fundada en el Instituto de México ciertos años ya antes, a diligencia del Padre Vidal, su creador y primer prefecto, dio diez mil pesos a fin de que con sus intereses se sostuviese uno de los misioneros y para otros 2 dio veinte mil pesos. Dn. Juan Caballero y Ocio, prebístero de Querétaro ofreció al Padre Salvatierra abonar cuantas libranzas viniesen de California firmadas de su mano


Sobre tan sólidos cimientos se procedió a pretender del virrey Dn. José Sarmiento y Valladares, conde de Moctezuma, que desde el año antecedente regía el reyno, la precisa licencia para aquella expedición.


El fiscal del rey se opuso de manera fuerte a que se les diera la licencia debida, apoyado en cédulas reales que vedaban procurar nuevamente colonización alguna en California, No obstante, el Padre Salvatierra hizo servir el interés de la iglesia por la evangelización de los nativos, y el hecho de no solicitar nada que afectase el tesoro real fue motivo que el día seis de febrero de mil seiscientos noventa y siete recibiese la ansiada licencia.


Por su relevancia histórica se transcriben unas partes de la licencia concedida.Don Joseph de Sarmiento Valladares, Caballero del Orden de la ciudad de Santiago, Conde de Moctezuma y de Tula, Vizconde de Ilucan, Señor de Monterrozano de la Peza, del Consjo de su Magestad, su Virrey sitio-teniente gobernante y Capitán General de esta Nueva España y Presidente de la Real Audiencia de ella y . . .


Habiendo visto el memorial presentado por el Reverendo Padre Provincial de la Sagrada Religión de la Compañía de Jesús y la carta del Reverendísimo Padre General Tyrso González, en que aprueba con las recomendaciones y satisfacción que de ella consta, la persona de los Progenitores Juan María de Salvatierra y Eusebio Francisco Kino para la reducción de los gentiles de las Californias, que conforme los informes del tribunal de la Contaduría (...) y otros socorros que se ejecutaron en la antecedente para la compañía y conversión de los gentiles de la California se gastaron de la real hacienda doscientos y veinte y 5 mil y cuatrocientos pesos sin haberse podido conseguir el efecto de lograrla y que al haberse mandado suspender por entonces esta conquista en cumplimiento de real cédula de veinte y 2 de diciembre del año pasado de 85 (...)Nota: El gasto a que hace referencia la licencia es la expedición de mil seiscientos ochenta y tres que desembarcó en La Paz (Baja California Sur) al cargo del Almirante Isidro de Atondo y Antillón, en tal expedición que acabó en descalabro participó el Padre Kino.


Por el presente concedo la licencia que solicitan los dichos Progenitores Juan María de Salvatierra y Eusebio Francisco Quino de la Compañía de Jesús para la entrada a las Provincias de Californias y que puedan reducir a los gentiles de ellas al gremio de nuestra santa fe Católica; con calidad de que sin orden de su Magestad no se tiene que poder librar ni gastar cosa alguna de su real hacienda en esta conquista por ser condición expresa de su allanamiento (...) Mëxico, 6 de febrero de mil seiscientos y 97 años. Don Joseph Sarmiento.-Por mando de su Exa.- Francisco de Morales.- Asentado.


El diecisiete de noviembre de mil seiscientos noventa y siete, el Padre Salvatierra le dirige una carta al Padre Juan de Ugarte desde suelo sudcaliforniano, en la que le dice: Yo llegué a la Provincia de Sinaloa por Semana santa, y se incitaba toda la gente de estos vecinos españoles para asistirme en la compañía de plantar la fe en Californias. De Sinaloa salí a la Sierra de Chínipas y Guazapares a ver toda esa gente de Tarahumara, mis hijos. (...) Apenas salí de la Sierra para dirigirme al mar en expectación de las embarcaciones, cuando brincaron unas chispas de un levantamiento en misiones de Tarahumares ... En estos tiempos estaba solicitando medios para la entrada a California, y como no llegaban las embarcaciones, me suplicaron los Progenitores de Nuestra Sierra que supuesto era preciso esperar que me aproximase a los hijos ... De esta forma lo hice y subí otra vez a la Sierra en grandes riesgos de ataques, (...) Bajando ya de la Sierra tras la celebración de la Asunción, supe en el camino por carta del Padre Diego de Marquina, que vive a la Mar de Hiaqui, que el Capitán de Juan Antonio Romero de la Sierpe había llegado con la Galeota.Nota: La Mar de Hiaqui es la desembocadura del Río Yaqui en el Golfo de California.


