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ıllı Mito de la ayuda inglesa wiki: historia, libros y películas.

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wikiAgonía de Pinto y entierro del cóndor chileno por los gallinazos de la ciudad de Lima, de esta forma titulaba la gaceta El Murceguillo (n.º treinta. Lima treinta de julio de mil ochocientos setenta y nueve, p. ciento veintisiete) su pronóstico de la guerra con Chile en mil ochocientos setenta y nueve. Chile había sido a lo largo de los primeros años de la colonia una zona autónoma del Virreinato del Perú.

El mito de la ayuda inglesa fue una teoría conspirativa que explicaba las causas y resultados de Guerra del Pacífico a través de una participación del R. Unido de G. Bretaña y también Irlanda del Norte en favor de Chile. La teoría tomó durante los años diferentes formas que apuntaban a una ayuda militar y/o económica y/o diplomática de una parte del gobierno británico y/o del capitalismo británico y/o de súbditos británicos, con y sin ayuda del sionismo, con diferente intensidad, tanto en Chile como en Perú, Bolivia y otros países.


Fue elaborada por vez primera en mil ochocientos ochenta y uno por el secretario de estado de los E.U. James G. Blaine, quien abogaba por la exclusión del R. Unido de los mercados sudamericanos en favor de la industria estadounidense.


Finalmente, el historiador marxista británico Victor Kiernan, tras un análisis detallado de los hechos y de los ficheros del Foreign Office de la temporada, desarticuló el enclenque armazón de la teoría.


Ninguno de los primeros historiadores de la guerra mentó una intervención británica en la guerra en favor de Chile. Ni quienes escribieron una visión pro-aliada, como Mariano Paz Soldán:63 en su Narración histórica de la guerra de Chile contra Perú y Bolivia (mil ochocientos ochenta y cuatro), ni Tomás Caivano:63 en Historia de la guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia (mil ochocientos ochenta y dos), ni el boliviano Alcides Arguedas:63 en su obra Historia General de Bolivia (mil novecientos veintidos). Tampoco los chilenos Benjamín Vicuña Mackenna:63 en Historia de la Guerra del Pacífico (mil ochocientos ochenta y uno), ni Gonzalo Bulnes:63 en Guerra del Pacífico (mil novecientos once) o bien Francisco Machuca:63 en Historia militar de la Guerra del Pacífico (mil novecientos veintiseis) mientan una participación británica en favor de Chile.:63 Tampoco Andrés Avelino Cáceres, cuando entre mil ochocientos ochenta y dos-mil ochocientos ochenta y seis examina las causas de la derrota en la guerra, mienta una injerencia británica.:101 A la inversa, todos y cada uno de los historiadores peruanos aseguran que la Real Armada británica estaba presta a hundir la Flota chilena para impedir la destrucción de la ciudad de Lima en el primer mes del año de mil ochocientos ochenta y uno.

Navíos de guerra embargados por G. Bretaña a lo largo de la guerraArturo PratSócratesEsmeraldaDiógenesEl gobierno británico embargó a lo largo de la guerra 4 navíos de guerra destinados a los beligerantes, 2 peruanosy 2 chilenos.Intervención extranjera en la Guerra del Pacífico

A fines del siglo XIX, tras el fin de la Guerra de Secesión (mil ochocientos sesenta y uno-mil ochocientos sesenta y cinco), la pujante industria de los U.S.A. de América procuraba nuevos mercados para vender sus productos. No obstante, Latinoamérica, el patio trasero de los EE.UU., que conforme la Doctrina Monroe había de ser el comprador natural de sus productos, era abastecido principalpmente por G. Bretaña y Francia y en mucha menor medida por los U.S.A.. En un memorando de mayo de mil ochocientos ochenta y uno el ministro plenipotenciario de los EE.UU. en la ciudad de Lima, Isaac Christiancy, recomendaba a Blaine que para supervisar el comercio de Perú y la costa del Pacífico, los EE.UU. debían intervenir en la zona y también imponer la paz. Sugirió además de esto hacer de Perú un protectorado estadounidense.:62 Blaine procuraba basar la expansión de su país y reducir el dominio comercial británico en América. Realmente, G. Bretaña no estaba en especial interesada en las conquistas chilenas a lo largo de la guerra, mas Blaine prefirió la imagen de una Inglaterra beligerante, que se ajustaba mejor a sus planes de expansión estadounidense en Latinoamérica.


