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ıllı Sylvia Bermann wiki: historia, libros y películas.

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Su padre, Gregorio Bermann (Buenos Aires, mil ochocientos noventa y cuatro - Córdoba, mil novecientos setenta y dos), procedía de una familia de judíosrusos, que llegaron a Buenos Aires (Argentina) a fines del siglo XIX. Fue líder de la primera etapa de la Reforma universitaria de mil novecientos dieciocho. Fue presidente de la FUBA, antes que existiese la FUA.Se casó con la maestra socialistabonaerense Leonilda Acantilado (prima hermana de Arístides Acantilado), de una familia de estancieros de Chivilcoy (provincia de la ciudad de Buenos Aires). Tuvieron 3 hijos:Sylvia, Daniel Gregorio (fallecido trágicamente por año y medio de edad) y Claudio Santiago (psicoanalista, que se residiría en Barna).


En mil novecientos veintiuno se mudaron a Córdoba pues su padre daría clases en la Universidad Nacional de Córdoba. Era siquiatra, con múltiples libros, publicaciones, trabajos editados. Creó, organizó y condujo una brigada médica argentina que fue a cooperar con los republicanos en la Guerra civil de España, en el frente de la capital de España, hasta fines de mil novecientos treinta y ocho.Su padre, al lado de Ezequiel Martínez Estrada, paciente suyo, estuvieron con Mao Tse Tung en la celebración de los veinte años de la Revolución china de mil novecientos cuarenta y nueve, convidados en especial.


Sylvia se crio en una familia donde el compromiso político y social era rutinario, donde se charlaba de manera permanente de política y se fomentaban valores socialistas. Sus progenitores se apartaron, y cuando el Frente Popular ganó en Chile, su madre decidió irse a trabajar a ese país. En la ciudad de Santiago, conviviendo con su madre, empezó la carrera de Medicina en la Universidad de Chile.


En esa temporada se incorporó a la militancia política directa en la FJS (Federación Juvenil Socialista) en la ciudad de Santiago. En esa temporada. Salvador Allende era ministro de Salud, y era amiguísimo de su madre y de ella. En mil novecientos cuarenta y tres su padre fue detenido en la urbe de Córdoba, y preso en la Prisión de Devoto (en la ciudad de Buenos Aires). Sylvia ?que estaba cursando tercer año de Medicina? decidió regresar. Lo visitaba en la prisión y le llevaba de comer en unas valijas. Por último fue liberado cuando sucedió el seísmo de San Juan (quince de enero de mil novecientos cuarenta y cuatro).


Ambos volvieron a Córdoba con la pretensión de que Sylvia reanudase tercer año de medicina. Mas el rector de la Universidad Nacional de Córdoba era León S. Morra, un siquiatra muy retrógrado, oponente enconado de su padre ?y uno de los responsables de su detención?, y no la quiso aceptar en la Universidad. Entonces Sylvia se mudó a la Universidad Nacional de La Plata, donde hizo todo tercer año. Morra fue echado de la universidad de Córdoba, con lo que Bermann pudo regresar a su casa paterna para llenar la carrera. En esos años fue secretaria general de la FUC (Federación Universitaria de Córdoba) y directiva del periódico de esa organización.Se recibió de médica siquiatra.


Tuvo 2 hijas: Irene (mil novecientos cincuenta y cuatro-mil novecientos setenta y siete) y Nora.


Hacia mil novecientos setenta y dos, Sylvia ?de cincuenta años de edad? se incorporó al conjunto guerrillero Montoneros. Trabajaba entonces en centros de salud mental, en la ciudad de Buenos Aires.En mil novecientos setenta y seis ?junto con Gervasio Paz, Valentín Barenblit, Vicente Galli y Dicky Grimson, entre otros? formó una parte de la comisión directiva de la Federación Argentina de Siquiatría (FAP), de la que fue escogida presidente ya antes del golpe militar de mil novecientos setenta y seis.


También era montonera su hija, Irene Laura Torrents, estudiante en la Capacitad de Ciencias Precisas de la Universidad de la ciudad de Buenos Aires. El trece de noviembre de mil novecientos setenta y seis ?a los veintidos años de edad? Irene fue secuestrada por la dictadura de Videla, al lado de su hijo Martín de ocho meses. Continuó detenida en la ESMA. Su hijo le fue quitado a lo largo de su desaparición (y Sylvia lo recobró). Irene fue lanzada viva al Río de la Plata en los Vuelos de la muerte. Su cuerpo jamás fue recuperado.