(...) reventó con tanta fuerza el levantamiento de las Fronteras que forzó a salir bastante gente de España a la defensa y auxilio, y entre ellos fueron los que estaban acordados de venir conmigo a Californias con que en el mejor tiempo me faltaron; mas no de ahí que el conasupo desmayamos, pues 4 españoles de la galeota ofrecieron quedarse conmigo, y el portugués Esteban Rodríguez, que salió de México conmigo ha quedado muy perseverante y corrido conmigo todos y cada uno de los trabajos; asimismo se me juntó otro del Rosario y uno más de Tepagui, mis viejos amigos y otro indezuelo de Guadalajara; y estos son los primeros conquistadores.


Llegaron puesto que los bastimentos precisos de alguna harina y maíces comprados; y los Progenitores de Hiaqui, viéndome sin carne por haber quedado toda en Galicia, me dieron de dádiva treinta reses, y prácticamente toda esa carne se embarcó en la embarcación muchacha. Asimismo pude embarcar un caballo, diez carneros y 4 cabras con su macho, y 4 lechoncitos que traje más de 100 leguas lejos. (...) Estábamos esperando solo por horas al Padre Eusebio Francisco Kino cuando recibimos carta de que por el riesgo que corría Sonora por su ausencia no lo dejaban salir; así que por no perder totalmente esta empresa (...) me fui a embarcar el sábado ya antes de la Dominica del Rosario: detúveme ciertos días en la Galeota, sin navegar, por múltiples accidentes, hasta el momento en que el día de la ciudad de San Francisco de Borja (diez de octubre) a la tarde salimos del puerto.


El día once, viernes nos dimos a la candela y (...) Ya a la noche refescó el aire y de este modo el día doce, sábado, amanecimos ya a la vista de California. El viento lo tuvimos contrario el último día de la semana y no pudimos entrar en San Bruno, y de este modo por tanta fuerza del (viento) Suroeste nos dejamos llevar para arriba de suerte que el primer día de la semana catorce nos encontramos a la vista de la Serranía que llaman de las Vírgenes; y por no coger más altura nos entramos en una enorme bahía llamada de la Concepción. Afirmé misa y brinqué en tierra y allá comimos pithayas. No vimos gente si bien reconocimos mucho indicio fresco. Al anochecer se nos levantó un viento conveniente y con el nos tiramos a la altamar y andamos esta noche como veinte leguas de suerte que amanecimos sobre San Bruno. El miércoles dieciseis a la tarde brincó en tierra Esteban Rodríguez y otros marineros y descubrieron gente. (...) bajé con el alférez y teniente don Luis Tortolero y otros marineros, llegado a tierra hice hincar a todos y cada uno de los Indios y besar el Santo Cristo y el Relicario de la Virgen Muy santa, preguntéles por señales y media lengua por ciertos indios mansos viejos y nos hicieron señales de que estaban en el pueblo, convidándome a que fuera allí . . . Al caer el sol llegamos fatigadísimos al viejo Real de San Bruno fundado en una loma en la que no encontramos más que piedras caídas, todo desmoronado, entre abrojos (...) Al amanecer salimos y anduvimos por exactamente la misma vereda, vinieron en nuestra compañía ciertos Indios y nos alcanzó otro que afirmó que se llamaba Francisco y charlaba tal como palabra castellana.


