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ıllı Ramón Pérez de Ayala wiki: historia, libros y películas.

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Nació en Oviedo y fue bautizado en la iglesia de San Isidoro. Su padre Cirilo, oriundo de Tierra de Campos, Valdenebro de los Vales, provincia de Valladolid –en sus novelas hace referencia a esta zona y el estilo de vida que llevaban los lugareños en aquella época– fue un mercader de textiles que en su juventud radicó en Cuba. Perdió a su madre, doña Luisa, asturiana, en su primera niñez. Siempre y en todo momento se resintió de esta orfandad, sufriendo soledad y miserias cariñosas derivadas, además de esto, de estar la mayoría de su mocedad interno en institutos de la Compañía de Jesús, San Zoilo en Carrión de los Condes y también Inmaculada en Gijón. De esta manera logró un enorme caudal de conocimientos humanísticos, debidos en parte al único maestro con el que simpatizó, el enorme erudito Julio Cejador y Frauca, a la sazón incómodo huésped en una orden que no tardaría en desamparar. El anticlericalismo que le inspiró la educación jesuítica está plasmado en su novela autobiográfica A.M.D.G., cuyo título hace alusión al leimotiv Ad maiorem Dei gloriam, propio de la Compañía de Jesús.

Retratado por Sorolla en 1920

Estudió derecho en Oviedo bajo la protección de Leopoldo Alas, «Clarín». Allá entró en contacto con los pensadores del krausismo, entre ellos Rafael Altamira, Adolfo Posada y otros. Dispuso de la genial biblioteca del marqués de Valero de Urría. Por entonces se deja melenas y viste con chaleco y monóculo como un gentleman y exhibe una personalidad volteriana y liberal. Le atrae tanto el regeneracionismo de sus guías como el decadentismo estético de la Europa de preguerra. Detesta el conservadurismo burgués de la urbe de Oviedo, que en su obra aparece bajo el nombre de «Pilares». Otras denominaciones encubren en su obra literaria lugares y personajes reales: «Noreña» es Cenciella; «Novillo» es el presidente de la diputación Corbera en Belarmino y Apolonio y «Pía Octava Cioretti» en La pata de la raposa es Natalia Perotti, viuda de Martín Escalera.


El ovetense Pedro González Blanco le puso en contacto con los modernistas de Madrid: Jacinto Benavente, Francisco Villaespesa, Mariano Miguel de Val, Gregorio Martínez Sierra, Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Val-Inclán y José Martínez Ruiz «Azorín». En mil novecientos dos El Progreso de Asturias imprimió por partes su primera novela, 13 dioses. Fragmentos de las memorias de Florencio Flórez, muy en la órbita decadentista del Val-Inclán de las Sonatas. En mil novecientos tres funda con los Martínez Sierra, Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga, Helios. Gaceta del Modernismo. Desde mil novecientos cuatro comienza a cooperar en El Ecuánime y ABC, y marcha a Londres en mil novecientos siete para huir del escándalo provinciano que se monta al publicarse su novela Tinieblas en las cimas, iniciada un par de años ya antes con otro título, Eclipse de sol; allá se sostiene con la ayuda de su padre y una corresponsalía periodística. En mil novecientos ocho se entera de la ruina y suicidio de su padre.


Comparte ideas radicales con su amigo Azorín, al que sirvió de «negro», como López Pinillos, cuando este se sumió en una crisis depresiva. Viajó por Francia, Italia, Inglaterra, Alemania y USA y fue corresponsal de guerra a lo largo de la del catorce para La Prensa de la ciudad de Buenos Aires. De su visita a los campos de batalla brotó su obra Hermann encadenado (mil novecientos diecisiete). En mil novecientos veintisiete consigue el Premio Nacional de Literatura. En mil novecientos veintiocho es escogido miembro de la R.A.E..