En la noche del doce de noviembre de mil novecientos setenta y seis, su casa fue saqueada y prácticamente destrozada por un conjunto de labores.No pudo regresar a su casa, debió desamparar todo cuanto tenía y escaparrse por tierra con su nieto Martín con un nombre falso, como su hijo, mediante Puerto Iguazú (provincia de Misiones) cara Foz de Iguazú (Brasil). En Brasil la aguardaba su exesposo. Muchos compañeros asilados en México le afirmaban que emigrase para allí y eso hizo, al lado de su nieto y su otra hija Norah.


En su exilio en México D. F., fue secretaria de organización de la Rama de Profesionales, Intelectuales y Artistas del MPM (Movimiento Peronista Montonero).Integró el Consejo Superior de Montoneros en el exilio. Habían constituido un conjunto, aun disponían de una casa pública, un local del MPM en la capital. Trabajaban y militaban ahí, al lado de Miguel Bonasso, Juan Gelman y muchos compañeros más. Trabajaban mucho, denunciando los crímenes de lesa humanidad de la dictadura de Videla. En un instante Sylvia decidió regresar al país y sus compañeros se lo impidieron.


Estando en México desarrolló fuertes disidencias con Mario Firmenich ?jefe de Montoneros? y el resto de la bóveda. Propusieron esas diferencias en Managua (capital de Nicaragua), para cuando decidieron la aventura de la «contraofensiva» en una sesión de la conducción donde viajaron a participar y fueron recibidos con total frialdad por «el Pepe» (pseudónimo de Firmenich) y otros. Ahí declararon claramente sus críticas. Fueron desacreditados, con lo que rompieron con Montoneros.


En México a través del conjunto de Trabajadores Argentinos de la Salud Mental denunció la aplicación de torturas y «de los más variados métodos de destrucción, a nivel sicológico, de presos legales y también ilegales» por la parte de la dictadura de Videla. En mil novecientos setenta y nueve integró la brigada sanitaria «Adriana Haidar» de Montoneros, que prestó apoyo asistencial al pueblo nicaragüense en los tramos finales de la lucha sandinista.En México conformó una brigada sanitaria asistencial para cooperar con los sandinistas y más tarde dirigió el Equipo de Salud Mental México-Nicaragua con Marie Langer ?psicóloga austriaca asilada del nacionalsocialismo, creadora de la Asociación Psicoanalítica Argentina y también impulsora de un psicoanálisis comprometido con la izquierda, y que asimismo había sido perseguida por la Triple A y se exiló en México? y Nacho Maldonado.


Los nicaragüenses eran muy activos, muy activos, mas muy desordenados. Conque estuvimos aconsejando, organizando el trabajo en centros de salud y comunidades de Managua y también proximidades, con siquiatras y sicólogos nicaragüenses. Fue valiosísimo y reconocido un trabajo que hicimos con pequeños. Edificamos un buen vínculo. Asimismo, tristemente, pudimos observar toda la «Contra» y la infiltración estadounidense en exactamente la misma sociedad nicaraguënse, desarrollando una reacción contrarrevolucionaria que desencadenó la derrota. Nos impusieron una guerra interna vil, que el propio sandinismo no tuvo capacidad de anular. Mas el tiempo y la experiencia que vivimos al lado de ese pueblo es imborrable.


En el seno de la conducción montonera tuvo un enfrentamiento con Rodolfo El Orate Galimberti (mil novecientos cuarenta y siete-dos mil dos). Sylvia lo denunció en una asamblea del Consejo en México, puesto que tenía pruebas de que empleaba los dineros de la organización para cautivar jóvenes.


No todo son rosas. Nuestro movimiento es una especie de confederación político-ideológica donde cohabitan como pueden historias personales muy diferentes. Y en ocasiones es bastante difícil eludir la colisión. Acá en México, por servirnos de un ejemplo, hay 2 miembros del Consejo Superior que se detestan cordialmente: Silvia Berman y Rodolfo Galimberti. Silvia odia el estilo flamboyante y condotiero del Ido, le siente un tufillo fascistoide que viene de sus años de Tacuara y considera que en el fondo es un lumpen y un indecente. El Ido, por su lado, la ve como a la tradicional psicoanalista judía, más próxima al liberalismo de izquierda que al nacionalismo revolucionario. Hasta el momento sus diferencias habían estado contenidas por la sacrosanta unidad, mas el otra día reventaron a causa de una demanda escrita contra Galimberti que le dejaron a Silvia. La demanda fue formulada por un género de la colonia, uno de esos miles y miles de argentinos que marcharon por su cuenta al destierro y que para el Partido son una manga de quebrados. Este «compañero» (conforme Silvia), «babosa» (conforme el Ido), acusa a Galimberti de haber seducido a una muchacha de 15 años (muy próxima familiarmente al denunciante), obsequiándole ropa costosa y también invitándola a los mejores restaurants. El tema llega al Consejo Superior y se efectúa una asamblea donde Silvia Berman pierde de acá a la China. Puiggrós, Obregón y mismo salimos a proteger a Galimberti y a conjurar una crisis esencial dentro del Consejo. Cuando todos se retiran, Galimba me lo agradece con su tradicional taconeo castrense. Silvia me llama a casa y me afirma simplemente: «Algún día me darás la razón».