En el marco de esa busca y competencia por los mercados generalmente y de sus intereses privados, fue que el secretario de estado James G. Blaine hizo múltiples declaraciones para justificar una intervención de los EE.UU. que resguardase los intereses de los exportadores nacionales.


Blaine declaró a un periódico que es un fallo charlar de una guerra entre Chile y Perú. Es una guerra de Inglaterra contra Perú, y Chile el instrumento. ... Chile jamás habría ido una pulgada en esta guerra sin el repaldo del capital inglés y nada ha sido tan tosco en el planeta como cuando se repartieron el botín y los despojos.:62 Más tarde, el treinta de enero de mil ochocientos ochenta y dos, en el New York Herald profundizó más en el tema, añadiendo que La simpatía inglesa estuvo a su lado en todos y cada conquista, y los interes de tipo comercial ingleses reciben un tremendo impulso con el engrandecimiento de Chile. Yo creo que este resultado de la guerra peruano-chilena, destroza la repercusión estadounidense en la costa del Pacífico Sur y literalmente asuela con los interes de tipo comercial americanos en esta vasta zona.:62


Blaine fue acusado de corrupción,:109 de ser exageradamente partidista en sus consideraciones y también inexperto en relaciones exteriores al principio de su trabajo como secretario de estado.:73


El historiador peruano Jorge Basadre reconoce que no hay prueba de alguna participación del gobierno británico en favor de Chile ya antes o bien a lo largo de la guerra. No obstante, Basadre reinterpreta ciertos hechos presentados (o bien según él omitidos) por Kiernan, como comentarios personales o bien editoriales, los éxitos de la publicidad chilena en Europa, la falta de confianza europea debido a las deudas peruanas impagas, la carencia de apoyo británico a la injerencia de Norteamérica en la guerra, y la sencillez con que Chile conseguía préstamos en Europa, etcétera para mantener que no fue el gobierno sino más bien el capitalismo inglés asistió y mantuvo a Chile en la guerra contra el Perú.


Sobre Blaine escribe Basadre que Cualquiera que hubieran sido los móviles de Blaine en su política con relación a la guerra entre el Perú y Chile, la verdad es que invocó en todo instante limpios principios de derecho, pese a que Blaine fue acusado en la Cámara de Representantes de los USA de haber impedido un tratado de paz entre Perú y Chile hasta el momento en que Perú reconociera una fatua deuda en favor de un privado de Norteamérica.

La gaceta limeña El Banquillo presenta el doce de junio de mil ochocientos ochenta una visión despreciativa del soldado chileno: pequeño, vociferante, mal vestido, mal armado, sobre pequeños navíos de madera. Por contra, el soldado peruano aparece corpulento, bien vestido, seguro y apacible con sus poderosos cañones. Una derrota peruana era, de esta forma visto, incomprensible.

Según Rafael Mellafe, fue la apremiante necesidad de la clase dominante peruana de justificar el ingreso a la guerra y explicar las causas de la derrota, lo que la llevó en torno a mil ochocientos noventa y nueve a servirse del mito creado por J. G. Blaine para soslayar su responsabilidad en el ingreso y en los resultados de la guerra, asegurando que Perú había sido derrotado no por Chile sino más bien por la primordial potencia mundial de la temporada, G. Bretaña.:79


El juicio histórico a la teoría ha sido concluyentes. Los historiadores, extensamente, han identificado la teoría como conspirativa.


