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Federación de Trabajadores de la Zona EspañolaViñedos en Jerez de la Frontera.

Como ha señalado Josep Termes, «los años mil ochocientos ochenta y uno y mil ochocientos ochenta y dos fueron de sequía y de cosechas malísimas en Andalucía, lo que provocó apetito y crispación social, con ataques a las tiendas, latrocinios y también incendios provocados». Hubo asimismo invasiones de fincas y motines de queja por la carencia de trabajo y por la subida de los costes en los que los rebelados demandaban a los municipios que les diese empleo en las obras públicas. Uno de los motines urbanos más graves se generó el tres de noviembre de mil ochocientos ochenta y dos en Jerez de la Frontera donde debió intervenir la Guarda Civil y el Ejército, produciéndose unas sesenta detenciones. «Aunque hubo poquísimos casos de agresiones personales y los provocadores raras veces se encaraban de manera directa a los guardas y mucho menos a la Guarda Civil, que fortaleció su presencia en los campos, los dueños se vieron dominados por el miedo».


La crítica situación que estaban sufriendo los braceros andaluces fue aun denunciada por la prensa liberal madrileña, como el diario El Ecuánime, que en el mes de noviembre de mil ochocientos ochenta y dos publicó un editorial con el significativo título de «El hambre» en el que charlaba del «pavoroso inconveniente de Andalucía», donde «un pueblo hambriento» asaltaba panaderías y carnicerías y para el que solo existían 3 opciones: «O la dádiva, o bien el hurto, o bien la muerte». El El Día mandó a Leopoldo Alas «Clarín» a Andalucía quien a fines de diciembre comenzó a publicar una serie de artículos bajo el título «El apetito en Andalucía».


A finales de mil ochocientos ochenta y dos se fue propagando la idea entre las secciones andaluzas de braceros agrícolas de la recién creada Federación de Trabajadores de la Zona De España de organizar una enorme huelga para progresar sus sueldos frente a la perspectiva de una buena cosecha —habían vuelto las lluvias—.


El descubrimiento del «reglamento» de la Mano Negra y la avalancha de detenciones

Portada de la gaceta Pel i Ploma con un dibujo de un guarda civil a caballo, por Ramón Casas (mil ochocientos noventa y nueve).

A principios de noviembre de mil ochocientos ochenta y dos el coronel jefe de la Guarda Civil en Andalucía Occidental mandó al gobierno una copia del «reglamento» de una organización segrega llamada «la Mano Negra» por el que se regían «los socialistas» de la zona y que conforme el informe que lo acompañaba formaba la prueba de que esa organización furtiva estaba tras los «incendios, talas de montes y arbolados, heridas o bien asesinatos» que se estaban generando en aquellos meses. Realmente el «reglamento» eran 2 documentos: el titulado «La Mano Negra. Reglamento de la Sociedad de Pobres, contra sus ladrones y verdugos. Andalucía» y otro que se titulaba sencillamente «Estatutos» y en el que no aparecía la expresión Mano Negra sino charlaba de las reglas por las que tendría que regirse el Tribunal Popular que debería formarse en secreto en todos y cada localidad para castigar los crímenes de «la burguesía» —mientras que el primer documento charlaba de «los ricos»—.


Dos semanas una vez que recibiese los documentos, el gobierno decidió mandar refuerzos a la provincia de Cádiz. El veintiuno de noviembre llegó a Jerez un conjunto de noventa guardas civiles a cargo del capitán José Oliver y Vidal que de forma inmediata, con la ayuda del jefe de la guarda municipal de Jerez, Tomás Pérez Monforte, procedió a detener a muchos braceros y afiliados de la FRTE, supuestos miembros de la enigmática Mano Negra. Como narró un diario de Jerez, «el dos de diciembre dio el primer golpe a los internacionalistas de la Mano Negra, capturando a unos cientos y ocupándose armas, reglamentos, circulares, claves y otros documentos de la terrorífica organización». De este modo Oliver fue alabado por ese periódico como «un bizarro militar» que llevaba una «implacable guerra» contra el «anarquismo colectivo disfrazado con el nombre de lícitas asociaciones».