Miguel Bonasso

Montoneros como organización política cooperó con la Revolución sandinista. En México habían montado un conjunto de solidaridad con Nicaragua. Conformaron una brigada sanitaria asistencial, al cargo de Bermann y de Marie Langer. Estuvieron el día del ingreso a Managua, el diecinueve de julio de mil novecientos setenta y nueve. Aterrizaron en un aeropuerto furtivo, cerca de Diriamba, la noche precedente a la toma del poder por el Frente Sandinista. Llegaron con todo el equipo médico para empezar a trabajar el día después y participaron en la marcha sobre Managua. A lo largo de los próximos 4 años se sostuvieron viajando todos y cada uno de los meses entre México y Nicaragua.


En marzo de mil novecientos ochenta se retiró del Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero.


El diez de abril de mil novecientos ochenta, producto de múltiples discusiones y disidencias internas de componentes montoneros asilados, singularmente respecto al militarismo y rechazando la estimación positiva que la conducción nacional efectuó sobre los resultados de la contraofensiva, se genera en México una nueva fractura de esta organización, creando una nueva fuerza política cuyo nombre fue M17 (Montoneros diecisiete de Octubre), que se dio a conocer en una conferencia en México DF, donde presentaron 2 documentos explicando las causas de la rotura. No obstante, este conjunto tuvo escasa actividad y fugaz existencia.Su consejo provisorio estaba integrado porEduardo Astiz,Gerardo Bavio,Sylvia Bermann,Miguel Bonasso,René Chaves,Olimpia Díaz de Dri,Jaime Dri,Ernesto Jauretche,Pedro Orgambide,Pablo Ramos,Julio Rodríguez Anido,Susana Sanz yDaniel Vaca Narvaja.


En diciembre de mil novecientos ochenta y tres, cuando los militares abandonaron el poder en Argentina, Sylvia Bermann volvió a la urbe de Córdoba a ejercer su profesión y volver a la administración del instituto Gregorio Bermann ?clínica creada por su padre en Córdoba, que había sido administrada por su hermano, el psicoanalista Claudio Bermann, quien en mil novecientos setenta y siete fue salvado por el secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger de ser desaparecido por la dictadura de Videla?.En marzo de mil novecientos ochenta y siete, el juez federal Miguel Pons dictó la cárcel precautoria de Sylvia Bermann por «asociación ilícita». Después fue suspendida por carencia de pruebas.En esa temporada asimismo reguló un taller multidisciplinario de apoyo a los hijos de desaparecidos.


Su instituto tenía un contrato con el Gobierno nacional para atender pacientes a través del PAMI (Programa de Atención Médica Integral, la obra social de retirados, que a lo largo del Gobierno de Carlos Menem era manejado por Víctor Alderete), mas ese arreglo se perdió debido a que Bermann se negó a abonar un soborno al funcionario al cargo de las contrataciones.Debido a la carencia de fondos, la edificación de la clínica por último fue apropiado por los bancos que le habían concedido préstamos.


Fue miembro del Centro de Estudios Psicosociales (en Córdoba).Integró el Foro de discusión de la ciudad de Buenos Aires por los Derechos Humanos.


Falleció el último día de la semana dieciseis de septiembre del dos mil doce, en la urbe de Córdoba, a los noventa años de edad.


Maestra del espíritu, su imparcialidad política y profunda entendimiento del humano le dejó comprender y proyectar a la práctica el ideal del Hombre Nuevo. Apostó a la utopia montonera, abrió las puertas de su cariñosa casa a todos y cada uno de los perseguidos, organizó la solidaridad en el exilio mexicano, jugó sus cartas a la Revolución sandinista y supo aguantar con autoridad, con modestia y también integridad, la derrota montonera.Y se retiró sigilosamente a su clínica de la urbe de Córdoba, tal y como si fuera uno cualquiera más, cuando, de verdad, alén de la ingratitud, era considerablemente más. Y allá avejentó, se enfermó y murió en la incuria y la sencillez en que acaban los grandes. Anotará su nombre en la gloriosa lista de los «malditos». Al filo de su sepulcro fresco, el día de hoy estamos recobrando su moral y sus ideales.

Ernesto Jauretche, compañero montonero


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