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ıllı Torcuato Fernández-Miranda wiki: historia, libros y películas.

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Primeros años y franquismo


Los primeros años de Fernández-Miranda transcurren en Asturias. Estudió en el Instituto de la Inmaculada de Gijón ya antes de licenciarse en Derecho en la Universidad de Oviedo, donde más tarde consiguió una plaza de catedrático de Derecho Político. En los años cuarenta votó en favor de Enrique Tierno Galván en el tribunal de oposiciones donde se le concedió la cátedra, reconociendo de este modo su tarea académica. Llegó a ser rector de la Universidad de Oviedo entre mil novecientos cincuenta y uno y mil novecientos cincuenta y tres. En mil novecientos sesenta fue nombrado Directivo de Enseñanzas Medias y Enseñanzas Universitarias.


A finales de la década de mil novecientos cincuenta Tierno Galván pertenecía a una organización mayoritariamente monárquica llamada Unión De España, mas deseaba asimismo contribuir a estrechar los vínculos entre los conjuntos antifranquistas dentro y fuera de España. Con motivo de encontrarse Tierno Galván en la capital española en los principios del curso mil novecientos sesenta-sesenta y uno, Torcuato Fernández-Miranda, en calidad de directivo de Enseñanzas Universitarias, le llamó para comunicarle que quedaba suspendido de empleo y salario como catedrático en razón de una predisposición de diciembre de mil novecientos cincuenta y siete por la que se dejaba suspender a los funcionarios sometidos a proceso (Tierno lo estaba). Como la suspensión le había sido comunicada de forma oral y no escrita, Tierno protestó declarando su nulidad. Si bien no pudo lograr por el escrito el comunicado, por consejo de su amigo y compañero de profesión Manuel Fraga Iribarne, decide ir a dar clases como maestro convidado en la Universidad de Princeton, en U.S.A., y sería de nuevo catedrático en la Universidad de Salamanca en mil novecientos sesenta y dos. Ese año abandonó la Unión De España.


Aunque en el planeta académico se ignoraba la razón del proceso de Tierno, su situación despertó la solidaridad de múltiples profesores. Estos calificaron como "hecho en extremo grave" la "discriminación académica del cuerpo enseñante" en una carta de mil novecientos sesenta firmada por Aranguren, Laín Entralgo, Terán, Dámaso Alonso y otros. Esta era la segunda carta de queja firmada por académicos (la primera fue en mil novecientos cincuenta y seis) y más tarde vendrían otras.


Torcuato Fernández-Miranda se comenzó en política, puesto que el cargo de rector le daba el cargo tácito de procurador en las Cortes franquistas. Ocupó diferentes direcciones generales en los Ministerios de Educación y Trabajo hasta lograr el cargo de Secretario General del Movimiento —el partido único del régimen del general Franco— entre mil novecientos sesenta y nueve y mil novecientos setenta y cuatro.


Este periodo final del franquismo fue un periodo de creciente conflictividad social, al que la dictadura respondió con opresión, y en el que ciertos políticos se habían dado cuenta de la bastante difícil supervivencia de la dictadura tras la futura muerte del dictador. Esto llevó a Fernández-Miranda a proponer como salida del Régimen la adopción del Estado de las "asociaciones políticas" como automóviles de participación ciudadana. El proyecto se vio abortado con el homicidio de Carrero Blanco en mil novecientos setenta y tres y el ascenso de Carlos Arias Navarro.


Desde 1969 fue maestro de Derecho Político y consejero del entonces príncipe Juan Carlos y estrecho cooperador hasta lograr , con la Ley para la reforma política, la Transición de la dictadura a la democracias.


Durante el breve periodo en el que Luis Carrero Blanco ejercitó la presidencia del gobierno, Torcuato Fernández-Miranda ejercitó el cargo de vicepresidente. Tras el homicidio de Carrero Blanco por ETA el veinte de diciembre de mil novecientos setenta y tres, Fernández-Miranda pasó a ejercer la presidencia del gobierno de forma interina a lo largo de once días.