En poquitas semanas había más de tres.000 braceros y ácratas presos —Josep Termes da una cantidad muy superior: dos mil en Cádiz y tres mil en Jerez—. Como ha señalado Avilés Farré, «en la mayor parte de los casos el motivo por el cual se les detenía no era la pertenencia a la Mano Negra, sino más bien a la Federación de Trabajadores… conforme puede comprobarse en los informes mandados al ministro de la Guerra y preservados en el Fichero Militar de Madrid». El órgano de la FRTE Gaceta Social protestó por las detenciones indiscriminadas de afiliados de la organización.


La autenticidad y valor probativo de los documentos encontrados

Grabado de mil ochocientos ochenta y tres de Arcos de la Frontera (Cádiz), unos de los primordiales centros de la publicidad ácrata.

De la autenticidad de los documentos que la Guarda Civil aseveró haber encontrado bajo una piedra y de su valor como «prueba» de la existencia de la Mano Negra se han ocupado múltiples historiadores. Para Manuel Tuñón de Lara, «todo semeja espirar el tufo de un documento fabricado» y «no semeja formar una prueba seria, ni judicialmente ni históricamente», puesto que el documento «ofrece aspectos dudosos» pues se hacen aseveraciones que no corresponden a la nueva situación de legalidad, como lo probaría por poner un ejemplo, conforme Tuñón de Lara, el próximo párrafo: «Habiendo sido la Asociación Internacional de los Trabajadores puesta fuera de la ley por los Gobiernos burgueses, imposibilitándola por esta razón para solucionar pacíficamente la cuestión social, y de cuya resolución no se puede prescindir, ha debido transformarse en organización revolucionaria segrega para realizar la revolución social violenta». Para Josep Termes, la Mano Negra fue una invención de la policía y el «hipotético reglamento» descubierto por la Guarda Civil, «al parecer solo era la manipulación policial de un reglamento del Núcleo Popular, que las autoridades tenían en su poder desde hacía tiempo, y que quizás fuera obra de un desequilibrado».


Para Clara Lida, «estos documentos que ahora se desenterraban con propósitos represivos ya se conocían desde la temporada precedente, y… sus peculiaridades discursivas —contenido, forma y lenguaje— se semejaban y se introducían en un corpus de documentos semejantes manados del internacionalismo europeo a lo largo de la clandestinidad». Además de esto, «el nombre no era tan extraño a la tradición furtiva, en tanto que muchos conjuntos ácratas y revolucionarios en Rusia, Irlanda, Francia, Italia, adoptaban nombres de guerra extremosos…». Lida concluye que «reflotar entonces documentos recogidos múltiples años ya antes, cuando la Internacional y los conjuntos, con sus respectivos apodos, estaban en la clandestinidad», aprovechando el «sensacionalismo amarillista de la prensa para hacerlos aparecer como contemporáneos» formó una «artimaña aparatosa» que «tenía el propósito de asustar a la opinión pública, para poder actuar de forma libre contra los braceros organizados».


Juan Avilés Farré, estima que «lo más creíble es que se tratase de documentos auténticos de 2 organizaciones diferentes, cuya entidad real no conocemos». «Respecto al documento que lleva por título "La Mano Negra", que no incluye referencia alguna a la Asociación Internacional de los Trabajadores, cabe suponer que había caído a cargo de las autoridades, concretamente de la guarda municipal de Jerez, múltiples años antes que la Guarda Civil lo remitiera al ministro de la Guerra… y habría continuado olvidado en un sumario hasta el momento en que alguien creyó que podía administrar una clave sobre los delitos que se estaban generando en los campos jerezanos en 1882». Además «el segundo documento se ubica en el periodo de clandestinidad de la Federación Regional De España de la Internacional, que se extendió desde finales de mil ochocientos setenta y tres hasta principios de 1881».


Los «crímenes de La Mano Negra»

Vista actual de San José del Val,en cuyo término fue encontrado el cadáver de "El Blanco de Benaocaz", uno de los crímenes atribuidos a La Mano Negra.

La prensa, tanto la de Cádiz como la de la villa de Madrid, se encargó del tema sin poner en duda la existencia de la Mano Negra y creando una atmosfera de temor a base de artículos sensacionalistas sobre la «abominable asociación», «aborto de la demencia y el crimen», como uno publicado en El Cronista de Jerez en el que se afirmaba que los miembros de la Mano Negra tenían la obligación de matar a quien se les designaba y que si no lo hacían eran asesinados por su parte. El «noticierismo» de la prensa asimismo fue denunciado por La Gaceta Social.