Mucho se desalentaron acá los pocos conquistadores con motivo del agua tan salobre, por la complejidad de desembarcar con tan poca gente y después cargar más de media legua, hasta el Real todavía por el camino más corto. En esto el Capitán Juan Antonio Romero dijo: que en otra ensenada próxima había hecho aguada un par de años ya antes y estaba el agua buena y dulce, y que se llamaba la Ensenada de San Dionisio, que le pareció estar todo eso verde y en una proximidad a la mar (...) habiendo contrariedades por todas partes, echamos suertes y nos salió en suerte San Dionisio . . . entonces que nos cayó en suerte San Dionisio, a las 3 de la tarde en diecisiete de octubre nos dimos a la candela y dormimos arrimados a la isla de Coronados. El día después viernes llegamos temprano a la ensenada como media luna, vimos desde el navío todo verde y de punta a punta viene a tener como 4 o bien 5 leguas, brinqué a tierra con el Capitán al pues les pareció a los marineros que habían hecho la aguada un par de años ya antes.


(...) Volví a bordo con esta vista contentísimo, puesto que ya era tarde y hora de comer, y llegando a bordo comenzaron los marineros a dudar de si el puesto en que brincamos a tierra era en el que habían hecho la aguada un par de años ya antes, que todavía era mejor que lo visto y quedaba por el otro extremo de la media luna. Expectantes puesto que de acoger el mejor puesto y siendo simple de aclararnos la verdad, navegamos como una legua más cara el Sur, brincamos en tierra y paseamos más de una legua, siempre y en todo momento arrimados a la playa y con la amenidad del monte a mano derecha, hasta el momento en que entrando en un carrizal muy dilatado llegamos a una cañada me pareció más entretenida que la otra y con más tumulto, mas los aguajes menos buenos. Volvimos a bordo y el sábado diecinueve de octubre nos volvimos al pues habíamos dejado.

Artículo principal: Misión de Nuestra Señora de Loreto Conchó

Pronto aprendió el Padre Salvatierra la lengua de los nativos y merced a la afabilidad con que trató a los californios, la Misión prosperó y en los próximos 7 años los jesuitas establecieron 6 Misiones más durante la costa del Mar de Cortés. En mil setecientos cuatro el Padre Salvatierra fue nombrado Padre Provincial de la Compañía de Jesús, con lo que debió ir a radicar a la urbe de México, mas al acabar su administración retornó a las Misiones en Baja California.


En mil setecientos diecisiete recibe el llamado del virrey Marqués de Valero, en el que se pide administrar material para la redacción de un libro sobre la "Historia de California" que el rey Felipe V había ordenado redactar. Incluso cuando estaba enfermo, el Padre Salvatierra obedeció la predisposición real y salió de Loreto el treinta y uno de marzo acompañado del Coadjutor Jaime Bravo. Al llegar a Tepic se agudizaron los males que sufría de mucho hace un tiempo, siendo preciso transportarlo en camilla a Guadalajara, donde murió el dieciocho de julio del convocado año.


Fue enterrado en la Capilla de la Virgen de Loreto, que mismo había mandado edificar en la ciudad de Guadalajara, capital de la Nueva Galicia, cuando era rector del instituto jesuita de esa urbe.


El Padre Juan María de Salvatierra es considerado como apóstol de las Californias. El escudo oficial del estado de Baja California muestra la imagen de un misionero, en cariñoso recuerdo a la obra misional de quienes llevaron la civilización cristiana a esas tierras olvidadas.


El Padre Salvatierra escribió "Cartas sobre la conquista espiritual de Californias" (México, mil seiscientos noventa y ocho) y "Nuevas cartas sobre Californias" (mil seiscientos noventa y nueve), los dos textos fueron utilizados por el padre Miguel Venegas para redactar su "Historia de Californias". En el Fichero General de la Nación (México), se conserva copia de su correspondencia epístolar.


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