Fue uno de los primordiales aspirantes a acontecer a Carrero Blanco en la Presidencia del Gobierno, mas su declarada independencia política (no formaba una parte de ninguna de las «familias» del régimen) y la cercanía de Carlos Arias Navarro, viejo regidor de la capital española, a la esposa de Franco Carmen Polo de Franco y al yerno del general Franco, Cristóbal Martínez-Bordiú, hizo que la balanza se inclinase a favor de este, a pesar de que, como ministro de Gobernación en el instante del atentado, fue criticado por su ineptitud.


Muerto el General Franco, Fernández-Miranda fue consultado por el Rey sobre sus preferencias en lo que se refiere a ser nombrado presidente del Gobierno o bien presidente de las Cortes. Su contestación fue:


Es, puesto que, nombrado presidente de las Cortes, cargo que llevaba aparejada la Presidencia del Consejo del Reino, sucediendo a Alejandro Rodríguez de Valcárcel. Desde esta situación logró que las Cortes franquistas aprobaran la Ley para la reforma política y conseguir la transición de la dictadura a la democracia, “ de la ley a la ley”.


Transición a la democracia


El treinta de octubre de mil novecientos setenta y cinco Juan Carlos acepta la Jefatura del Estado de forma interina. El trece de noviembre Carlos Arias Navarro, presidente del gobierno por orden de Franco, presenta su renuncia al príncipe a sabiendas de que este no la admitiría. Así, Arias Navarro probaba su poder frente al nuevo Jefe del Estado.


A la muerte del general Franco, el veinte de noviembre, el príncipe Juan Carlos de Borbón es proclamado rey de España el veintidos de noviembre de mil novecientos setenta y cinco.


La cronista y "cronista" de la Transición Pilar Urbano, efectúa el próximo análisis:


Arias Navarro no deseaba renunciar, argumentado que el nombramiento por Franco para ser presidente del gobierno era para 5 años y que expiraba en mil novecientos setenta y nueve.


El rey no creía tener poder suficiente para cesar al presidente del gobierno, Carlos Arias Navarro. Sin embargo, el veintiocho de noviembre le plantea incluir a Torcuato en la terna para la presidencia de las Cortes y del Consejo del Reino. Arias se siente seguro y admite la solicitud del Rey. Arias contribuiría a que el Consejo del Reino lo pusiese en la terna por el hecho de que conocía las buenas relaciones entre Torcuato y el rey y creía que, si Torcuato se quedaba allá posicionado, no tendría que preocuparse de que le reemplazasen por él en la presidencia del Gobierno.


El 1 de diciembre se reunió el Consejo del Reino para realizar la terna de nombres entre los que Juan Carlos debía elegir al nuevo Presidente de las Cortes. La asamblea, encabezada por Manuel Lora Tamayo, duró unas cuatro horas. Tras la asamblea, Valentín Silva Melenero le comunicó a Torcuato que todo había salido bien. El dos de diciembre José Antonio Girón de Velasco se reunió con Fernández-Miranda y le transmitió que el rey no podía actuar como Franco y que Carlos Arias debía proseguirse en su cargo. El tres de diciembre Fernández-Miranda juró en el Palacio de la Zarzuela el cargo de Presidente de las Cortes y del Consejo del Reino y, más tarde, toma posesión de su cargo en el Salón de los Pasos Perdidos de las Cortes. En el alegato de su toma de posesión dijo:


Torcuato era partidario de reformar las Leyes Esenciales del Reino a través de sus disposiciones para llegar de este modo a la democracia eludiendo vacíos legales. En palabras del propio Fernández-Miranda, se trataba de ir "de la ley a la ley mediante la ley". Torcuato escribió:


La idea de Torcuato Fernández-Miranda era establecer un sistema con 2 partidos, uno conservador y otro de tipo más liberal, y que a su modo de ver podía ser el PSOE (histórico) que encabezaba Rodolfo Llopis, y que se caracterizaba por ser más moderado que el PSOERenovado del interior, encabezado desde mil novecientos setenta y seis por Felipe González, Alfonso Guerra, Javier Solana y Enrique Múgica, tras la escisión del Congreso de Suresnes.


Arias Navarro recibió el encargo de Juan Carlos I de renovar el Consejo de Ministros. Con el consentimiento del monarca, Torcuato Fernández-Miranda asistió a la casa de Arias Navarro, famosa como La Suerte, para discutir de los nuevos ministros y le planteó que la cartera de Ministro del Movimiento fuera para Adolfo Suárez González. Suárez, en su origen, había sido apadrinado en la política por Fernando Herrero Tejedor, que había sido asimismo Secretario General del Movimiento.