En Planeta Gráfico (mil novecientos treinta y uno)

En mil novecientos treinta y uno, con José Ortega y Gasset y Gregorio Marañón, firma el manifiesto «Al servicio de la República», manifiesto antimonárquico que tuvo excepcional repercusión sobre la opinión pública y valió a los 3 el apodo de «padres espirituales de la República». El Gobierno de la República le nombró directivo del Museo del Prado y en mil novecientos treinta y dos, Embajador en la ciudad de Londres. Sobre este periodo de su vida, figuran numerosas alusiones, más bien guasonas, en las Memorias de Manuel Azaña. Descontento con el rumbo político pre-revolucionario que imponía en España el Frente Popular dimitió de su cargo en el primer mes del verano de mil novecientos treinta y seis y al iniciarse la Guerra Civil De España se exiló a Francia. 2 hijos suyos se alistaron como voluntarios en el Ejército Nacional y Pérez de Ayala explicó y defendió su toma de situación en una «carta abierta» publicada el diez de junio de mil novecientos treinta y ocho en el diario londinense The Times.


Pérez de Ayala culpó de la guerra civil en buena medida a Manuel Azaña, contra quien arremete de forma furiosa, como lo muestra el próximo fragmento de uno de sus escritos, en el que considera «memorias canallas y afeminadas» a lo que escribió Azaña cuando fue detenido en Barna y preso en un navío de guerra por estar presuntamente implicado en la Revolución de mil novecientos treinta y cuatro, acusación que por último fue desechada por el Tribunal Supremo:

Placa en el último domicilio de Ramón Pérez de Ayala. Calle Gabriel Lobo, once. la capital española.

Vivió consecutivamente en la ciudad de París y en Biarritz y después en la ciudad de Buenos Aires, donde fue nombrado agregado honorario de la Embajada de España. Retornó temporalmente a España en mil novecientos cuarenta y nueve para solucionar ciertos temas personales, retornando después a la Argentina. Distintos reveses familiares y sociales le sumieron en una aguda depresión. Poco a poco más distanciado de sus «muertos», los libros, cooperaba cada vez menos en los diarios, donde su firma ya no era requerida con el apremio de otrora. La amputación de la pierna del menor de sus hijos, primero, y la muerte, después, del mayor, fueron los golpes de gracia que hicieron del suyo un auténtico «dolorido sentir» y lo que le decidió a regresar a la capital de España, en el mes de diciembre de mil novecientos cincuenta y cuatro. Había pasado fuera de España veinte años. Sus libros en la España nacional no tenían libre circulación y los americanos estaban prohibidos. Tras múltiples visitas eventuales, terminó retornando claramente a España en mil novecientos cincuenta y cuatro y desde ese momento allá radicó, publicando de forma regular artículos sobre temas literarios en el diario ABC. Murió en la capital española unos días ya antes de cumplir 82 años.

Busto de Ramón Pérez de Ayala.Camino de los Versistas, El Rosedal, Buenos Aires.

Cultivó todos y cada uno de los géneros y resaltó en todos menos en el teatro, que procuró en mil novecientos cinco al estrenar en Oviedo una obra escrita con Antonio de Hoyos y Vinent, la comedia Un alto en la vida errante; Sentimental club (mentira burlesca) es una antiutopía que, si bien se publicó, no pasó a las tablas. Hoyos amoldó al teatro su novela Tigre Juan en mil novecientos veintiocho. En la lírica se aprecia la inspiración simbolista y culturalista del modernismo; es poesía ideológica y ideal, mas proveída de emoción humana, y todavía ha sido mal estudiada. Con Miguel de Unamuno es, puesto que, uno de los cultivadores de la poesía filosófica en esa temporada, mas no desprecia la sonoridad en el verso. Escribió 3 libros de poemas, La paz del camino (mil novecientos cuatro), cuyo título menciona a la tierra, donde se percibe la huella del modernismo, un modernismo no altilocuente ni de receta, de Gonzalo de Berceo y de Francis Jammes; es un libro intimista y horaciano, y no desprecia la musicalidad. El camino incontable (mil novecientos quince) es su segundo libro, cuyo título menciona al mar. El camino andante (mil novecientos veinte), cuyo título menciona al río, cierra su obra poética con una aproximación al fatalismo de la generación del noventa y ocho, sin desamparar su tendencia modernista. Quedó por editar una cuarta parte libro que sería el auténtico cierre de la obra poética del autor, El camino candente. En sus libros se evocan temas de la poesía áurea española; otros temas son la soberbia intelectual, que aparece en un poema sobre san Agustín; la ataraxia, la busca de equilibrio y de paz, etc.