El año mil novecientos cincuenta y cinco el historiador marxista británico Victor Kiernan publicó un detallado estudio basado en documentos de la temporada, particularmente en los documentos del ministerio de relaciones exteriores de G. Bretaña titulado Foreign Interests in the War of the Pacific (inglés por Intereses foráneos en la Guerra del Pacífico) En su publicación, Kiernan consigna múltiples hechos históricos, entre otros muchos, como que en un inicio el resultado de la guerra era incierto(p.36), que los intereses financieros británicos eran mucho mayores en Perú que en Chile, que los intereses de los capitalistas chilenos del salitre eran contrarios a los de los capitalistas ingleses en el Perú: que deseaban obligar a los chilenos a reducir su producción y agraciarse con el gobierno peruano dejandole la producción del salitre y quedarse ellos con el monopolio de la venta del salitre peruano en Europa, que jamás el ministerio de relaciones exteriores británico tuvo planes de intervención en la guerra. En conclusión de su investigación, Kiernan da una sentencia lapidaria a la teoría conspirativa::36

(Traducción)Con con respecto a sus sospechas relacionadas con el capital británico establecido en Chile en torno a los depósitos de salitre, ahí queda — como habitualmente equivalentes — una cierta duda. Este capital tenía angostas relaciones con los intereses financieros y políticos chilenos, y a través de ellos podría haber ejercido subrepticiamente una repercusión que tiende a dejar pocos indicios de su existencia. El resolución escocés de "no probado" es el más apropiado para este caso. Mas las sospechas de Blaine iban mucho pero allí, hasta implicar intereses británicos y al gobierno británico; acá el único resolución puede ser "no culpable".(Original en inglés)So far as his suspicions were concerned with the British capital established in Chile in the nitrate-fields, there must remain — as with many analogous problems — an element of doubt. This capital has close connections with Chilean financial and political interests, and through them could exert behind the scenes an influence of the sort that tends to leave little positive record of its activity. The Scottish legal verdict of "not procede" must be the most suitable one here. Blaine's suspicions, however, extended much further, to the aggregate of British interests, and the British Government as their representative; and here the verdict cánido only be "not guilty".Victor Kiernan, Intereses foráneos en la Guerra del Pacífico, pág. 36

Rory Miller aprueba la investigación de Kiernan y mantiene que ni el estado británico ni intereses de tipo económico británicos impulsaron o bien influenciaron la guerra, menos todavía en circunstancias que su resultado en el mes de abril de mil ochocientos setenta y nueve era completamente dudoso.


El politólogo Bruce St John apunta al respecto:

(Traducción)El alto nivel de inversiones extranjeras en Chile por norma general y en la industria del nitrato particularmente provocó a ciertos más tarde a sostener una tesis de conspiración extranjera conforme la que gobiernos europeos habrían influido los acontencimientos a lo largo de la guerra en desventaja para el Perú. El intento de poner un enfrentamiento regional en un marco mayor fue loable, mas jamás han aparecido patentizas de alguna intervención o bien repercusión colectiva.(Original en inglés)The high level of foreign investment in Chile in general and in the nitrate industry in particular later spawned a foreign-conspiracy thesis that argued that European governments had influenced events during the war to Peru's disadventage. The attempt to place the regional conflict in a wider context was laudable, but no evidence has surfaced to substantiated claims of either collective influence or collective intervention.Bruce St John, Foreign Policy of Peru, pág. 111