Buscando apresurar las reformas, Fernández-Miranda creó una comisión mixta integrada por miembros del Gobierno y del Consejo Nacional del Movimiento. Se trató de algo atípico por el hecho de que el gobierno era el que legislaba y la cámara la que ejecutaba. En ese instante Adolfo Suárez era ministro-secretario general del Movimiento y, al unísono, procurador en Cortes y consejero nacional.


El dos de marzo de mil novecientos setenta y seis Torcuato Fernández-Miranda reunió en las Cortes al Consejo del Reino por primera y última vez. El propósito era dar a conocer a las Cortes, al Consejo Nacional y al Gobierno que su negativa o bien obstrucción a la reforma política podía ser de forma fácil salvada por el rey recurriendo a un referendo nacional.


Arias Navarro estaba enfadado por el hecho de que las medidas económicas de Villar Mir llevaban ya un par de semanas en las Cortes y era preciso aprobarlas. Arias proponía solicitarle a Juan Carlos I regir a golpe de Decreto Ley y que su primer decreto fuera disolver las Cortes. Esto hubiese creado un gobierno sin Cortes ni partidos de manera libre constituidos, con un rey al servicio del gobierno. Para evitarlo, Fernández-Miranda crea el procedimiento de emergencia para aplicar a las leyes gestionadas por las Cortes. El siete de mayo reunió a las Cortes para explicarles, y proteger ante ellas, el procedimiento de emergencia para gestionar las leyes. Este se publicó en el Folleto Oficial del Estado el veintitres de abril. Este establecía unos tiempos para discutir y corregir las leyes y fortalecía el papel del Presidente de las Cortes.


El siete de abril de mil novecientos setenta y seis Torcuato Fernández-Miranda reunió a la Comisión Mixta Gobierno-Consejo Nacional para plantear una reforma de las Cortes. Esta consistiría en un parlamento bicameral con el Consejo Nacional del Movimiento integrado en el Senado.


Arias era exageradamente inmovilista y ni el rey ni Fernández-Miranda deseaban que prosiguiera siendo presidente del Gobierno. En ese instante Adolfo Suárez se hallaba haciendo una criba en el Movimiento Nacional para conseguir aspirantes con los que conformar un partido de centro. Fernández-Miranda veía en Suárez un enorme aspirante a presidente por el hecho de que Suárez estaba comprometido con principios muy generales, como la libertad de asociación, mas no era inflexible con sus ideas y no hacía imposiciones sobre la estructura que debería tener el Estado. El monarca estimaba que Suárez no estaba suficientemente curtido en política, mas por consejo de Torcuato lo incluyó en una lista de posibles presidentes. La lista estaba compuesta por: Areilza, Fraga, López de Letona, Pérez de Bricio, Federico Silva, López Bravo y Adolfo Suárez.


Tras la renuncia, forzada por el rey, de Arias Navarro el 1 de julio de mil novecientos setenta y seis, Torcuato Fernández-Miranda reúne al Consejo del Reino en el Salón de Mariana Pineda del Palacio de las Cortes para realizar una terna de la que el Rey debía seleccionar al nuevo Presidente del Gobierno. Eran dieciseis miembros más el Presidente del Consejo, Fernández-Miranda, mas solo habían acudido quince. Cada uno de ellos de los quince realizó una lista con los posibles aspirantes, sumando un total de treinta y dos personajes. Torcuato planteó, ahora, que de esa lista de treinta y dos se suprimieran veintinueve con los razonamientos que allá se expusieran. Para esto se efectuó una votación y el aspirante que no consiguiera ocho votos sería suprimido. De esta forma, a través de sistemas de votación libres, fue quedando una lista de nueve miembros. Al final de la jornada se emplazaban para la próxima, y de este modo el día tres de julio por la mañana quedaban ya seis aspirantes. En esa jornada quedaron, por último, tres candidatos: Federico Silva, con quince votos, Gregorio López Bravo, con trece votos, y Adolfo Suárez, con doce votos.