Destacó asimismo en el ensayo, género en él dominante y que asoma asimismo en su poesía lírica y su novela, muy intelectualizadas. Cultivó sobre todo la crítica teatral y la literaria. A la primera consagró los 2 volúmenes de Las máscaras (mil novecientos diecisiete-mil novecientos diecinueve). Política y toros (mil novecientos dieciocho) recoge sus artículos sobre los dos temas.


En cuanto a su producción narrativa, los críticos acostumbran a distinguir 2 etapas en su actividad novelística.


En la primera, pertinente a su temporada juvenil, aparece como un escritor realista con una visión fatalista de la vida, que se trasluce mediante una sutil ironía. Pertenecen a esta etapa una serie de novelas en parte autobiográficas (el protagonista de las novelas, Alberto Díaz de Guzmán, o bien Bertuco, es el alter ego del autor, que tomó el apellido de unos familiares suyos de Logroño con los que vivió unos meses) como Tinieblas en las cimas (mil novecientos siete), historia cruda de libertinaje, publicada con el seudónimo de Plotino Grutas, que novela la historia real del viaje en tren desde Oviedo al puerto de los señoritos y las pupilas del más suntuoso burdel de Oviedo, para poder ver un eclipse de sol; asimismo aparece la idea del artista desilusionado con su educación castrante y burguesa que persigue una pureza regeneradora; la estética alterna naturalismo, decadentismo y modernismo; otro personaje de la novela resurgirá después, la obrerita seducida, con un hijo y transformada en hetaira para poderlo sostener, Rosina; la obra acaba con una apoteosis de nihilismo; La pata de la raposa (mil novecientos once), segunda una parte de la precedente, análisis del amor puro y sensual; A. M. D. G. (mil novecientos diez), obra de carácter antijesuítico que ocasionó un cierto escándalo en su descripción de la vida de un instituto de internado administrado por jesuitas, del que se escapa un chaval, y donde algún sacerdote da brida suelta a sus tendencias pedófilas; Troteras y danzaderas (mil novecientos trece), descripción de la vida bohemia de la villa de Madrid. En estas novelas se efectúan ciertos ensayos narrativos, como la alternancia de puntos de vista en contrapunto.


De transición pueden considerarse las novelas cortas recogidas en Bajo el signo de Artemisa (mil novecientos dieciseis), que son Prometeo, Luz de domingo, La caída de los limones y El ombligo del planeta, donde se halla una visión negrísima y sórdida de la bestialidad y violencia caciquista de la vida rural.


Con Belarmino y Apolonio (mil novecientos veintiuno) comienza su segunda etapa, donde abandona el realismo a favor del simbolismo irónico y el lenguaje se recarga con componentes ideológicos propios del ensayo. En ella examina el tema de la duda trascendental en un ánima de forma profunda religiosa. Pertenecen asimismo a esta etapa Luna de miel, luna de hiel (mil novecientos veintitres) y su segunda parte, Los trabajos de Urbano y Simona (mil novecientos veintitres) recogidos entonces en una obra con el título de la segunda. Se trata de la historia de 2 jóvenes educados tan rigurosamente que no saben qué es el sexo y se les concierta su casamiento; mas no hacen nada sexual y deciden llevarlos al campo a fin de que en contacto con la naturaleza desarrollen sus instintos reprimidos. Hay puntos de contacto con otra novela de Miguel de Unamuno, Amor y pedagogía. Tigre Juan (mil novecientos veintiseis) es considerada como la mejor novela de Pérez de Ayala, y refleja la evolución de un hombre exageradamente sexista cara una entendimiento más humana a través de el torcedor de la infidelidad de su mujer. La segunda parte, El sanador de su honra, forma un muy sutil examen sicológico del sexismo, que pone a Pérez de Ayala en la cima de la narrativa sicológica en español.


El estilo de Ramón Pérez de Ayala se identifica por la ironía y el empleo de un lenguaje muy refinado, donde abundan las alusiones, las citas enmascaradas y la intertextualidad, por la exuberancia de cultismos y helenismos y por el empleo eventual de las técnicas degradantes del adefesio. El perspectivismo y el contrapunto son técnicas que en ocasiones usa, dividiendo aun la página en 2 columnas para contrastar puntos de vista. En su primera etapa reproduce de forma prácticamente naturalista los sonidos.


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