La prensa se centró en los 3 crímenes de los que se acusaba a la Mano Negra, en especial en los 2 primeros. El cuatro de diciembre, un par de días tras la primera avalancha de detenciones ordenada por el capitán Oliver, fueron asesinados un matrimonio de venteros en el camino de Trebujena, cerca de Jerez de la Frontera. Un par de meses después, el cuatro de febrero, se hallaba en el término de lo que es el día de hoy el ayuntamiento de San José del Val, cerca de Jerez, el cadáver, enterrado en campo abierto, de un joven campesino, llamado Bartolomé Gago, más conocido como «El Blanco de Benaocaz», que después se supo que había sido asesinado exactamente el mismo día que los venteros. Fue conocido como el crimen de la Parrilla. Prácticamente al tiempo trascendió que la muerte del joven guarda de un rancho llamado Fernando Olivera, ocurrida en el mes de agosto de mil ochocientos ochenta y dos, no había sido un accidente, sino había sido ocasionada por los fuertes golpes que había recibido en el vientre.


En febrero de mil ochocientos ochenta y tres el gobierno mandó un juez singular a Jerez a fin de que investigara los hechos. A fin de mes el diario El Día mostraba su preocupación por las contrariedades que estaba encontrando el juez, «que se haya asilado, sin más ni más socorro que la Guarda Civil, buenísima para efectuar actos heroicos, para perseguir a los criminales; mas que ni por su instinto, ni por sus condiciones puede hacer los actos de perspicacia y de precaución que son imprescindibles para descubrir las guaridas y los propósitos de los delincuentes, y considerablemente más en un terreno como el de Jerez, que mide setenta y dos leguas cuadradas. El tema asimismo llegó a las Cortes donde se discutió el veintiocho de febrero.


Los intentos del gobierno de identificar la Mano Negra con la FTRE

Conjunto de presos acusados

El gobierno apoyado por los dueños y por la prensa —aunque hubo salvedades como el diario El Liberal— identificó la Mano Negra con la FTRE —así el número de afiliados que la prensa atribuía a la Mano Negra era los de la FTRE— con un doble propósito, conforme Clara Lida: «en primer sitio, frenar drásticamente la creciente fuerza de la Internacional en España. El segundo objetivo era más local: se trataba de imposibilitar la organización de los trabajadores del campo y también impedir que una huelga agraria obstruyera recoger la cosecha».


El Comité federal de la FTRE, que había reiterado que la publicidad no se podía efectuar «ni por el hurto, ni por el rapto, ni por el asesinato», contestó que no tenía ninguna relación con la Mano Negra, «ni con ninguna asociación segrega que tenga por objeto cometer delitos del derecho común, rechazando toda solidaridad con los que han cometido o bien puedan cometer hechos criminales». Al regresar a condenar el ilegalismo se profundizaron «aún más las diferencias entre el núcleo anarcosindicalista catalán y los ilegalistas andaluces, como los que comenzaban a nacer en Barna y aledaños, sobre todo en Gracia, tendentes asimismo a la acción directa». No obstante, el jornal Le Révolté editado en Ginebra por el anarcocomunistaPiotr Kropotkin criticó la condena que había hecho la FTRE de «los miembros de esa liga segrega a la que se ha dado el nombre de la Mano Negra» y expresó su «simpatía por estos "luchadores por la existencia" en el sentido textual del término».


En marzo el Comité Federal de la Federación de Trabajadores de la Zona De España (FTRE) hizo público un largo manifiesto sobre el tema de la Mano Negra denunciando los intentos del gobierno de identificar la FTRE con ella:

Sala del Tribunal Supremo de España en el instante de vocalizar la sentencia de casación del juicio por el crimen de El Blanco de Benaocaz

El dieciocho de junio de mil ochocientos ochenta y tres el tribunal de Jerez condenó a muerte por el crimen de la Parrilla a 7 personas y a otras 8, entre ellas al acusador de sus compañeros, a diecisiete años y 4 meses de cárcel.2 de los acusados resultaron exculpados. Mas el fiscal recurrió la sentencia al Tribunal Supremo que en el mes de abril de mil ochocientos ochenta y cuatro los condenó a todos, menos a uno, a la pena de muerte. 9 vieron conmutada la pena capital por la de cárcel mas 7 fueron ejecutados a través de garrote despreciable —entre ellos el profesor de escuela Juan Ruiz—. Las ejecuciones tuvieron sitio en la Plaza del Mercado de Jerez de la Frontera el catorce de junio de mil ochocientos ochenta y cuatro, al tiempo que solo 3 días después los jueces fueron galardonados con la enorme cruz de la Orden de Isabel la Católica.