David Healy es más explícito aún::63

(Traducción)Más todavía, pensaban que Chile había actuado de esta manera con la ayuda y el estímulo de G. Bretaña. ...Sea como fuera su proliferación, esta creencia era sencillamente errada. Es adecuado que el capital británico en Chile estaba accediendo a la industria del nitrato y los mercaderes y armadores británicos jugaban un rol dominante en el comercio de Chile, mas los intereses británicos estaban del mismo modo extendidos en Perú, incluyendo los depósitos de nitrato de Tarapacá. Los inversores británicos estaban entre los mayores acreedores de la deuda estatal peruana y los intentos de mediación británicos no apoyaban la expansión territorial de Chile. Esto es, los intereses de tipo económico británicos eran considerablemente más diversificados que lo reconocido por Blaine y los intentos del gobierno británico por terminar la guerra reflejaban su convicción de que cualquier enfrentamiento mayor ponía en riesgo la actividad económica y dañaba el comercio y la propiedad.La percepción de Chile como un atacante premeditado realizando un plan premeditado de conquista era del mismo modo falsa. Tanto Chile como Perú habían disminuído ásperamente sus presupuestos militares y navales a lo largo de la depresión económica de los 1870s; El Ejército de Chile estaba un tanto más preparado que el de Perú.Los primeros analistas habían anunciado una victoria aliada dado a que la población de Perú y Bolivia doblaba la chilena y al principio de las hostilidades los ejércitos aliados excedían al de Chile por el doble o bien el triple. Lejos de continuar planes de conquista, el gobierno chileno había mostrado una agónica irresolución en frente de la crisis de mil ochocientos setenta y nueve, puesto que los gobernantes de Chile todavía temían un enfrentamiento con otro país vecino.'(Original en inglés)Moreover, they believed that Chile had acted thus with the aid and encouragement of Great Britain. ...However widely held, this belief was simply wrong. While it was true that British capital was flowing into the nitrate industry and British merchants and shippers played a dominant role in Chile's trade, British interests were equally involved in Peru, including the nitrate fields of Tarapacá. British investors were among the major holders of Perú's government debt, and British attempts at mediation had not supported Chile's territorial expansion. Thus British economic interests were much more diverse than Blaine recognized, while the British government's attempts to end the war reflected its view that any major conflict jeopardized economic activity and damaged trade and property.The perception of Chile as a calculated aggressor carrying out a preconceived plan of conquest was equally false. Both Chile and Peru had slashed their military and naval establishments during the economic depression of the 1870s; Chile's army had been little more ready for was than Peru's. Early commentators had predicted an allied victory, for the combined population of Peru and Bolivia was twice that of Chile, while at the start of hostilities the allied armies outnumbered Chile's two or three to one. Far from pursuing plans of conquest, the government of Chile had shown an agonized indecision in the face of the war crisis of mil ochocientos setenta y nueve, since Chilean leaders still feared conflict with a different neighbor.David Healy, James G. Blaine and Latin America, pág. 63

Ya hemos convocado al historiador peruano Hugo Pereyra P., quien se refiere a la teoría como "la presunta injerencia británica". El historiador Heraclio Bonilla, asimismo peruano, examina pormenorizadamente en su obra Un siglo a la deriva los intereses franceses, estadounidenses, británicos, privados y estatales, financieros y políticos en el enfrentamiento. Su juicio sobre la teoría lo podemos reflejar en sus siguientes comentarios:

(pág. ciento cincuenta y siete) La primera ... ... adjudica a la historia de los diez centavos el efecto desencadenante del enfrentamiento. ... La segunda, asociada a una historiografía de signo radical, plantea por contra que en el fondo la guerra de Chile era una guerra de Gran Bretaña; es la tesis conspiratoria: los ejércitos peruanos, chilenos y bolivianos, serían una especie de marionetas cuyos hilos habrían estado manipulados fabulosamente desde afuera. Ni una ni otra son consideraciones correctas; la realidad histórica, como siempre y en toda circunstancia ocurre, es irreducible a ese género de simplezas. Veamos por qué razón. pág. ciento setenta y cinco) Este extenso recuento ha tenido el único propósito de enseñar el conjunto de intereses externos envueltos en el enfrentamiento del Pacífico y la forma como se expresaron en el enfrentamiento. Ni la historia de los "diez centavos" ni la uniforme unilateralidad de las potencias europeas o bien de los USA aparecen como causas desencadenantes del enfrentamiento. Estos intereses se expresaron de formas muy distintas, en función de las modificaciones de la política exterior de estas potencias. A largo plazo, obviamente, la guerra del Pacífico dejó la consolidación de la hegemonía británica sobre el Perú, mas asimismo sobre Chile. El análisis histórico, no obstante, no consiste únicamente en encontrar la racionalidad de los resultados últimos, sino más bien asimismo en la entendimiento del eslabonamiento que los produce.:157-ciento setenta y cinco


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