Fernández-Miranda, que aparte de encabezarlo tenía voz y voto en el Consejo, "mueve los hilos" para que en la preceptiva terna de aspirantes se encontrase Suárez, tal como deseaban y el monarca.Este, y no otro, es el significado de las misteriosas palabras que pronunció Fernández-Miranda cuando, al salir de la última sesión del Consejo del Reino, y con los 3 nombres ya decididos, dijo: "Estoy en condiciones de ofrecer al Rey lo que el Rey me ha pedido".


Manuel Fraga estimó que era considerablemente más indicado para el cargo que Suárez. Leopoldo Pelado-Sotelo escribió en 1990:


La estrategia de ir "de la ley a la ley" precisaba una ley puente que fuera clara, breve y fácil. Para esto, en el verano de mil novecientos setenta y seis Suárez encargó a los mejores juristas del Estado efectuar esbozos que habían de ser entregados a Suárez entre el once y el doce de agosto. Los bocetos tuvieron estilos tan diferentes como sus autores: José Manuel Otero Novas, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Eduardo Navarro, con aportaciones puntuales de José Miguel Ortí Bordas, Félix Hernández Gil, Aurelio Menéndez, etc. Asimismo se solicitó un boceto de la ley al catedrático Carlos Ollero. Sin embargo, Suárez no supo qué hacer con tantos bocetos y esquemas, con lo que mandó llamar a Fernández-Miranda a fin de que tomara una resolución de de qué forma había de ser la ley. Fernández-Miranda recogió todos aquellos documentos y se los llevó a Navacerrada el veintiuno y el veintidos de agosto para estudiarlos. El primer día de la semana veintitres asistió a su despacho en el Palacio de las Cortes y le entregó su trabajo manuscrito a Juan Sierra a fin de que los pasase a limpio. Entonces fue a ver a Suárez al Camino de la Castellana, número tres, y le entregó el documento con una nota que decía: "Acá te dejo esto que no tiene padre". , en un rasgo de esplendidez poquísimo frecuente.


Tras leerlo, el presidente del gobierno lo trasladó al Consejo de Ministros comentando que creía tener la solución al inconveniente. Ese texto se transformó en la Ley para la reforma política.


Esta ley, redactada por Torcuato Fernández-Miranda, fue el instrumento legal que dejó desmontar el régimen franquista legalmente con la aprobación de las propias Cortes, nombradas años ya antes por el general Franco, con lo que asimismo fue famosa como el "hara-kiri franquista". Múltiples procuradores contrarios a la Ley de Reforma Política fueron extorsionados con dosieres del SECED.


Con la aprobación de la ley, se fijaron asimismo las bases del sistema electoral actual, pactadas entre Suárez y Coalición Popular. Fernández-Miranda, estimando que su tarea ya estaba cumplida, presentó su renuncia como presidente de las Cortes frente al monarca y este la admitió. La renuncia se haría eficaz tras las elecciones del quince de junio de mil novecientos setenta y siete, que configurarían una nueva reunión.


El rey lo designó miembro del Senado en esas Cortes Constituyentes.


En premio a su incalculable tarea, como símbolo de su mayor respeto y consideración a su viejo maestro, le concedió el título de duque de Fernández-Miranda. En el mes de junio de mil novecientos setenta y siete le nombró caballero de la Orden del Toisón de Oro, máxima condecoración que otorga el rey, que había sido concedida a otros políticos españoles de gran relevancia histórica como Antonio Cánovas del Castillo, Práxedes Mateo Sagasta o bien Antonio Maura.


Retirado de la política, tras múltiples desencuentros con Adolfo Suárez, se hallaba en la ciudad de Londres cuando padeció un grave ataque cardiaco. Murió el diecinueve de junio de mil novecientos ochenta en la clínica Saint Mary de Paddington de la capital británica. Sus restos fueron trasladados al Aeropuerto de Barajas el veinte de junio y después fueron llevados en vehículo hasta Navacerrada, donde recibieron sepultura el día veintiuno.


El veintisiete de junio tuvo lugar un entierro en la capilla del Palacio Real con presencia del rey Juan Carlos y de la reina Sofía, la familia de Torcuato Fernández-Miranda, y la Diputación Permanente de la Grandiosidad de España. Adolfo Suarez, presidente del Gobierno, que estaba convidado, no asistió.


Está considerado el argumentista de la Transición.


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