En cuanto al crimen de los venteros, una de las 5 personas que asaltaron el ventorrillo en la madrugada del cuatro de diciembre y acuchillaron al matrimonio apareció fallecido de un tiro en la escena del crimen. Las otras 4 fueron condenadas a muerte, mas no fueron ejecutadas. Por el tercer crimen, el de Fernando Oliveira, fueron juzgadas 2 personas, y una de ellas fue condenada a una larga pena de cárcel.


Tras las sentencias La Gaceta Social, órgano de la FRTE, charló de «los desgraciados presos de la llamada Mano Negra» y denunció que absolutamente nadie se encargaba de la miseria del proletariado, mas no se solidarizó con los condenados. La Revolución Social, el diario furtivo del conjunto ilegalista y anarcocomunista de Los Desheredados, que se había escindido de la FTRE, criticó la actitud de esta organización y lamentó que absolutamente nadie protestase por las ejecuciones de Jerez.

Ejecución de los 4 supuestos miembros de La Mano Negra

La campaña a favor de los condenados de mil novecientos dos-1903

Sede del juicio en Jerez de la Frontera, actual instituto Cervantes.

En enero de mil novecientos dos, prácticamente veinte años tras las ejecuciones y cuando todavía proseguían en la prisión 8 de los condenados, el diario ácrata madrileño Tierra y Libertad comenzó una campaña por su liberación —encabezada por Soledad Gustavo, pseudónimo de Teresa Mañé, compañera de Juan Montseny (Federico Urales) y madre de Federica Montseny— a la que se unieron otros periódicos europeos y españoles, no todos ácratas, y a lo largo de la que se festejaron múltiples mítines en la ciudad de París —como los que se habían festejado a lo largo de la campaña por los procesos de Montjuic—. Los condenados fueron presentados como víctimas de «uno de los crímenes más monstruosos» perpetrados por los oponentes del proletariado y como héroes del anarquismo habiendo sido «los primeros que levantaron la bandera rebelde contra las injusticias sociales». Al tiempo los asesinados, especialmente el Blanco de Benaocaz, fueron presentados como traidores y acusadores.


Las demandas hechas por los presos a través de cartas a los jornales de que sus confesiones habían sido conseguidas a través de torturas avivaron la campaña internacional —con referencias a la Inquisición De España incluidas—. El gobierno de España procuró contrarrestar la campaña mas por último debió ceder y entre febrero y marzo de mil novecientos tres conmutó la pena de cárcel por la de destierro.

La Federación de Trabajadores de la Zona De España rechaza toda solidaridad con los que se hayan organizado o bien se organicen para la perpetración de delitos comunes, declarando que el delincuente nunca va a poder tener cabida en sus filas.
Queja enérgicamente contra gran parte de la prensa burguesa que… han pretendido confundir nuestra organización pública, legal y revolucionaria, con otras organizaciones, o bien más bien pandillas, cuyos fines son censurables.
Queja asimismo contra las persecuciones que, atizadas por el caciquismo, se han llevado contra federados de nuestra federación por ejercer el derecho de reunirse y asociarse.
El congreso reunido en Valencia considera que si prosiguiesen los atropellos, persecuciones y amenazas contra los trabajadores por ejercitar el derecho natural consignado en la Constitución, debemos disolvernos protestando de que en España no es posible vivir en la legalidad, por las bestialidades que el caciquismo burgués hace en todas y cada una partes.—Dictamen del Congreso de Valencia de la FTRE sobre la Mano Negra.

El III Congreso de la FTRE festejado en Valencia en el mes de octubre de mil ochocientos ochenta y tres, acusó el impacto del tema de la «Mano Negra» puesto que asistieron menos encargados y federaciones que al precedente festejado en Sevilla (ciento cincuenta y dos encargados representando a ochenta y ocho Federaciones locales; no se dieron los datos del total de afiliados). Sobre la «Mano Negra» el Congreso nuevamente protestó por la confusión de «nuestra organización pública, legal y revolucionaria, con otras facciones de objetivos censurables» y volvió a rehusar toda solidaridad con los que organicen «la perpetración de delitos comunes», acordando asimismo «disolver la Federación si no puede actuar reposadamente en la legalidad». El Manifiesto del Congreso concluía: «Para redimirse, el proletariado, precisa ser, aparte de inteligente, honrado, y honrado a toda prueba».


El miembro del Comité federal Josep Llunas en su periódico La Tramontana acusó al Gobierno de usar el tema de la «Mano Negra» como pretexto para refrenar a los ácratas y a sus ideas: «con la disculpa de varios bandoleros, mas solamente que bandoleros, se quiere justificar una prosecución contra ciertas ideas».


Así puesto que, el impacto social que tuvo el tema de la Mano Negra y el miedo a que provocara la ilegalización de la FTRE, hizo que el Comité federal, con sede en Barna, se desmarcase del movimiento andaluz, admitiendo la versión dada por el gobierno y por la prensa. La contestación furiosa de las federaciones andaluzas fue inmediata abriendo una brecha poco a poco más grande y también inmejorable dentro de la FTRE que condujo a la paulatina minoración del número de afiliados y a su disolución 5 años después.

Placa en recuerdo de los enjuiciamientos de La Mano Negra en la sede de la Confederación Nacional de Trabajadores de Jerez de la Frontera.

Sobre la existencia o bien no de la Mano Negra Tuñón de Lara asevera que «nada deja, en definitiva, charlar de la "Mano Negra" como organización.Ello no es obstáculo a fin de que pudiesen existir pequeñas "maffias" (conjuntos influidos por el anarco-comunismo), en las fronteras de la rebeldía secular y de la criminalidad común que, habilidosamente explotadas por los órganos del Poder, sirvieron para justificar una opresión y una campaña que, a pesar de sus quejas, quebrantarían en cierta manera a la FTRE». Por su lado, Josep Termes asevera que se trató de «un montaje policial», si bien reconoce que «es indiscutible que la violencia estaba presente en la Andalucía agraria».

Pancarta por la dignificación de las víctimas en dos mil trece en Jerez

Según Avilés Farré, «la cuestión de si la Mano Negra existió o bien no es la menos esencial que el tema plantea. Lo más probable es que su reglamento no fuese una falsificación, sino alguien lo redactara como acta de constitución de un conjunto furtivo orientado cara la guerra de clases, mas ello no prueba que el conjunto llegase a formarse ni que cometiese delito alguno. Si de veras existió, no dejó huella alguna de su actividad y lo que se puede aseverar con certidumbre es que quienes cometieron el más conocido de los crímenes que se le atribuyeron, el de la Parrilla, jamás habían oído charlar de la Mano Negra. Se puede aseverar, en cambio, que formaban una parte de la federación local de la FTRE en lo que es el día de hoy el ayuntamiento de San José del Val, una federación que se sostenía en la clandestinidad, como probablemente ocurriese con bastantes otras federaciones locales andaluzas. Los reglamentos de la Mano Negra y el Tribunal Popular fueron entendidos por ciertos mandos de la Guarda Civil como la prueba de una extensa conspiración furtiva, que estaría tras todos y cada uno de los actos de violencia que se venían generando en los campos de Andalucía occidental. El despreciable nombre de la Mano Negra vino a precisar en algo concreto un miedo difuso y tuvo un incuestionable atrayente periodístico, si bien en suma en ningún proceso se llegase a probar actividad alguna atribuible a aquella enigmática organización». Que la Mano Negra fuera un invento a la forma de la operación de bandera falsa o bien como una imputación infundada del gobierno de Sagasta para mitigar las revueltas en los campos del sur de España ya fue insinuado por el escritor y político republicano Vicente Blasco Ibáñez en su novela sociológica titulada La bodega publicada en mil novecientos cinco.


El historiador y cronista Juan la villa de Madrid ha afirmado sobre el tema:


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